lunes 26 septiembre, 2022
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In Memoriam / Kike Rosales

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Porfirio Parada


Mi primer recuerdo con Kike Rosales viene del fútbol. Mi papá hincha del aurinegro nos llevaba con mi familia los domingos al estadio en Pueblo Nuevo. En ese entonces era el Unión Atlético Táchira. Su escudo era distinto. Ya es conocida la cultura radial que hay en la región y más si se trata de transmitir los juegos en vivo y la actualidad del carrusel aurinegro. De niño y luego en la adolescencia ya empezaba a reconocer su voz por la radio cuando papá escuchaba narraciones y comentarios de él, y luego por mi propia cuenta, por conversaciones con otros hinchas, familiares y otras gentes que hablábamos de fútbol y de todo lo que eso implica en una ciudad con tanta afición como esta. Me acuerdo haberlo visto en Televisora Regional del Táchira (TRT) transmitiendo un juego importante para el campeonato. También lo llamaban cuando el equipo iba mal, cuando tenía graves problemas institucionales, económicos o en la plantilla de los jugadores, lo buscaban por su voz y sus frases para aliviar tensas situaciones.

Más allá del debate, de los que están a favor o en contra de las corridas de toros, más allá de las diferencias existentes, mi abuelo Porfirio Parada que en vida fue aficionado taurino y les mostró esa tradición en el Táchira a sus hijos, siendo mi padre el que más demostró curiosidad y cercanía con la tauromaquia. Otro recuerdo fue escuchar a Kike Rosales narrando las corridas de toros en las ferias de San Sebastián, incluso verlo en vivo en la Plaza de Toros, nosotros desde las gradas y él abajo narrando, cerca de los toros, caballos, banderilleros, toreros, en el pasillo circular. Lo pude observar con detalle. Fue también gran cronista taurino, admirado en San Cristóbal, en Mérida y Venezuela. La emoción que transmitía en sus palabras bajo el río de aplausos, el olé de la gente y con la música orquestal interpretando San Cristóbal Andina. Muchos se ponían de pie, pañuelos blancos al aire. Eran otros tiempos.

En aquella época ni tenía idea de que muchos años después iba a estudiar Comunicación Social y que me involucraría con la radio. Solo sabía que Kike era un locutor popular y conocido sobre todo por los aficionados del fútbol. Mi segundo recuerdo, más personal y trascendental fue en mis años universitarios cuando estudiaba en Barquisimeto. Cuando llegaba de vacaciones a San Cristóbal no me acuerdo cuándo ni cómo empecé a sintonizar un programa que él realizaba por las tardes en Éxitos 103.1 Fm. Sencillamente quedé impresionado. Fueron meses de continuos descubrimientos, en los primeros semestres relacionados con la carrera y con el arte de comunicar. Escucharlo en ese momento era como clases maestras de locución, empecé a identificar lo que es el gusto musical para un programa de radio, reconocer el grado de cultura que todo locutor debería tener, y registrar el color de su voz que lo caracterizaba.

En ese programa Kike Rosales iniciaba los primeros minutos con una lectura de un texto redactado por él. Era como una reflexión del acontecer diario, fusionado con la carga histórica, sustentando cada palabra y oración con destreza, estética literaria y soltura en la oralidad. En ese programa escuché nombres de poetas y escritores que desconocía y que años después serían de influencia y admiración en mis lecturas solitarias. Al tiempo después me gradué y regresé a la ciudad. En el 2012 me atreví y le escribí un correo electrónico invitándolo para que participara con un texto de su autoría en una aventura editorial que estaba realizando. Me respondió con la cordialidad y la educación que reflejaba frente al micrófono, me dijo que sí sin conocerme, y a las semanas después me envió el artículo llamado: “El beber tiene saber…” salió impreso en la Revista El Recital en septiembre de 2013. No podía estar más contento.

A raíz de ese encuentro creado por el vínculo que teníamos ambos por la literatura, tuve la oportunidad de ir a su programa de radio en Barrio Obrero y conocerlo personalmente. Hablamos de libros, de historia, me preguntó por mi familia, me trató de “toche”, me hizo sentir que era su amigo, y por supuesto intercambiamos ideas y pensamientos sobre la actualidad del equipo aurinegro. Fui para su programa en varias oportunidades para promocionar nuevas ediciones de la revista o actividades culturales que realizaba en ese momento con amigos y poetisas de la ciudad. Pude ver y escuchar en cabina como hacía la pauta publicitaria de manera magistral. Librería de Nacho, los libros, clásicos y novedades, la papelería y sobre todo esa manera que tenían ellos en envolver los regalos, o con la empresa Colchones y Muebles, por la carrera 9 en el centro, vecinos y amigos de mi familia también, cerraba la cuña nombrando al gerente “Cheito” con todo el cariño de despedida.

Luego en el 2015, lo volví a invitar a participar en un nuevo proyecto cultural pero ahora audiovisual llamado: Cuestiones de Lectura. Me dijo que fuera a la radio. Lo pude entrevistar en el Centro Comercial El Pinar, llegué minutos antes de comenzar el programa de fútbol que tenía con el Conejo Rafael Rodríguez, el profe Carlos Horacio Moreno entre otros. Dedicó unos minutos para la entrevista y responder gentilmente.

Habló de uno de sus poetas favoritos el español Federico García Lorca, de su entrega casi absoluta por la lectura y obra de Gabriel García Márquez, del uruguayo Mario Benedetti, los escritores venezolanos Salvador Garmendia, Aquiles Nazoa, Arturo Uslar Pietri y más, una anécdota bien graciosa que vivió mientras leía la novela “Drácula” de Bram Stoker, compartió su amistad y afecto con el actual cronista de la ciudad Luis Hernández Contreras, y sin renunciar a su tachiraneidad, mencionó el compromiso que todos deberíamos tener por la Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses mejor conocida como la BATT. El capítulo de esa entrevista lo pueden ver por YouTube.

No fui su amigo cercano aunque me trató como si lo fuera. Le presté un libro que luego supe que era un regalo, del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, “El olvido que seremos”, solo me dijo que le había gustado mucho por la narración extraordinaria sobre la historia y el conflicto armado colombiano. Cuando Kike Rosales murió fue un día negro para mí y sé que para muchos lo fue. Fue un día vacío y golpeado, un luto lleno de rabia, una hojilla sucia en el cuello, un quiebre y asalto a la historia contemporánea de esta región. Pero también sé que su memoria vive en los recuerdos y en el presente, en sus propias anécdotas, en su humor, y en sus frases que desprendía por tanto leer. En los barrios y urbanizaciones, en las panaderías, en las calles se seguirá hablando de su vida y su carrera. De su legado como hombre de bien. Fue más que un destacado cuentacuentos, un gran cronista, fue de los mejores comunicadores, fue un gran tipo. Gracias Kike.

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