sábado 1 octubre, 2022
InicioOpiniónEl último ininng

El último ininng

420 views

Fredy Contreras Rodríguez*

A quienes ha correspondido el papel de padre o madre de un deportista, el infausto hecho del sábado 30 de julio en el viejo campo de beisbol de la Concordia, no pudo haberles pasado inadvertido y escribo esta nota, conmovido, zarandeado, sensibilizado como padre de un portero adolescente y motivado por los “Los Hijos Infinitos” del poeta Andrés Eloy Blanco: “Cuando se tiene un hijo/ se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,/ se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga/ y al del coche que empuja la institutriz inglesa/ y al niño gringo que carga la criolla/ y al niño blanco que carga la negra/ y al niño indio que carga la india/ y al niño negro que carga la tierra.”

Lo ocurrido en el Estadio Táchira con el accidente deportivo donde perdió la vida el joven lanzador David Santiago Duque Ariza -Santi- produce diferentes tipos de sentimientos. Estupor, impotencia, tristeza y temor causa un absurdo suceso que da para reflexionar desde distintos puntos de vista.

La vida ha sido injusta con un chico inteligente, estudioso, disciplinado, lleno de energía e ilusiones; truncado su proyecto vital por el insondable misterio de la muerte, convertida en pelota. Es paradójica la muerte de un ser lleno de vida que apenas dejó de ser niño y en plena adolescencia construía su ruta existencial estudiando con fundamento y practicando con esmero y dedicación el deporte de las 4 esquinas.

También ha sido injusta, insensata, cruel, implacable, contradictoria, la creación cultural más antigua del hombre -cualquiera sea su versión teológica, imagen o ícono- si la reflexión se aborda desde esa perspectiva. Nada más lejano a la bondad, a la justicia divina y a la misericordia, que la siega del hálito vital a un joven que merecía sobremanera hacer reales sus esperanzas, objetivos y sueños. Sucesos como este ponen en evidencia que el mundo, el universo infinito y sus leyes inexorables, se entienden mejor sin la dubitable Teología. La naturaleza misma explica su grandeza y la lógica de la vida.

El fatal suceso del 30 de julio también nos dice de los millares de niños y jóvenes que a diario -a lo largo y ancho del país y del planeta- están edificando su vida tras una esférica de diferentes medidas, tamaños, materiales, pesos y texturas; lanzando o bateando, pateando contra un arco o impidiendo que entre -como lo hace mi hijo- tirando al aro para que penetre o golpeándola para que cruce  una malla; en fin, miles y millones de niños, niñas y adolescentes mueven el mundo como una pelota, corriendo en pos de ella y detrás de cada uno de ellos, una historia de sacrificios, de entrenamientos, lesiones, disciplina, sinsabores, alegrías, victorias y derrotas que se enmarcan en el derecho que tienen al deporte, la recreación y el esparcimiento, en procura de un correcto desarrollo de su personalidad.

En el juego de la vida -sea cual fuere la edad- todos estamos jugando el último inning. Nunca sabremos cuántos son; jamás podremos contar las vueltas del juego de cada quien, pero tenemos la certeza  de saber que tarde o temprano ocurrirá el último out, la ultima patada, volea o punto y que en el juego de la vida, el desiderátum de cada cual es  lograr que ocurra lo más tarde que se pueda; que el juego se extienda hasta el noveno inning y en el mejor de los casos, ir al extrainning. Lo fundamental es que al final de la jornada del juego de la vida, el resultado sea una historia plena de logros personales, familiares y sociales y que eventos como el infausto caso de Santi, jamás vuelvan a ocurrir. Por los siglos de los siglos.

*Ingeniero. Agricultor urbano.

- Advertisment -
Encartado Publicitario