Opinión
El ruedo de la memoria. La primera corrida de casta en el Táchira: 65 años de una tarde de toros de junio en San Antonio
martes 23 junio, 2026
Por: Gherman Alexis Balza Medina
Hay tardes que se niegan a morir en el polvo del olvido, que se quedan suspendidas en el tiempo como el eco lejano de un clarín o el destello de un traje de luces bajo el sol implacable de nuestra frontera. Este mes de junio, San Antonio del Táchira conmemora sesenta y cinco años de un hito que no solo conmovió a los amantes de la tauromaquia, sino que retrató de cuerpo entero el espíritu vibrante, integrador y apasionado de nuestra Matria fronteriza: la célebre corrida del domingo 18 de junio de 1961 en el marco de las Ferias Patronales de San Antonio de Padua.
Revisar los amarillentos recortes de la prensa de la época, facilitados por el doctor Luis Hernández Contreras cronista de San Cristóbal —joyas documentales que sobreviven como testigos mudos de lo que fuimos— es emprender un viaje de retorno a una ciudad que latía a un ritmo distinto. Sin embargo, para corroborar la exactitud y la atmósfera de este evento, no bastó con acudir a los repositorios hemerográficos. Ha sido necesario entrevistar la memoria viva de sanantonienses que experimentaron el pulso de aquel momento y aquella época, como don Edgar Salinas y la profesora Flor Ángel Balza Mora. Sus vívidos testimonios, sumados al minucioso examen de las notas y apuntes de las agendas personales del doctor Marco Tulio Balza Mora, terminaron por blindar históricamente una crónica que de otro modo parecería leyenda.
Aquel junio de 1961, San Antonio no se amilanaba por no tener una plaza de mampostería; la audacia local levantó un circo efímero, una estructura portátil de madera y hierro armada provisionalmente en los terrenos de lo que hoy es nuestro Estadio Municipal, en la Urbanización Andrés Bello. Ese espacio, cotidiano y nuestro, se transformó por unos días en el epicentro de la algarabía popular.
Bajo un sol ardiente y un lleno absoluto, aquel sector de San Antonio fue el escenario de una auténtica epopeya de frontera. Quienes tuvieron la fortuna de ocupar un tendido —y aquellos muchos que, desafiando los controles, desbordaron el graderío “sin pagar localidades” en esa picaresca tan nuestra— presenciaron una tarde de esas que hoy parecen de novela. Fue la tarde del pundonor del venezolano Sérvulo Azuaje, quien, tras salir de la enfermería por una herida en la frente, regresó al redondel para cuajar una faena memorable, cortar orejas, rabo y pata, y salir consagrado a hombros sobre la arena. Paradójicamente, en ese mismo suelo donde cayó la sangre del toro y del torero, cuatro años más tarde el doctor Marco Tulio Balza Mora construiría el estadio sanantoniense. Fue también la tarde del dolor y el drama, con el nortesantandereano Antonio Lizarazo recibiendo una cornada en el muslo, y el bautismo de fuego del colombiano Joselito Charry, quien tomó una alternativa de emergencia sobre la marcha.
Pero más allá de la crónica taurina, el verdadero triunfo de aquella jornada radicó en su carácter binacional. Aquellas “Ferias Colombo-Venezolanas” de 1961 demostraron que la frontera jamás ha sido una línea de división, sino un espacio de encuentro indisoluble. Los archivos y los recuerdos familiares nos recuerdan cómo las familias de Cúcuta cruzaban en masa el Puente Internacional, al amparo de franjas de libre tránsito provisional, para unirse en un solo clamor con los hijos de San Antonio. Los toros eran ecuatorianos, los diestros alternaban acentos de ambas naciones y el público compartía una misma identidad andina.
Hoy, a sesenta y cinco años de distancia, evocar esa tarde es mucho más que un ejercicio de nostalgia taurina. Es una lección de historia viva. Nos demuestra que San Antonio del Táchira posee una raíz cultural profunda y una memoria documental e intelectual que merece ser rescatada y preservada como patrimonio de nuestro gentilicio. Aquel circo de madera ya no existe y los valientes que pisaron su arena emprendieron ya su último paseíllo, pero el orgullo de ser el puerto terrestre, cultural y heroico de la frontera sigue intacto, esperando que volvamos a mirar el pasado para reconstruir con grandeza nuestro porvenir.
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