martes 17 mayo, 2022
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En el pincel de Reverón

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Aún trabajaba en el Liceo Militar Jáuregui y allí, en el salón de mis dibujos, entre colores, alumnos, profesores, oficiales y la academia como testigo de recibir una carta enviada por Jaime Salvador y la socióloga Graciela Pantin, invitándome a una conferencia sobre el interesante testimonio de Armando Reverón, cuando demostró su amistad con un pintor  nacido en el Táchira…

Me propuse y acepté ir al Museo de Bellas Artes de Caracas, que un mes después sucedió el valor humano.

Fue una de aquellas ceremonias valiosas de mi vida, pues en ese año de la invitación, en el Museo de Bellas Artes, me proponía a pintar entre mis anotaciones el testimonio de la patria. Mas esta disertación fue iniciativa de nuestra crítica de arte, Graciela Pantin, y mi propuesta fue definir sobre el interesante pintor y escultor tachirense, hijo de Táriba, llamado Belisario Rangel.

Así se gestó aquel espacio en la modernidad del Bellas Artes de Carlos Raúl Villanueva, que más que un santuario hablamos de Reverón, el misterioso artista verdadero de Latinoamérica; entonces estaban muy frescos mis pasos y mi regreso del segundo viaje a España, casi de entender a Federico Madrazo, el maestro del hombre de Macuto y también de Belisario Rangel. Mientras apareció allí, en mis pensamientos, las relevancias sublimes del impresionismo francés en Emilio Boggio, muy de retorno a la ciudad de Antonio Herrera Toro o a las  ilusiones de Antonio Monsanto, Manuel Cabre, Tito Salas, y hasta la otra locura de Reverón, quien muchos años después, en 1954, le narra en el castillete al periodista madrileño, Miguel de Ugalde, de la importancia de Ignacio Zuloaga y de la referencia por Regollos, como del catalán José María Sert, en la escuela de la Llotja de Barcelona, donde Picasso había sido alumno. La influencia de Sorolla en Tito Salas, entre la pureza romántica y los poderosos actos y rituales del postimpresionismo. Y de Armando Reverón, decir de su fiel condiscípulo de la “Grande Chaumiere” en el Barrio Latino, llamado Belisario Rangel.

Y atreviéndose a decir del mar de las Antillas, una noche de estrellas, y a llorar junto a su Juanita por la pobreza y el hambre.

Mientras muchos mercaderes del arte se lucraban de sus obras.

Describí cómo Juan Liscano lo narró entre la incomprensión y el mundo de los injustos tratándole a Reverón de “loco”, manifiesto de las emociones, mas de su hermosura y del idilio mágico.

Mas del haber, de sus tiempos de París y las puertas a la Primera Guerra Mundial.  Donde un tachirense nacido en Seboruco invadía con los ejércitos a Jerusalén, Nogales Méndez, y de colores Carlos Otero se envolvía de los hambrientos en aquellas calles grises de la capital francesa y de allí nacen sus obras, hasta sentir desde “De los Refugiados”. Entre las susurras tristes de la ciudad de los pintores y la elevación del pináculo gigantesco de Notre Dame, en “Los Miserables” de Víctor Hugo.

Peran Erminy desconocía a Belisario Rangel. Mas no sabía cómo de admiración Reverón habló del amigo en el tiempo del Louvre, ni de su gestación plástica a la manera del Postnabista Macre, o de los lenguajes de Andreu Derain. Mas de las logias, los viajeros buscando los encantos que dictó entonces el Círculo de Bellas Artes de Caracas, y del ejemplo convertido en la obra casi mística y única del pintor de la luz, y entre rosas blancas hablé de Nicolás Fedirnandot, el Ruso, con sus ejemplos y su condesa, a quien muy después el Dr. Antonio Moncada Moreno le adquirió su casa y regaló a la Galería de Arte Nacional el piano de cola. El venir de Samus Mutzer, el maravilloso rumano que invitaba las memorias del pintor de las locuras de amor…

Fedirnandot fue aliado a Reverón en las ceremonias del santuario de Macuto…

Esa tarde fue de idearios, y la antropóloga Fanny Zulay Rojas nos acompañó, junto a José Ignacio Zambrano.

Era 10 de mayo del año 2001.

Mientras muy del final de aquel encuentro describí la importancia y méritos de Eduardo Rey en la poderosa escuela de Caracas, como sucesor de Pedro Ángel González. Y del manifiesto de Luis Alfredo Suárez pintando con el ilustrado embajador Luis Alfredo López Méndez, el amigo del autor de la novela “Por quién doblan las campanas”, y muy de reminiscencias de “El Viejo y el Mar”, de quien Ernest Hemingway le regaló a López Méndez los originales en Atenas, Grecia…Al sabio e ilustrado pintor descendiente del compatriota amigo de Bolívar en la misión a Inglaterra.

