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Inicio/Opinión/Elecciones, apariencia y realidad

Opinión
Elecciones, apariencia y realidad

lunes 10 junio, 2024

Elecciones, apariencia y realidad

Humberto González Briceño

            Las cosas que podemos constatar: El Consejo Nacional Electoral lo controla el chavismo. 4 millones de venezolanos en el exterior no podrán votar y 6 millones en Venezuela tampoco podrán hacerlo. Mediante una secuencia de inhabilitaciones el CNE influyó en la selección de Edmundo González como candidato de la MUD.

            También podemos constatar que las movilizaciones de María Corina Machado y Edmundo González son dramáticamente superiores a las de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello.

            Las cosas que no podemos constatar: Las encuestas que le atribuyen a Edmundo González una preferencia del 80 % o las que le otorgan a Nicolás Maduro el 70 %. Tampoco podemos comprobar aquellas que proclaman una intención de voto superior al 90 % para el 28 de julio.

            Sin embargo, aunque no se pueda determinar en forma científica en qué proporción, habrá que reconocerles algo de verdad tanto a las situaciones que podemos constatar, como aquellas que no.

            Hay que admitir que detrás de las apariencias se pueden encontrar fulcros de realidad.

            Sin embargo, ante la ausencia de garantías y condiciones plenas para una elección transparente en Venezuela, la única forma de validar la realidad de esas movilizaciones y esas encuestas es comparando esas proporciones con los resultados que anuncie el CNE en la noche del 28 de julio. No hay otra.

            Y esto, precisamente por la falta de condiciones transparentes, tampoco sería garantía de capturar y confirmar la realidad.

            Lo ideal es que el resultado electoral que se anuncie el 28 de julio en la noche confirme lo que empíricamente se puede apreciar en la calle.

            Esto sería así de existir un CNE neutral y un sistema electoral transparente y equilibrado. Pero ese, ciertamente, no es el caso de Venezuela.

            Desde la perspectiva del Gobierno quizás resulte suficiente anunciar unos resultados que sin confirmar la realidad se parezcan un poco a ella o que se mantengan dentro del terreno de la duda razonable.

            Y si todos los candidatos ganan encuestas y mueven gente en la calle (aunque unos mucho más que otros), entonces a cualquiera de ellos se le podría atribuir un resultado plausible y verosímil, aunque no coincida con la realidad.

            A esto habría que agregar algunas formas para racionalizar ciertas explicaciones como la justificación de un resultado producto de la abstención o la fragmentación del voto entre 9 candidatos que se definen como de oposición frente a uno solo del Gobierno.

            Un resultado plausible y verosímil, aunque no sea real, tendría el aval institucional del órgano electoral y ofrecería una justificación para el resto de los componentes institucionales.

            Sería posible intentar un reclamo sobre bases materiales de inconsistencias numéricas, pero el reconocimiento y legitimación del mecanismo institucional de validación ejercitado en los últimos meses tendría un peso superior a la hora de desestimar esas denuncias.

            Los resultados electorales que se anuncien el 28 de julio tendrán que ser exhaustivamente examinados a la luz de la dialéctica entre apariencia y realidad. @humbertotweets

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