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Inicio/Opinión/Geografía del miedo

Opinión
Geografía del miedo

miércoles 9 abril, 2025

Geografía del miedo

Mario Valero Martínez

En los textos literarios, una novela o un cuento, por ejemplo, los escenarios geográficos juegan un importante y complementario papel en el desarrollo de la trama principal. A veces el narrador o uno de sus personajes describen detalladamente una calle, la ciudad, el sitio clave del argumento novelesco. Cuando se trata de un libro de terror, esos escenarios adquieren mayor relevancia; narraciones de espacios semioscuros, atajos desolados, callejones espantosos, laboratorios clandestinos, ciudades derruidas y en nuestra lectura imaginamos los senderos de la geografía del miedo. Leído y cerrado el libro, pronto se diluye el pánico que nos va dejando las páginas de la ficción.

En el cine cambia el panorama, frente a la pantalla nos adentramos en las locaciones de la película en todo su esplendor, estética, color y variadas escalas geográficas. En un filme de terror y desde nuestra butaca o sillón del salón, recorremos las imágenes de la casa embrujada, el escenario del crimen, el bosque tenebroso, la cabaña del monstruo, la ciudad derruida, el parque con escasa luz, acompañados de ruidos espeluznantes y bandas sonoras tétricas para reforzar la sensación perturbadora que se proyecta en la geografía del miedo. Al final, salimos de la sala de cine o apagamos la TV y se desvanece el efecto emocional de la ficción fílmica.

 En la vida real, bien sabemos, son otros los paisajes atravesados y las experiencias en los espacios vividos. En el saber geográfico hay una tendencia que estudia la percepción y la movilidad de los seres humanos, caracterizados por preferencias y afectos, topofilias según la propuesta del geógrafo chino estadounidense Yi Fu Tuan, de sus lugares cotidianos. En oposición se exploran las topofobias, referidas a los espacios que no gustan, generan rechazo o se consideran peligrosos por diferentes motivos; estos casos forman parte de la geografía del miedo, configurada en las decisiones individuales al trazar los itinerarios rutinarios. Otros enfoques geográficos se abocan a comprender, cada vez con mayor interés, el miedo socioespacial que generan las acciones y los controles territoriales por narcotraficantes, grupos terroristas, guerrilleros y paramilitares. En ámbitos diferentes se muestran espacios construidos, reales, que han derivado en lugares escalofriantes, también promocionados como espectáculo turístico; en YouTube se proyectan una serie de vídeos alusivos a estos tenebrosos espacios bajo el título de geografía del miedo.

En nuestros espacios vividos igualmente se ha expandido con poderosa fuerza otra geografía del miedo, reflejada en el terror desatado por gobiernos autocráticos y dictatoriales que reprimen las libertades ciudadanas, vulneran los derechos humanos, imponen la censura e inducen a la autocensura de la gente en los espacios públicos y en las redes sociales del ciberespacio. Toda crítica se considera una amenaza y el oponente un peligroso enemigo; no importa su condición social, nadie está exento de los atropellos y los abusos del poder. La desconfianza se adentra a vecindarios y comunidades que optan por el silencio; en estos días sobran ejemplos de las delaciones y arbitrariedades. Esta geografía del miedo no es ficción, avanza a pasos agigantados y hasta se puede recorrer y mapear los sitios con todo y coordenadas, incluso los dispuestos para sembrar el terror. @mariovalerom

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