Recordé a don Héctor Febres Cordero en la Mérida de 1975, cuando fui a su casa con la hermosa Dra. Victoria de Vicuña, para encontrarnos en su biblioteca con el “Amanecer en Macuto” realizado por Reverón en 1953…

Entendí desde mi propuesta de las mantas de Pascual Navarro con sus anillos, caminando por la Calle Real de Sabana Grande, y en el recuerdo de Montmatre entre los disidentes venezolanos en contra de los académicos, para describir a Hugo Baptista junto a Kandinsky, muy cercanos a lo que también fue el dolor de Amadeo Mondiglani, y saber de Humberto Jaimes Sánchez haciendo de lo lírico un acto de desdibujar más cerca del delirio de Reverón.

Hablé de los plagios, que muchos intentaron copiar sus obras, mientras el inmenso “Loco de Macuto” creó con la pureza de las divinidades y desde lo sublime se extendió a la eternidad de un hacedor más grande que Roul Dufy, de Gauguin y del mismo Mauricio Utrillo…

Les hablé cuando en Catalunya de España fui a ver las obras de Ruisiñol y del idealista Ramón Casas, por donde muy joven cruzó  Reverón y junto a BelisarioRangel, donde estudiaron en Llotja de la Barcelona soñadora de las libertades.

Me fui al “Romance de los tres reinos” porque Paco Hungs, el pintor sagrado de Maracaibo, siempre me habló de los códigos esotéricos de Reverón y desde sus raíces de la China, él se aprendió el neoimpresionismo para escribir la verdad moderna del informalismo…

Dije del secreto del maestro Miguel Morelani, a quien entre oraciones Carmen Luvisoni le regaló un boceto hecho de Reverón…

Y de la amistad de Belisario Rangel con mi padre, pintor y escultor, Pepe Melani,  mas del obelisco de las plazas de pueblos andinos…como del busto del héroe en el Pedagógico de Rubio entre las indiferencias marchitas.

Pareció el sonar del tiempo; azul del mar y del campanario lejano y triste de la iglesia de La Guaira… De los negros de san Benito y de los ladrones de la majestad del pintor de los sueños, tan cercano al delirio como sus “Mujeres en la Cueva”, mientras desde el violonchelo, en el altillo del castillete, se reían desnudas las mujeres de trapo del sombrero de “Pompas” y del manifestante pintor con la gracia de las eternidades…

Recordé a Francisco Da Antonio, de su importancia sobre la obra del pintor. A don Alfredo Boulthon, de quien borraban de los libros del arte venezolano…

Francisco del Castillo, quien nos acompañó, maestro y primer violín de la Filarmónica de Londres en esa preciosa ceremonia de mi conversatorio, dio un concierto para memorizar a Bach… decir detrás de la música el impresionismo musical de Claudie Debussy.

Muy al final de la reunión pedí de importancia recorrer los lugares del amigo de Reverón entre España y Francia, Belisario Rangel, defendiendo su obra con el sentido del valor cultural y los hechos patrimoniales.

Reclamé sobre la gran pérdida de la colección de las obras de Emilio Boggio que  existieron en el Concejo Municipal  de Caracas… Las obras del pintor que habitó junto a Monet, Pizarro, Sisle,  Marisot y Renoir. Estas reliquias, quizás fueron a parar entre vendedores o al mercado negro…

¡Me pareció que todos los asistentes cerraron los ojos!

Días después, en la capital, fui a visitar el taller de José Ignacio Zambrano en El Paraíso. Ya se entusiasmaba en marcharse a Florencia e ingresar a la Universidad de las Artes en la Toscana, gracias a nuestro amigo, Dr.  Gustavo Gari Altuve. Y allí, entre cuadernos, dibujos y trementinas, en una caja de vidrio me mostró un pincel, diciéndome que este instrumento de “pelo de camello” había pertenecido a don Armando Reverón…

Hoy, después de 21 años, vibraron los recuerdos, más de la visita a mi casa griteña de dora Zambrano, su hermosa hermana, para traerme de regalo el caballete de campo que fue  de José Ignacio.

Mientras de nuevo pregunté por “el pincel de Reverón” y un mundo de silencios se quedó en las almas…

Y de preguntar por fin ¿cómo y dónde se quedó el pincel del artista más grande de un siglo venezolano?

Mientras una lágrima se dejó caer sobre el caballete…y las horas como luces se estremecieron… para retornar a las albas de un museo…y mostrar los ocultamientos sin fin de la cultura… Néstor Melani-Orozco

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*Artista Plástico Nacional.

*Premio Internacional de Dibujo ” Joan Miro”-1987, Barcelona, España.

*Cronista Oficial del municipio Jáuregui, La Grita.

*Maestro Honorario.

*Doctor en Arte.

*Premio Nacional del Libro-2O21.

 

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