Juramento para libera a su patria de Simón Bolívar

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En plena juventud un caraqueño deambulaba por varios países de Europa. Había observado unos cuantos acontecimientos que lo asombraron, ilusionaron e incentivaron para luchar por la libertad de su patria. Entre esos sobresalían: en Francia en 1804 conoció al científico Alexander von Humboldt, quien había visitado a Venezuela, presenció la autocoronación y coronación de Napoleón Bonaparte en París en 1804 y Milán, Italia en 1805, leído a los clásicos de Voltaire, Montesquieu, Locke, Rousseau, Buffón, Helvetius, Condilac, D’Alembert, así como a los pensadores del siglo XVII Hobbes y Spinoza. Además, contactó a grandes personajes intelectuales de la época. Tales experiencias unidas a su personalidad, capacidad, sagacidad y tenacidad, tuvieron mucha influencia y motivación en los quehaceres y pensamientos de libertad, accionar y su porte de estadista del futuro Libertador de unas cuantas republicas hispanoamericanas.

En su constante peregrinaje por el viejo mundo, Simón Bolívar a los 22 años de edad emprendió uno de sus más largos y nostálgicos paseos en compañía de su antiguo maestro don Simón Rodríguez y de Fernando Rodríguez del Toro. Arribó a Italia y a los pocos días fue hasta la cumbre del Aventino, el Monte Sacro de Roma. Era un lugar de remembranza histórica donde los plebeyos romanos se retiraron por sus desavenencias con los patriotas de entonces. Inspirado el joven caraqueño en compañía de su mentor le vino a su memoria el campo y paisaje venezolano. Recordó las penurias de sus compatriotas que pasaban por el yugo español y el deseo ansioso de libertad. De pronto en voz alta y firme expresó a sus acompañantes… “¿Con que este es el pueblo de Rómulo y Numa, de los Gracos y los Horacios, de Augusto y de Nerón, de César y de Bruto, de Tiberio y de Troyano? Aquí todas las grandezas han tenido su tipo y todas las miserias de cuna…” Continuó por un tiempo exaltado por los recuerdos de su país. Al rato con los ojos encendidos como dos llamas se puso de pié y dio rienda suelta a sus pensamientos. Era el 15 de agosto de 1805. Con una emoción incontenible dijo: “Juro delante de usted, juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor, y juro por la patria, que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma, hasta que no haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español.”

Semejante inspiración y expresión en tierras lejanas de su patria le marcaría el sendero de libertad que habría de emprender a los pocos años de su vida, para liberar a varios pueblos oprimidos de América. De esta forma, según los entendidos, el jovenzuelo sudamericano proclama ahí el silogismo fundamental en la historia de todo hombre: soñar, proyectar, realizar… Sobre las dudas de algunos historiadores en relación a la veracidad de este acto, lo confirma el mismo Libertador en 1824 desde Pativilca en Perú al recordarle a su maestro el episodio del Monte Sacro. Le escribió a su maestro así… “¿Se acuerda usted cuando fuimos juntos al Monte Sacro en Roma a jurar sobre aquella tierra santa la libertad de la Patria? Ciertamente no habrá usted olvidado aquel día de eterna gloria para nosotros…”

Bolívar a partir de este juramento deseaba conferir a sus expresiones el significado de las ideas de libertad, igualdad y fraternidad leídas y aprendidas de la Ilustración. Asimismo, al observar las ruinas de lo que fue el poderoso imperio romano, le recordaba la tiranía y opresión de los emperadores contra sus pueblos. De ahí, que el Juramento para liberar a su patria de Simón Bolívar en el Monte Sacro, confirmó consagrar su vida a la libertad de su patria. Fue un compromiso de destinar su existencia por la lucha de los pueblos subyugados por el dominio foráneo.

Al conmemorarse 213 aniversario de esa proeza futurista de nuestro Libertador Simón Bolívar, emulemos su legado y rindamos tributo a esa osadía juvenil, convertida más tarde en realidad al darnos la libertad ante el oprobioso imperio español. (Alejo García S.)

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