Opinión
Entrega I: San Antonio del Táchira el laboratorio de la victoria admirable del Libertador
martes 3 marzo, 2026
Alexis Balza
La historia suele ser injusta al reducir la Campaña Admirable a un mapa de flechas que avanzan hacia Caracas, ignorando que el alma de esa gesta se forjó en el barro y la esperanza de nuestra frontera tachirense. Para nosotros, los sanantonienses, el primero de marzo de 1.813 no fue una simple fecha en el calendario; fue el momento en que San Antonio del Táchira dejó de ser un puesto de avanzada para convertirse en el altar donde renació el proyecto de Simón Bolívar tras el descalabro de 1.812.
El 1 de marzo de 1.813, tras la victoria en Cúcuta, Bolívar cruzó el río Táchira, probablemente por el vado cercano al hoy Puente Internacional. Al pisar la orilla oriental del río, realizó un gesto que hoy es leyenda: desenvainó su espada, saludó a su amada patria y dejó atrás el territorio neogranadino para entrar de lleno en la historia venezolana. Fue recibido por el pueblo sanantoniense con vítores; presentes las autoridades y el clero, quienes le entregaron las llaves de la villa en señal de sumisión a la causa republicana.
Desde su Cuartel General en San Antonio, Bolívar firmó una proclama vibrante que cambió la retórica de la guerra: por primera vez, llamó a sus tropas “Libertadores de Venezuela”. Aquella noche, en las casas coloniales cercanas a nuestra plaza Miranda, se perdonaron las derrotas del pasado y el fantasma de la Primera República se disipó en las aguas de nuestro río. San Antonio del Táchira un “confesionario histórico”, fue el lugar del borrón y cuenta nueva; el sitio donde el pesimismo se transformó en una voluntad inquebrantable que no se detendría hasta la victoria total en Caracas; San Antonio del Táchira donde Bolívar se transformó de un coronel derrotado en el líder Libertador que el continente reclamaba.
Para nosotros, los hijos de esta tierra, saber que el término más glorioso del continente se acuñó en nuestras calles debe ser motivo de un orgullo eterno. San Antonio no fue una escala; fue el punto de ignición de un sueño continental.
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