domingo 27 noviembre, 2022
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Inició el mantenimiento del Metro

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Francisco Corsica

En el transcurso de los últimos meses se nos ha presentado la oportunidad de meditar en torno al deterioro generalizado que padecen actualmente nuestros servicios públicos. ¿Cómo no tocar el tema, si forma parte del pan de cada día? Hablar de uno solo sería excluyente de mi parte, ya que todos —en mayor o menor medida— llevan requiriendo de una buena jornada de mantenimiento para volver a funcionar óptimamente.

La luz eléctrica, que va y viene a su antojo en casi todo el país; el grifo que al abrirse expulsa aire en vez de agua; el módem que ocasionalmente solo sirve para mostrar unas lucecitas amarillas y no para conectarnos con la red… Y paremos de contar. Todos hemos padecido alguna de estas circunstancias aunque sea una vez y puede resultar agobiante enumerar tanto desbarajuste junto.

Hace poco llegué a comentar el deterioro en que se encontraba el Metro de Caracas. Entre los problemas que aquejaban al medio de transporte urbano pudimos mencionar la permanente aglomeración de gente en sus instalaciones, el retraso para que sus trenes arriben a la estación, la falta de escaleras mecánicas y de aire acondicionado. Con el paso de los años, se fue convirtiendo en un verdadero castigo para los usuarios.

Sin embargo, los capitalinos comenzamos a ver una lucecita al final del túnel en este sentido. Literal y metafóricamente, porque los vagones atraviesan túneles. No hace mucho, el gobierno nacional anunció una millonaria inversión para recuperar el servicio. El costo —según el mismo ejecutivo— asciende a los 150 millones de dólares. Similar a las reparaciones llevadas a cabo en mi alma mater, la UCV, a cuyas labores también nos hemos referido en otras ocasiones.

El fin de semana pasado usé el transporte subterráneo y los trabajos ya habían empezado. ¡Aleluya! En todas las estaciones que pude visitar durante mi recorrido se encontraban obreros haciendo algo. Unos sustituían cerámica rota, otros pulían el piso, por allá estaban reponiendo los bombillos y los letreros quemados y más allá despegaron una capa de suciedad del piso. ¡Tamaño empeño!

Para entrar, hay que esquivar —sin dificultad, eso sí— unas cintas de advertencia para que evitemos interrumpir a los trabajadores. La mitad de cada una de las estaciones se encuentra cerrada: sin que podamos apreciar el resultado del esfuerzo todavía, esos lados deben estar quedando como nuevos. Por supuesto, la parte operativa continúa más o menos igual. Pero ahí están ellos, trabajando en función de mejorarlo, como debe ser.

Otra cosa bastante interesante que noté fue que los trenes están llegando al mismo tiempo en ambas direcciones. Antes de estas labores, era usual encontrarse un lado del andén completamente desolado y el otro repleto de personas esperando. O si no, ambos lados estaban llenos. Si no nos agarraba el chingo, lo hacía el sin nariz. Ahora siguen tardando en llegar, la novedad reside en que al menos se están sincronizando.

Fíjense en algo: todo lo realizado hasta este momento se ha centrado en la parte estética. Está muy bien que quieran colocar algunos murales decorativos, que todo esté bien iluminado y perfectamente aseado. El Metro de Caracas llevaba años pidiéndolo. En serio. Sin embargo, si me lo preguntan, creo que se le debería prestar la misma atención a la parte funcional del sistema.

No soy experto en ninguno de estos temas, y aun así en mi condición de usuario frecuente considero oportuno que los vagones cuenten con un potente aire acondicionado, que no tengan filtraciones y que pasen cada 2 minutos por los andenes para descongestionarlos. Preferimos llegar puntuales y cómodos a nuestro destino que retrasados e incómodos. Supongo que eso vendrá después. Nos corresponde esperar un poco más para comenzar a notar la diferencia en el servicio y no solo en su apariencia.

Toda esta movilización tan repentina como necesaria se hubiera podido evitar si se hubiera contado permanentemente con el debido mantenimiento. Es algo que ya hemos abordado en varias oportunidades y vale la pena traerlo a colación nuevamente. Para que las cosas funcionen debemos cuidarlas y nuestros servicios públicos no son la excepción. Más bien, deberían ser los primeros en la lista para no postergar lo impostergable.

Por eso mismo, sería conformista de nuestra parte aspirar a que solo el Metro reciba este beneficio. Afortunadamente ya le sucedió a la Universidad Central de Venezuela, a la cual le ha ido más o menos igual durante el proceso: obreros por todos lados restaurando los espacios. En vista de ello, sería válido preguntarnos, ¿cuál será el siguiente objetivo? Después de todo, una encomiable labor como esta no puede detenerse. No sería justo para nadie.

Citando un ejemplo de otro asunto pendiente muy parecido al que hemos abordado, los venezolanos llevamos aguardando buena parte del siglo pasado y todo lo que va del presente por la inauguración del Sistema Ferroviario Nacional. Figúrense: la primera vez que se habló de él fue en la década de 1940. Hace casi ochenta años. Una vieja promesa de la política y de la ingeniería civil nacional que facilitaría el traslado de pasajeros y de carga, sin duda alguna.

¿Ustedes se imaginan que podamos viajar desde Maturín hasta Punto Fijo o que se pueda llevar mercancía desde La Guaira hasta San Cristóbal sobre rieles? Sería fenomenal. Es una lástima que tantas décadas después, la mayoría de las líneas y de las estaciones aún se encuentren en fase de planificación. En fin, soñar no cuesta nada. Ojalá la próxima vez que nos corresponda abordar este asunto sea para celebrar el renacimiento del transporte subterráneo capitalino.

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