Opinión
Emilio Constantino Guerrero: 112 años de la novela “Lucía”
miércoles 11 febrero, 2026
Nestor Melani Orozco
En el año de los 450 de la Ciudad del Espíritu Santo de La Grita en su refundación (1576-2026) será un deber que los educadores del castellano inviten a sus alumnos a leer la maravillosa historia de amor concebida en los sentimientos de la ciudad “Circasia de los Andes”.
El dichoso y viejo libro de Emilio Constantino Guerrero en una historia sentimental concebida en la eterna ciudad, antigua capital andina, donde las pertenencias de la Escuela de Filosofía de Monseñor Jáuregui abrían los testamentos de aquella literatura inefable en la iniciación del siglo XX. Fue en nosotros poder manifestar en esta pertenencia de un pueblo de tradiciones y de aquel ideal que nos mostraron los libros, entonces en los rincones del corazón nos deletreamos a “Lucia vestida de Novia” llevando el prendedor de plata, con las rosas blancas y una espina pulsando la piel de la mujer de una lágrima. Mientras comparábamos al escritor de La Grita con el argentino Roberto Arit. O nos acercábamos a Abrahán Valdelomar entre el Perú y México con Mariano Azuela, en los dientes rotos de Pio Baroja o meditarnos los credos de Unamuno de una escuela propia y nuestra; de aprendices de las letras en el sonido del teatro, entre la ciudad perdida en las montañas de un Dios labrado en la cruz del barroco heredando los hechos notables en actos perpetuos al sigilo del tiempo. Fue recordar aquellas memorias que nos enseñaron en la casa de mi abuelo… donde existían los cuadernos y la máquina de escribir muy vieja.
Visitaba para 1904 la Casona de Isaura, la joven Lucía Serena de quién el ilustre escritor conoció e iba a deleitarse de las noches del piano y de las memorias sublimes de los tiempos gritenses. Más de amor de elevarse como un canto a la eternidad de una carta de amor. Signo consagrado a las ideas en las que se gestaron del origen del dichoso Ateneo Luisiano de 1891. Favores del alma y conjugaciones al espíritu de los viajeros sueños entre la bandera de sus “Héroes de la Epopeya” y el “Amor Divino” del desterrado monseñor del colegio del Corazón de Jesús de la ciudad de cal y montañosas cimas donde la niebla abrigaba como una maja dormida. Allí entre los albores de la traición a Cipriano Castro y el paso al nuevo gobierno del cucuteño general de la mulera. Así lo entendimos detrás de los retratos con las huellas del pasado y con un sudario ocultando las lágrimas. Entones fue descubrir en el altillo de la casa donde habitaba el poeta Manuel Paredes Vidal, en el mismo lugar de los Guerrero Noguera, allí más de los años y de la calle real, se encontraron documentaciones y apuntes del ejercicio del escritor para construir la novela. Era “Lucía” como una meditación, en una plegaria para afirmar de ser el testimonio de las historias orales de aquella comarca curtida de las presencias. Fue tan interesante en este espacio a los valores de aquella literatura de quién el padre del “Derecho Internacional Aéreo” en el mundo había concebido en un fervor literario de La Grita de 1826. Los tiempos remontaron a los caminos de las búsquedas y fue de entender para ese 1974 cómo en 1914. En la Caracas, el ilustre escritor logró bautizar su memoria a través de aquella mujer que conoció en la casona de la poetisa, y entré los manifiestos la convirtió en el personaje de aquella historia tan antigua de La Grita. Más en testimonios del siglo de la independencia se asentó en el llano de la Santa Cruz en la Casona de Lucía mientras en la joven que se convirtió en el amor platónico del escritor se edificó, en los caminos del tiempo y de La Grita consagrada a los hechos notables de una ilustración tachirense. Desde el arpa de Luis, sobrino del padre Fernando José García, el sacerdote que había recibido a Bolívar en 1813. Joven venido de la Villa del Rosario a curarse de la tuberculosis. Y la mariposa negra en la noche del casamiento. Esto nos cubrió de meditaciones, a grandes reflexiones y muchas veces leímos la carta qué Emilio consagró a la ciudad primogénita. La carta que dijo de los tiempos y de las raíces venidas de las letras francesas o de los mismos pensamientos ya consagrados en “María” del colombiano Jorge Isaac. Todo se guardó en las memorias de La Grita y en “El cojo ilustrado” aquel rotativo de las Caracas vieja donde se hicieron las primeras publicaciones y de tiempos “Lucía Serena” fue la inspiración del poeta. Descrito en las páginas de “Azucena” e ilustrado en “El Esfuerzo” de Doña Josefa Melani de Olivares. Nadie guardó los hechos de las letras en los grandes silencios. Más allá de “Aura y las violetas” de Vargas Vila en San Cristóbal o del encanto de los ecos al viento. Un día de los años bajaron la biblioteca de aquel lugar del ilustre jurista e historiador, entre lo bucólico e ingenuo con los preciosos documentos como si del relicario de un Dostoievski se quedarán las tintas y del clamor de las oratorias:
“El Táchira, Físico Político e Ilustrado” quedará en las ofertas de una ventana a la luz de la luna. Entonces llevaron los catorce mil libros al solar de los Pulido Guerrero y los prendieron en fuego y la memoria tan sagrada qué rivalizaba con la biblioteca de la Universidad de Mérida fue incinerada. Se perdía entre los tesoros de la Grita, en manos ignorantes y llenas de designios crueles. Como si el terremoto de la dichosa novela borrara la promesa a la capilla de la cruz de los espejos. Y el personaje del Dr. Peña olvidara la enfermedad de la joven ciega. Y desde las edades Mariano Picón Salas describió las pertenencias poéticas de aquella gestación romántica. Han pasado los años. Un día en la voluntad de Macario Sandoval se gestó reeditar la obra sentimental en la ciudad “Atenas del Táchira” y bajo las publicaciones de la Universidad de los Andes se imprimió la segunda edición. Y muy después la tercera impresión por la Asamblea Legislativa. Y de gracias Jenny González siendo directora de cultura editó la cuarta edición. Mientras se entendían los hechos y de un mundo en 1916 el médico Udon Pérez se inspiró en los testigos del romanticismo para escribir el himno del Zulia en la Grita en la casona de la poetisa frente a los lienzos de Marcos León Mariño pintando “El Purgatorio” y de los imaginarios dibujos de Pepe Melani, mientras “Lucia” permaneció adormecida de un amor eterno. Y con los años descubrimos en los testimonios escritos que la bella Lucia Serena se casó con el ilustrado Dr. Secundino Lázaro. Más en 1920 Emilio Constantino Guerrero, el escritor y presidente interino de J V. Gómez siendo embajador en Río de Janeiro falleció guardando el pañuelo con los labios impresos de aquella jovencita que convirtió en una meditación de amor. … 112 años de “Lucia” escrita en el eterno despertar del alba.
*Artista Nacional. *Maestro Honorario. *Doctor en Arte. *Cronista de La Grita.









