Inicio Opinión En La Grita se escribió “La mujer de las manos cortadas”

En La Grita se escribió “La mujer de las manos cortadas”

Un día de la calle “Antonio Nariño” de La Grita,  transversal de la carrera siete. En la Ciudad del Espíritu Santo vivió el poeta Teodoro Gutiérrez Calderón. Siempre le vieron allí, en la casa del maestro Fidel Orozco. Había venido desde Pamplona. Porque siendo profesor del general Marcos Pérez Jiménez, cuando era un jovencito. Entre la fuerza de un siglo y los espacios del tiempo.

Era 1953, Antonio Arrellano Moreno ingresaba como asesor jurídico de la Universidad Central de Venezuela.

Y nacía de honor el Liceo Militar Jáuregui de La Grita.

 Allí, Teodoro Gutiérrez Calderón ingresa como profesor de Latín, Griego, Francés y Castellano, dicta recitales poéticos, escribe «El Cóndor Real Dorado». Ya había estado diez años atrás como director del Instituto Civil Jáuregui.

Escribe el primer himno del pionero de los liceos militares de Venezuela

Y  también perteneció al continental concurso de poesía en Buenos Aires, Argentina,  con su «Elogio a la Ignorancia», adonde asistieron poetas de toda América.

Muchas manifestaciones enaltecieron el mundo de este poeta.

 En aquel lugar de la calle Nariño de La Grita escribió el libro: «Frontera Lírica», que se lo publicó la editorial Andorra en España.

 Allí aparecen de gloria «La Mujer de las manos cortadas». Este canto de humanidad a las crueldades de la vida.

 Poesía que le dio la vuelta al mundo. Y se convirtió en una manifestación de amor a los testimonios del alma.

«La Leyenda de Macario». «Almas Gemelas». Entre muchas.

Para 1947, el poeta le hace una entrevista a la poetisa Isaura. En esta conversación, la poetisa le narra cómo en 1916, en su casa de La Grita, el médico y poeta zuliano Udón Pérez compuso el himno del estado Zulia…

Fue Teodoro Gutiérrez Calderón una figura de Suramérica. Académico. Periodista. Abogado. Historiador y fino pianista.

Ganador del Festival de las Flores de Buenos Aires…

En  1958. Pérez Jiménez fue derrocado como presidente. Y por haber sido maestro del general, fue mandado a botar del Liceo Militar.

Se marchó con las nostalgias y su amor por la ciudad de sus ensueños.

Ya era un anciano.

Aún lo recuerdo, aquella despedida en la casa de don Eleazar Moncada, entre los albores de una lágrima y el inmenso mar de poesías, cuando el lujoso “Almacén Gato Negro” grababa los versos de amor de aquel poeta consagrado al lirismo y a la pureza de las letras.

De allí,  muy después, ingresó como redactor del Sagitario de Cúcuta. Y más tarde su hija, Celina Stela, vino porque el poeta se volvía ciego y lo llevó a vivir con ella en Bogotá.

En la hermosa capital de Colombia asistía en las noches a tocar piano en un cabaret, entre el dolor de sus años y la virtud de su poesía.

Un día, 16 de octubre de 1968, falleció, dejando un legado al amor por la verdad y la inmensidad de su poesía…

Entonces, “La Mujer de las Manos Cortadas” recorrió el mundo, de las letras que se escribieron en aquel lugar de nuestra vieja ciudad de La Grita. Donde un mundo fue descrito en las ceremonias del alma y los inolvidables recitales en las pertenencias sublimes de la consagración del poeta. 

Hoy en su honor se debería enaltecer a su memoria un monumento y en un lugar de dignidad en La Grita de tantas historias. Y  del Liceo Militar Jáuregui, colocar el himno de tan consagrada institución para que perdure la verdad  y la simiente de los venideros años se consagren a los verdaderos recuerdos…

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Cronista de La Grita.

Miembro de La Academia de la Historia de Pamplona. Colombia.

Honorario Sociedad Bolivariana de New York.

Sociedad de las Artes Catalanas. España.

Artista Plástico.

Premio Internacional de Dibujo “Joan Miró”- 1987. Barcelona.  España.

Maestro Honorario.

Doctor en Arte

Néstor Melani-Orozco (*)

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