Opinión
La alfabetización epistemológica
lunes 12 enero, 2026
Hogan Vega y Dorli Silva
La alfabetización epistemológica es un concepto fascinante que va mucho más allá de simplemente “saber leer y escribir”. Se refiere a la capacidad de entender cómo se construye el conocimiento en una disciplina específica, en términos sencillos: No es solo aprender qué dice la ciencia o la historia, sino entender por qué y cómo los expertos en esas áreas llegaron a esas conclusiones; de ahí que, si se aborda el estudio de la epistemología, disciplina filosófica que se centra en el conocimiento científico y que por definición proviene del griego “episteme” (conocimiento). En la filosofía clásica, Platón la definió como “conocimiento verdadero” y argumentado, diferenciándola de la doxa (opinión). En español, se asocia principalmente al estudio del conocimiento científico, mientras que en inglés se usa como sinónimo de gnoseología.
Por lo tanto, la gnoseología es una rama de la filosofía que estudia el conocimiento en general; su nombre proviene del griego “gnosis”, que significa “conocimiento”. En la antigüedad, la gnoseología se ocupaba de analizar cómo se adquiere y se estructura el conocimiento en términos amplios. Por otro lado, la epistemología también estudia el conocimiento, pero se centra específicamente en el conocimiento científico. Aunque en inglés el término “epistemology” se utiliza como sinónimo de gnoseología, en español se hace una distinción: La gnoseología aborda el conocimiento en general, mientras que la epistemología se enfoca en los fundamentos, límites y validez del conocimiento científico.
En otras palabras, la epistemología analiza la relación entre filosofía y ciencia, los paradigmas científicos, la demarcación entre ciencia y pseudociencia, la validez del conocimiento, la lógica de la investigación científica y la coherencia metodológica en las investigaciones. Aunque la epistemología proporciona el sustento teórico para los enfoques de investigación, no define los métodos o técnicas específicas, tarea que corresponde a la metodología. Es así como la epistemología se centra en el origen, esencia y límites del conocimiento, mientras que la metodología se ocupa de los procedimientos prácticos de investigación.
En consecuencia, los excesos en el uso de la epistemología crean confusión entre enfoques epistemológicos y metodológicos, la fabricación de datos para favorecer ciertos enfoques, la negación de la investigación exploratoria y mixta y la sobrevaloración de la epistemología como disciplina. Se destaca que la epistemología no debe ser utilizada de manera impertinente ni como una herramienta para imponer enfoques; la epistemología es esencial para la investigación científica, pero no debe ser sobrevalorada ni utilizada de forma incorrecta. Su propósito es proporcionar fundamentos para el desarrollo del conocimiento en cada área de estudio, sin reemplazar la metodología ni convertirse en un fin en sí misma.
Por ello se hace necesario estudiar los pilares fundamentales de la alfabetización epistemológica, en primer lugar el paso del dato al pensamiento; con la alfabetización básica nos enseña a decodificar palabras y con la alfabetización epistemológica nos enseña a decodificar la lógica detrás de las ideas, un ejemplo con la alfabetización común, es saber leer un informe sobre el cambio climático, mientras que con la alfabetización epistemológica, se entienden qué métodos usaron los científicos, qué constituye una evidencia en climatología y por qué esa conclusión es válida dentro de esa comunidad científica.
En segundo lugar, con los códigos de cada disciplina, es necesario conocer que cada área del saber (Biología, Derecho, Arte, Matemáticas, entre otras) tiene su propio idioma y sus propias reglas de juego. Por ejemplo, un historiador no valida la verdad de la misma forma que lo hace un físico; la alfabetización epistemológica permite que un estudiante entre en la cultura de esa disciplina y aprenda a pensar como un profesional de ese campo. En tercer lugar, con el pensamiento crítico y la metacognición, implica una reflexión profunda sobre nuestro propio aprendizaje. Nos ayuda a hacernos preguntas como: ¿Cuáles son los límites de este conocimiento? ¿Qué supuestos hay detrás de esta teoría? ¿Es esta una verdad absoluta o un modelo provisional? ¿Por qué es tan importante hoy en día?
