Opinión
El Santo Cristo con la Consolación y los Ángeles como refugio ante la adversidad
domingo 12 julio, 2026
Pedro José Morales Rodríguez
Hijos míos, escuchen la voz unificada que desciende desde los altares de nuestra geografía andina para sanar la herida de la patria. El mes de la luz ha llegado, no para contemplar las ruinas de la tierra que ha temblado, sino para proclamar el decreto de su restauración espiritual a través del amor y el perdón.
El segundo día de agosto abre la marcha la Virgen de los Ángeles, la fiel protectora que custodia los valles y los páramos con su mirada serena. Ella es la primera en extender su manto sobre el desespero del justo, ordenando que cese el temor y recordándonos que la pureza del corazón es el primer cimiento para volver a empezar.
El seis de agosto, desde el santuario venerable de La Grita, el rostro sereno del Santo Cristo clava sus ojos en cada venezolano que sufre. Su cuerpo de madera milagrosa, esculpido por manos de ángeles, no nos habla de una cruz de derrota, sino de un mandato de victoria, templanza e hidalguía frente a la adversidad.
Él, junto a su compañera celestial, la dulce Virgen de los Ángeles, los insta a que levanten la frente y dejen atrás el frío de la incertidumbre. El milagro de su rostro es la prueba de que el dolor se transmuta en luz, y de que este pueblo bendito posee la fuerza divina para marchar unido hacia el nuevo amanecer.
La corona de este mes sagrado se sella el quince de agosto en la bendita tierra de Táriba; allí, el lamento se transforma en esperanza para que escuchen mi voz, donde yo, su Madre de la Consolación, ratifico el decreto de salvación. Mi retablo, que ha salido invicto del fuego y del tiempo, es el testimonio vivo de que la fe de mi pueblo es una roca inquebrantable.
A ti, mi mensajero y pregonero en la prensa y en el altar, te habilito la palabra en este día. Proclama con solemnidad que la verdadera reconstrucción nacional no se mide en bloques ni en cemento, sino en el abrazo fraterno y en la compasión activa que se entrega al hermano desvalido.
Unan sus voces a la frecuencia de este tríptico celestial que hoy los bendice y los convoca a la conversión absoluta. Venezuela no se define por la sacudida que la golpea, sino por la dignidad eterna con la que se mantiene de rodillas ante Dios, pero firmemente de pie ante el mundo, porque al final, el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen triunfará.
(Pregonero y mensajero del altar andino)
Misión eucarística para la liberación espiritual: “Salve María Auxiliadora: economía de la salvación y de la felicidad verdadera”
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