miércoles 28 septiembre, 2022
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En el bronce de la Loca Luz Caraballo

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Néstor Melani Orozco*

…”De Chachopo a Apartaderos

Caminas Luz Caraballo,

con violetitas de mayo

con carneritos de enero;

Inviernos del ventisquero,

farallón de los veranos

con fríos cordilleranos

entre riscos y ajetreos,

se te van poniendo feos

los deditos de tus mano”…

Lo dijo: Andrés Eloy Blanco en su poema a la humilde mujer del páramo, herida en su ser, perdiendo a sus hijos y entre encantos de la montaña, con terratenientes sin alma;  enloqueció de amor.

Más el mártir poeta venía huyendo de las crueldades del Gomecismo e inspirado en aquella historia escribió su canto.

Ayer  como hechos que vibran en los espíritus le comenté al Maestro Venezolano, y mayor vitalista de todo el país;  mi amigo, Leonel Duran por el escultor de “La Loca Luz Caraballo”…

Y desde esta pertenencia  de la otra memoria  se invocaron los años.

En mis días merideños, frente al gigante Mural del cielo del gran salón del palacio del arquitecto: Manuel Mujica Millán: la Gobernación de la ciudad de las cinco Águilas Blancas. Donde un año duré pintando a diez metros de altura acostado en un andamio. Y de memorias, los jueves dictaba lecciones de arte, en los talleres libres, en la escuela de arte de la Universidad de  los Andes,  donde logré describir las fuerzas que vivió “el muralismo latinoamericano”. Invitación del profesor alemán: Silvio Sneigder y voluntades de mi amigo: Lubio Cardozo.

Mientras esto sucedió,  aprecié buscando la obra de Marcos León Mariño, el notable maestro de Colombia radicado en Mérida, entre el siglo antepasado, muchos años atrás   y de su presencia de la escuela francesa. Más viví los momentos de Viscarret, entre las negaciones y la inmensidad de sus colores. De apreciar la interesante obra de Jorge Arteaga, de un Bolívar en Mérida  en 1813 y junto a él los hacedores del tiempo…

De memorizar al viajero pintor español Lucio Rivas. . .

Y de instantes retornar a la Academia Militar  en Caracas para de estas reminiscencias de volver a  hablar en los sueños con Luis Felipe Quintanilla  cuando pintó  a Bolívar en la Casa Consistorial…

De retornar a mis recuerdos cuando en 1975, la hermosa doctora  Zambrano de Vicuña, me montó una de mis adolescentes exposiciones en la  sala del Colegio de Médicos.

De encontrarme  en la catedral donde Iván Belsky el ruso-Ucraniano,   compuso la fe y en sus imágenes de los evangelistas; pintó  a Lenin,   Stalin, a Trosky  y sin dudar a Rasputín,  y de portal realizó a la Virgen de las nieves con la figura de su mujer, y   al otro costado él  mismo trajeado del Nazareno.

Recordé a Freddy Yépez.

Mientras sucedían mis hechos históricos  en el Gran Salón de la Gobernación  con “Bolívar, aquel 23 de Mayo de 1813” donde tantos personajes fueron mis encuentros, desde la poesía, la política, hasta la religión, de sus cronistas, hasta la descripción de un dibujo.

Vi a Besembel,  hablé con el interesante narrador: Ednodio Quintero,  me fui hasta el obelisco de Milla para saber de sus preciosos relieves y entender como a los pies de la Columna habían guardado en una pequeña valija de cuero, tierra del monte Sacro, donde Bolívar juró la libertad en Roma en 1805. Regalo del Dr. Joaquín Díaz  González.

Sucediendo esto, una noche en un agónico bar de la ciudad, encontré al torero colombiano: Luis Segura, convertido en un indigente.  El mismo que conocí hacia 45 años en la casa del pintor Morellana en La Grita del Táchira,

Cuantas agonías, si la vida es para entender la humana presencia…

Fue saber de  Francisco del Castillo, primer violín de la filarmónica de Londres,  también de lo virtuoso de don Fulgencio Hernández, como de meditar de una de las obras de Carlos Cruz Diez del viejo aeropuerto, destrozadas y hechas como una chatarra…pensé en Sanroz, el académico crítico de Arte, y hablé con el corazón de María del Pilar Quintero de su escuela de filosofía. . . Del amor y la rosa… “como de los cuales defensores de la cultura?”…

Pero un día, de los fines de semana, el viejo historiador: Julio Villamizar me invitó a subir a Apartaderos, para  encontrar en la niebla  los encantos de la cordillera y ver en Mucuchies la alegoría realizada por Mariño en bronce sobre “El Perro Nevado” leyenda de Don Tulio Febres Cordero,  puesto en mi mural debía pintar a Tinjaká con su negro perro…fue saber de las ideas hermosas escritas por el también historiador: Dr. Luis Molina, entre credos y la ruta del Libertador en su gloria de la guerra de la noble independencia. De recordar al Dr. José Pascual Mora, describiendo un día como borraban parlamentos de mis obras de teatro, y él  afirmándose que estas violaciones no se  deberían hacer, porque eran actos crueles de las mediocridades.

