Opinión
Hacia una reconstrucción ética de Venezuela
sábado 10 enero, 2026
Carlos Casanova Leal
Esta crisis ética impide cualquier reconstrucción viable. Países como Perú post-Fujimori o Colombia tras el Cartel de Cali demostraron que, sin catarsis moral, las transiciones políticas fracasan. En Venezuela, mientras no admitamos la complicidad universal, seguiremos en el ciclo de promesas rotas y una corrupción como continuación del ciclo que estamos dejando atrás.
Aristóteles, en su Ética a Nicómaco, definía la virtud como hábito. Nuestra sociedad ha perdido ese hábito, por décadas de populismo y clientelismo, que premian la lealtad ciega sobre la integridad. El resultado es una desintegración moral que afecta la toda la sociedad. Estudios de la Universidad de Los Andes (2025) muestran que el 70 % de los jóvenes venezolanos desconfía de todas las instituciones.
Más allá de los números, la corrupción es un fracaso ético profundo. El sociólogo Max Weber hablaba de la “ética de la responsabilidad”, donde el líder actúa no por gloria personal, sino por el bien colectivo. En Venezuela, hemos invertido eso: La responsabilidad se diluye en excusas ideológicas. Chavistas y opositores colaboradores por igual justifican desvíos como “necesidad revolucionaria” o “resistencia democrática”, mientras empresarios alegan “supervivencia en crisis”. Rómulo Betancourt enseñó que “los principios no se negocian” y es lo que sucedió con aquellos que estaban obligados a no negociar sus principios y lo hicieron en beneficio personal y en contra la de los venezolanos que esperaron posturas incorruptibles.
Así tenemos que la encuestadora Latinobarómetro (2025) lo confirma: el 90 % de los venezolanos identifica la corrupción como el principal obstáculo al desarrollo, por encima de la inflación o las llamadas sanciones. Esta percepción no es casual; es el resultado de una cultura de impunidad que ha normalizado el “robo chiquito” en la cotidianidad, desde el guardia, policía o funcionario que pide “deme algo” hasta el directivo que evade impuestos, o los negocios producto del dinero ilícito.
Doloroso decirlo: La corrupción es una enfermedad compartida. El problema no se limita al Gobierno. Todos los sectores, que incluyen también a empresarios, los partidos políticos de oposición tampoco están exentos, buena parte del exilio político venezolano vinculado a ONG’s internacionales, las donaciones, sobre todo ello necesario son las presentaciones de cuentas. Por otro lado, en primarias y campañas recientes, han surgido denuncias creíbles de financiamiento irregular proveniente de fuentes externas, con líderes que prometen transparencia pero manejan fondos opacos. Ejemplos incluyen acusaciones de compra de votos y malversación en estructuras partidistas, documentadas en informes de observadores electorales independientes. Estas prácticas erosionan la credibilidad de quienes claman por cambio, convirtiendo la lucha anticorrupción en un arma de doble filo.
La corrupción del sector público es de mayor conocimiento público, la sufre el ciudadano, fue la corrupción el instrumento para desmontar las funciones de las instituciones, esa institucionalidad se perdió.
La honestidad en Venezuela no se puede presumir ahora, hay que probarla y todos los que actuamos en política tenemos que comprobarla.
En artículos anteriores, referenciando informes de Transparencia Internacional señalamos que la corrupción nos conduce a la pobreza y terminamos pobres. La corrupción nos trajo al fracaso como país, la corrupción acabó con unas generaciones de ciudadanos que asumieron posiciones de dirigentes; ahora es la ética del ciudadano la que nos unirá en el renacer de una nueva Venezuela.
La Venezuela que se levanta desde el 2026, requerirá la Ley de transparencia, auditorias independientes. La promoción de educación ética desde escuelas y universidades, un pacto nacional anticorrupción, una política de premios e incentivos por las denuncias de corrupción, es imperativo cambiar las sanciones y penas por delitos de corrupción por cadena perpetua, pensará Usted que exagero, pero este año irán apareciendo lo profundo que es este mal en la representación de la sociedad y en buena parte de ella.
Venezuela no renacerá con elecciones o dólares solamente; necesita ciudadanos honestos, sin mácula. La corrupción nos trajo a la ruina, pero la ética nos unirá en la gloria de la nueva Venezuela.
El momento es ahora., no sigan ni apoyen a aquellos que están mencionados en estos hechos de colaboración y corrupción. La reconstrucción moral comienza en cada uno. ¿Estamos listos para ser la generación que salva a Venezuela?
Dios nos Bendice.
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