Así, en la era de la sobreinformación y la inteligencia artificial, estar alfabetizado epistemológicamente es nuestro mejor escudo;nos permite distinguir entre varios puntos de vista, por ejemplo, una opinión: “Yo creo que esto es así“. Al mismo tiempo, desde la doxa (creencia común): “Todo el mundo dice que es así” Y desde la episteme (conocimiento validado): “La evidencia, bajo estos parámetros rigurosos, demuestra que es así”. Es decir, con la alfabetización epistemológica, es comprender el proceso de aprender a “hablar, leer y escribir” dentro de una comunidad de conocimiento, entendiendo sus reglas internas y su forma de ver el mundo.
Asimismo, aplicar la alfabetización epistemológica en la educación es, quizás, el reto más importante de la pedagogía moderna. En este contexto, no se trata de que el estudiante memorice el libro de texto, sino de que comprenda la cocina del conocimiento, cómo se manifiesta en el aula y por qué transforma la enseñanza. Se sugiere un cambio de rol, de consumidor a productor, donde el sistema educativo tradicional trata al alumno como un consumidor de datos terminados. Pero con la alfabetización epistemológica se propone que el estudiante actúe como un aprendiz de investigador; por ejemplo, en Historia, en lugar de memorizar fechas de una batalla, el docente entrega a los estudiantes cartas (escritas) reales de soldados, artículos de periódicos de la época y mapas. Con el objeto, que el estudiante entienda que la Historia no es un cuento cerrado, sino una reconstrucción interpretativa basada en fuentes primarias, y de esta forma se aprende a cuestionar: ¿Quién escribió esto? ¿Qué intereses tenía?
Algo semejante ocurre con, entender las reglas de validación, mientras que cada asignatura tiene una forma distinta de decir “esto es verdad”. A diferencia, de la alfabetización epistemológica, es enseñar esas reglas, en cada asignatura, cómo se valida el conocimiento (la verdad). Por ejemplo, en matemáticas, se logra a través de la demostración lógica y el rigor deductivo. No basta con que el resultado “salga bien”. También, en ciencias naturales, a través de la experimentación y la evidencia empírica repetible. Y, en literatura, a través de la argumentación estética y el análisis del contexto simbólico.
Por otra parte, muchos estudiantes creen que la ciencia es una copia exacta de la realidad (realismo ingenuo). En cambio, con la alfabetización epistemológica se les enseña que la ciencia usa modelos; por ejemplo, en física, cuando un docente explica el modelo del átomo, el estudiante alfabetizado sabe que ese dibujo de bolitas, es una representación útil, no una fotografía de la realidad. Entiende que los modelos cambian cuando surge mejor evidencia.
Supongamos, en la actualidad, donde las redes sociales nos inundan de información, qué pasaría si un estudiante recibe una noticia falsa (fakenews). Se le presentan dos alternativas: la primera, si solo tiene nivel básico, se limita a leer el titular y lo cree (o no). Mientras con el nivel epistemológico, se pregunta: ¿Qué método usaron para obtener este dato? ¿Es una fuente primaria o secundaria? ¿Esta conclusión sigue la lógica de la disciplina de la que habla? En síntesis, para el docente, esto implica transparentar su pensamiento. No solo dar la respuesta, sino explicar cómo llegó a ella y por qué esa respuesta es aceptable en su campo profesional. Rene Descartes decía: “Pienso, luego existo” (en latín, «Cogito, ergo sum»). Esta frase resume su principio filosófico fundamental: La certeza de la propia existencia se fundamenta en el acto de pensar, siendo la primera verdad indudable que encuentra al dudar de todo lo demás, estableciendo así una base para todo el conocimiento.










