Opinión
En La grita la revolución de los andinos
miércoles 27 mayo, 2026
Néstor Melani-Orozco
. Habló el ilustre sacerdote de Niquitao sobre las inmensas llamas de Pentecostés, mientras los hombres a caballo surcaban los caminos y de una oración se imploró por la otra verdad de las montañas. Hace un siglo, más 27 años el General Cipriano Castro abría el destino de los pueblos andinos.
Me acerqué esta mañana de lluvia y “Día de la Diversidad Cultural” frente al Colegio Seminario del Sagrado Corazón de Jesús donde aún creo escuchar el sonar de los casquillos de los caballos de la Revolución Liberal Restauradora de aquel 1899.
Mientras observé al otro lado del costado de la plaza el monumento del Padre Jáuregui como algún malvado derramó pintura sobre la estatua, sin saber las dimensiones del tiempo y los orígenes históricos. Y muy desde los relatos de mi Nono Dionisio Orozco de aquel mayo 27 de Guerra, pude imaginarme; la asta del instituto de Mons. J. M. Jáuregui donde el General de la Revolución enarboló el pabellón de la dignidad frente al insigne templo de la ilustración. Y de un lema: …”Han Profanado el suelo de la patria y es nuestro deber salir a defenderla”.
Testimonios que narraron los viejos viendo el cruzar del ejército comandado por los 60 hombres devenidos de Capacho. Entonces caminé esta mañana; hasta la calle Real, la misma con el nombre de “Calle Bolívar” para detenerme allí frente al viejo “Hotel La Casona”, donde existió para ese tiempo la casa grande de Liborio Moret, tío de mi abuelo y padre de las Señoritas Moret. Donde pernotaron en la Grita el General Castro y el coronel de la caballería: Juan Vicente Gómez.
Dicho muy después en los recuerdos del nieto Domingo Moret padre del Grupo Musical: “Raíces de Venezuela” cuando me narraba qué en esa casona esa noche entre los horcones del patio Juan Vicente, probó un revolver, y tres tiros se quedaron en una de las columnas. Así entre a memorizar aquel connotado hecho de los andinos. Volví a las cartas escritas del caudillo y Seminarista de Pamplona Cipriano: el General Castro, escribiéndole al sacerdote donde de amigo le decía: “Dr. Jáuregui” en cada esquela de mensajes y dejándole de regalo un puñal mientras el prelado hijo de Trujillo le ofrendó una pistola; e implorando por la paz de la nación. Como símbolos en Borotá de los secretos de una misión del armisticio envuelto de indiferentes, camino de Lobatera, para asumir la Guerra en el Zumbador contra Espíritu Santo Morales y bajar de tiempos a San Bartolomé del Cobre para conquistar los destinos de La Grita entré campanarios enmudecidos por los mantos de la niebla. Fuentes del otro saber de los parameros
vistiendo en ese tiempo los andinos con los caquis azules más allá de las promesas en la Capilla en el altar de la románica catedral donde se veneraba después de la iglesia del convento a la preciosa talla barroca del Santo Cristo de los Milagros.
La revolución cruzó nuestra ciudad en los testamentos de la guerra para unificar el poder de los hombres de las montañas con el resto de Venezuela. Y de cada ceremonia los fuertes de plata y el testimonio de derrocar al hijo de José Escolástico Andrade, el General Ignacio Andrade. Fueron las voces perdidas en las añoranzas de aquella ciudad del Táchira entendiendo las verdades de los dichosos Guerreros. A quién después de la Victoria de Aragua, los centranos del país llamaron: “Los Gochos” como heridas y sobrenombres de espantos bajando casi del cielo. Más adentro del camino andino. y de la bandera que llevó el entonces Bachiller en filosofía del Colegio Seminario de La Grita, Eleazar López Contreras para ser el edecán del presidente al triunfar la revolución y muy de amor, después siendo Ministro de Guerra y Marina del Benemérito señor de la Mulera, de regalarle a nuestra Grita el Reloj de la Torre de la iglesia Matriz, lo dijo el viejo Ángel María Urrea contando entre cargas de panela como un coronel García trajo a los alemanes para instalar el minutero de la alta torre del Arq. Ramón Pino Farias. Más de ofrendarle
un lugar a la congregación Eudista Francesa con la majestad del Seminario “Kermaria”.
En tiempos del Obispo San Miguel. 127 años de cada recuerdo viendo a los valerosos caballeros conquistando la capital para reafirmar la herencia de los eternos gritos de los cerros al eco eterno… y consagrar la dignidad de nuestra “Táchiraniedad”. Dejando el sentir de las cordilleras ante la “Política de los Amarillos” con aquel himno que bien describió el historiador Don Horacio Moreno, quienes borraron los seguidores de la dictadura Gomecista. Y hoy en los recuerdos una Paloma blanca irá volando a las eternidades… y saberme decir el día que Pinté la alegoría Mural a Cipriano con sus caminantes para la Alcaldía de Independencia de Capacho Nuevo. Más de haberle ilustrado al Doctor Rodríguez Durán un libro sobre “La Revolución de los Chacaros.” Y de conversar en lo más inmenso con mi amigo y mentor Gustavo Gari Altuve para contemplar a través de las ventanas a los únicos con las ruanas y los sombreros cubriéndose las orejas como ángeles pintados en las iglesias de las aldeas.
Años después fue una sorpresa en mis caminos, el día qué dicté una conferencia en el Museo de Bellas Artes de Caracas sobre “el Arte Tachirense”, allí. El filósofo y académico Nahual Fernando Buen Abad me dijo de saber que la Revolución de los Andinos inspiró a los Revolucionarios mexicanos. Fue volver a las voces del pueblo.
- Maestro Honorario. Doctor en Arte. Cronista del Municipio Jáuregui. _____________Fuentes: “Los Relatos el Nono Dionisios” 1964. En la Enografía. Ángel María Urrea narrando las otras historias Grítense. 1997. Tiempos de “Candelas en La Niebla”. José María. “Guerrero “Corito” en los cuentos de un siglo Griteño. 1974. “Entre Guitarras” con Domingo Moret, hablando historias. 2002.











