Opinión
La bonificación es la victoria ideológica del modelo socialista del siglo XXI
sábado 2 mayo, 2026
Carlos Casanova Leal
Discutir hoy sobre aumentos de bonos es caer en la distracción del régimen; el debate real no es cuánto nos pagan, sino cómo el modelo socialista eliminó la fuente de nuestra libertad: El trabajo formal respaldado por la libre empresa.
El debate nacional ha sido secuestrado; y lo hemos permitido, por una narrativa reduccionista, discutimos el monto de una transferencia digital como si fuera la salvación del bolsillo de los venezolanos. Pero este enfoque lamentablemente esconde una realidad perversa: La “bonificación” de la economía, que constituye la culminación del proyecto ideológico que entiende que un ciudadano con salario real e independencia financiera es un ciudadano libre y, por ende, peligroso para el control estatal.
Para logarlo tenían que derrumbar la economía abierta y traernos a la economía cerrada, a donde fluye con más facilidad la política que hace depender al ciudadano del Estado; por ello la liquidación de la empresa privada y de los amplios sectores agrícolas y pecuarios con las expropiaciones, acabaron con el crédito cuando aumentaron el encaje legal bancario y con ello el crédito se esfumó.
¿Cómo lo hacen? Desde hace 10 años por lo menos no se presenta la Ley de presupuesto a la AN, no entregan en físico la ley, sino que ofrecen cifras en su intervención de presentación y así la aprueban; al hacerlo, los diputados ni se percatan o no sabrán que eliminaron el situado constitucional de estados y municipios, que repiten la misma fórmula, hablan de un presupuesto del que no pueden decidir su dirección.
El Poder Ejecutivo maneja de forma directa el 90 % de los recursos sin control de nadie, PDVSA se queda con el 50 % de los recursos de la venta, y el resto va al BCV.
Los ingresos de la nación, petróleo, oro, e impuestos, entre otros, deberían respaldar como se hacía en tiempos de la democracia el salario orgánico, con valor real; este es el modelo que defendemos. El dinero no se imprime, se respalda. Los dólares del petróleo y los bolívares de los impuestos del sector privado productivo llegaban al Banco Central de Venezuela. Este ingreso real es la única garantía de un salario con poder de compra sostenible. Aquí, el dinero tiene respaldo en la producción. Para consolidar el socialismo del siglo XXI tenían que quebrar el modelo orgánico.
El cambio de modelo destruyó el ciclo orgánico que traíamos desde los tiempos democráticos, pasamos de una economía productiva a un socialismo de economía cerrada, miles de empresas cerraron y millones de trabajos formales se perdieron. Sin trabajo y sin salario, la gente perdió su capacidad de consumo, y fue ahí donde el modelo fue sustituido por el racionamiento y la dependencia estatal.
La previsión social se perdió como consecuencia de salarios muy bajos; la pensión, en lugar de ser un derecho adquirido tras años de trabajo, se convierte en un mecanismo para controlar a la población mayor.
La inflación no es un fenómeno mágico; es el resultado de que el Gobierno gasta mucho más de lo que ingresa por el petróleo, el oro o los impuestos; como no hay actividad económica que respalde ese gasto excesivo, el BCV “imprime” el faltante. Cualquier aumento de salario o bono que no sea producto de una economía real, será dinero inorgánico, y como tal, se desvanecerá en la espiral inflacionaria. Mientras el Gobierno financie su déficit así, la devaluación será permanente y la pobreza del venezolano también. La inflación y devaluación forman parte del mismo instrumento para mantener al ciudadano en pobreza objetivo del modelo socialista del siglo XXI.
El dinero inorgánico es el cáncer de la economía, es el único motor que le funciona al gobierno, el motor de la inflación y la devaluación, por ello el gobierno no define políticas antinflacionarias.
Sorprende -y debo ser sincero- la falta de exigencia de los correctivos reales, los llamados empresarios no reclaman abrir la economía, los partidos de la AN aliados del Gobierno están de acuerdo con la economía cerrada, pero tampoco aprecio a la real oposición centrando el debate en lo ideológico para que sirva de enseñanza a la sociedad de las razones por las que estamos pobres.
Este es el mejor antídoto para evitar la normalización a la que aspiran muchos. Y la advertencia que de las privatizaciones pueden quedar como las que se sucedieron en Rusia: Privatización de compadres.
Dios con nosotros.
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