Pensé en los dichosos   lienzos, otra vez de Mariño, Dios  mío! En el Palacio del arzobispado y de las obras de Pepe Melani  violadas por Belkys en la iglesia de Chiguará… como si nadie entendiera.

Regresé a mi pensamiento y casi grité desde mis venas como también vinieron a desfigurar las imágenes preciosas del lugar de la Cabaña de mi Grita vieja…quien más tarde desaparecieron.

Me vi adentro de Leonel Duran  cuando le borraron, los testimonios en  el hermoso Mural Bolivariano de la avenida Carabobo de   San Cristóbal. Y sin hablar de las obras de  Raúl Sánchez  dedicadas a Bolívar,  del círculo Militar, muy desaparecidas.

Fue meditar y entender los espacios de las verdaderas consagraciones de la cultura, perdidas por los mercaderes de las artes.

Ese día,   nos acercamos  al cóndor,  desde donde equivocadamente le han dicho “El Águila”, entre las fuentes y el viento llegamos a Apartaderos, como de la delicia de los muros de piedra y el azul de las lejanías convirtiéndose en violetas y como una ceremonial gestación más adentro del alma apareció  de amor; “La Loca” hicimos silencios y describimos la pertenencia de la conformación de la obra escultórica que en su  letanía del poeta de  Cumaná y de las noches de estrellas, el llanto  y como un destello venido del  relámpago del  Catatumbo en  la silueta bendita de Luz Caraballo convertida en un divino santuario…

Julio Villamizar describió las importancia del arte, en la consagración merideña,  mientras, dijo  del escultor, creador indiscutible del estado Plástico de la leyenda.  Y entre flores que le colocamos  en sus manos, apareció el nombre de: Rodolfo Minumboc. Seudónimo del artista trujillano: Ciro  Benítez, autor verdadero de la obra. Este valor Nacional entre los olvidados.  el mismo e  ilustrado maestro y escultor, eterno profesor de la escuela del Pedagógico de Caracas…

Volaron golondrinas más adentro de las distancias con conceder las ondas poderosas de las montañas, en la ruta trasandina…

Después de ese viaje maravilloso,  volví a mis trabajos en el mural del gran salón de la Gobernación…y entre flores de la sierra pinté a la Loca del páramo. Como florecida  de mayo: Luz Caraballo… era e año del  2010.

Pasado el tiempo,  una noche gritense hablando con el profesor: Rafael Rojas Pérez  y sobre sus recuerdos me comentó que;  Rodolfo Minumboc había sido su profesor de Historia del Arte, en la Escuela La Salle, en los dos caminos…como también de decirme de sus grados de escultor, y fino artista,  buscador entre la pureza del clasicismo a la modernidad.

Ocho años después,  volví a Mérida,  pues recibía la condecoración en la Orden de Don Tulio Febres Cordero,  en el consejo legislativo, e inaugurarán mi mural sobre “Las Heroínas de Mérida”  y   desde lo hermoso de la ciudad, donde en 1845 Fedirnan Bellerman, el pintor y botánico al servicio     del sabio Humbolt, le escribió a su mujer en Berlín,   …”de estar en una comarca, donde las montañas parecían cinco Águilas Blancas en busca del cielo”… y entre estos caminares vi como borraban la firma de Marcos León Mariño  de los relieves del parque  de Glorias Patrias    y desde lo alto de Chachopo la escultura de   Minumboc, ahora se decía   que era de:  Manuel de La Fuente… me quedé agónico  como si no hubiesen existido; pregunté debajo de las noches de los cielos sagrados

Caminé por la comarca donde  hace arte: Miriam Dávila, la notable pintora en los encantos del Duomo de Milán en Italia. Vi de los dibujos de Acuña Solano, del surrealismo abstracto de Salas Dávila y del secreto permitido a los saberes, y de preguntarme; si eran verdades o posesiones de los otros viajeros (?)…

Fue mirar la inmensa montaña, y preguntar por el busto original que existía en el pico Bolívar. Quien lo bajaron en la nueva restauración del teleférico y lo guardaron en los salones donde no asiste el pueblo. Mientras de augurios, los dichosos gestores de la cultura,  cerraron otra vez  los ojos.

Y las verdades convertidas en las otras lagrimas!

  • Artista Plástico Nacional.

Premio Internacional de Dibujo ” Joan Miro”1987 Barcelona. España.

Cronista de La Grita.

Maestro Honorario.

Doctor en Arte.

Premio Nacional del Libro 2O21.

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