Opinión
En Perú huele mal
viernes 27 febrero, 2026
Ricardo Escalante
A diferencia de los países nórdicos, donde la honestidad comienza en casa y la educación es exigente, en América Latina no es fácil encontrar un rincón libre de corrupción. Por el contrario y sin temor a equivocaciones, podemos asegurar que unos lugares son más corruptos que otros.
Lo visto hace poco en Perú con la defenestración de José Jerí le pone los pelos de punta a cualquiera, porque se trataba de un jefe de Estado que asistía disfrazado a repartijas de botines en un restaurante cerrado para la ocasión. El desparpajo de Jerí en sus reuniones con empresarios chinos corruptos era para coger palco, tras lo cual se celebraban las trastiendas del Congreso para escoger un mandatario interino de cualidades poco honorables.
Cuesta trabajo imaginar otro país con una cadena tan larga de presidentes destituidos (la mayoría por hechos reñidos con la pulcritud). También resulta cuesta arriba suponer que todos los mandatarios enjuiciados (nueve en una década) sean pillos, porque, por ejemplo, con los años han aumentado los signos de que Alan García fue empujado al suicidio por sus enemigos, que lo querían volver picadillo. Hay también otros casos.
Y no es que en los países nórdicos no haya hechos de corrupción. Como hemos visto en las últimas semanas en Noruega a propósito de enredo del pederasta Epstein, la contaminación ha llegado hasta allá y ha tocado a la familia real, sí, es verdad, pero eso no quiere decir que aquella sea una sociedad sin hueso sano. En Gran Bretaña ha sucedido igual con algún alto funcionario.
Ahora, en la historia de América Latina la cosa es de proporciones exorbitantes. En Argentina, por ejemplo, podemos recordar al presidente Néstor Kirchner y a su esposa Cristina, quienes literalmente se forraron en dinero al ponerle la mano a tierras y algo más en El Calafate, tal como en su momento lo denunció el periodista Jorge Lanata. Los Kirchner no han sido la excepción en Argentina. En México hubo una lluvia de acusaciones de grueso calibre contra Enrique Peña Nieto, mientras Hugo Chávez forjaba un régimen de cleptócratas y asesinos en Venezuela.
Nicolás Maduro, su esposa Cilia, los narcosobrinos y otros familiares y compinches rompieron las estadísticas de tropelías. Marcos Pérez Jiménez había hacho y deshecho a su antojo antes, y a la hora de huir olvidó maletas repletas de documentos y dinero al pie de la escalerilla del avión. Pero bueno, he hablado de todo esto para decir que en la sociedad peruana algo huele mal.
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