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Inicio/Opinión/La devoció a la Virgen de Regla y Tovar

Opinión
La devoció a la Virgen de Regla y Tovar

jueves 11 septiembre, 2025

La devoció a la Virgen de Regla y Tovar

Adrian Gelves Osorio

¿Qué se iba a imaginar San Agustín de Hipona (13.11.354 – 28.08.430) que su devoción mariana y las normas que redactó para el convento que fundaba en África a finales del siglo IV, llegarían algún día a una pequeña comarca enclavada en los andes venezolanos y que después de mil quinientos años ese fervor siguiera sosteniendo la fe de sus habitantes?

La advocación a Nuestra Señora de Regla, es muy particular y poco difundida, por ello debemos adentrarnos, aunque sea someramente, en sus origenes para comprender el culto que se le rinde hoy en Tovar.

La génesis de esta imagen la encontramos en San Agustín, el filósofo y teólogo más importante e influyente del cristianismo de los primeros años y sus hijos los agustinos. Hacia el año 390, el santo redacta lo que seria su “Regla”, una serie de normas con el propósito de organizar la vida dentro del monasterio en Tagaste (Argelia).

Influenciado por su madre Santa Mónica, el obispo de Hipona profesó una especial devoción por la Virgen María, tallando con sus propias manos una imagen de la Madre de Dios poco antes de morir. En los años siguientes, algunos de sus seguidores de la Regla agustiniana continuaron venerando la imagen naciendo asi la advocación de Nuestra Señora de Regla.

Tras el colapso del Imperio Romano de Occidente los agustinos buscaron refugio en algunos lugares de Europa y siglos después fueron a Filipinas y América como parte de la empresa evangelizadora emprendida por el imperio español en ambos territorios.

En Venezuela, su presencia se remonta a 1530, pero será después de la mitad del siglo XVI cuando desde Nueva Granada y Quito, comiencen su expansión y asentamiento en el occidente venezolano, asumiendo la responsabilidad de adoctrinar varios pueblos circundantes a la Grita y Táriba. Durante la última década del mismo siglo, los agustinos se concentran en Mérida, San Cristóbal y Gribaltar en el sur del Lago de Maracaibo, donde levantaron conventos, expandiendo la fe y sus tradiciones religiosas, entre ellas la del Virgen de Regla.

De acuerdo a los trabajos publicados por el periodista Nilson Guerra Zambrano “Historia del Pueblo de Nuestra Señora de Regla” (1987) y “Mocoties, Regla, parroquia y Tovar” (2015), hay una cierta contradicción en las fechas indicadas en las fuentes primarias consultadas sobre el establecimiento de la advocación Mariana de Regla.

En el primero se dice que para 1644, agustinos provenientes de Bogotá trajeron consigo una imagen de Nuestra Señora de Regla cuando se disponían a fundar un auspicio y un convento en la Candelaria o Vera Cruz (luego llamado Villa Bayladores) y aunque ninguno de los proyectos lograron consolidarse, decidieron dejar la imagen al cuidado de los indígenas “mucuties”, asentados cuatro leguas debajo de Bayladores, donde ya se veneraba a la Virgen de la Candelaria.

Pero en el segundo de los trabajos citados, se indica que, en junio de 1627, el encomendero gritense Juan Mejía, cumplió el cometido realizado por el Oidor de la Real Audiencia de Bogotá, Fernando Saavedra Valdez, de fundar un pueblo en el valle de Bailadores al que llamó Nuestra Señora de Regla.

No obstante, en el Archivo Nacional de Bogotá, se encuentra un documento fechado en 1657 correspondiente a un inventario de la iglesia de los bailadores donde se indica la existencia de: “Vn caxon a modo de tabernaculo de madera. Yten dentro del dicho caxon una imagen de Nuestra Señora de Regla de buito de media bara de alto…” (Guerra 2015). De modo que, es posible concluir que desde mediados del siglo XVII la advocación promovida por el Santo de Hipona, 1.300 años antes al norte de África, ya estaba en el hoy pueblo de Tovar.

Por su parte, el abogado y profesor universitario Jésus Rondón Nucete, nos aporta en su libro: “Pueblos en la Historia, el Valle del Mocoties” (2007), que en 1709, el sacerdote Franciscano José Ceballos de Obregón fue enviado desde el convento de la Grita para asumir el cuidado de las almas asentadas en la parte baja del valle, y que: “El 8 de septiembre siguiente celebró en ese pueblo, que desde entonces se conoció como de Nuestra Señora de Regla de los Bailadores, la festividad mariana de tal denominación.”

Para completar esta reseña, también vale citar al periodista y cronista de Tovar por varios años Don Mario Rosales, quien en su obra “Imagen de Tovar” (1985), recuerda que fué en 1791 cuando el pueblo de Nuestra Señora de Regla de Bailadores fue erigida a la categoría de Parroquia Eclesiástica.

De manera que, los tovareños de hoy, se sienten orgullosos de rendirlé culto a una de las advocaciones marianas más antiguas, que llegó a estas tierras improvisadamente hace casi 400 años, recordándola de modo especial cada 8 de septiembre, cuando se conmemora su Natividad, en agradecimiento por el cuidado que ha tenido por su valle y sus hijos, encamando a su modo algunos de los principios de la Regla agustiniana como lo son: la caridad, la oración, la custodia mutua y sobre todo, el no considerar nada como propio, ni siquiera a si mismo.

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