Opinión
La esencia transformadora de la rivalidad en el deporte
martes 10 febrero, 2026
María Ninoska García de Morales
La rivalidad en el ámbito deportivo no debe ser percibida únicamente como una confrontación, sino que también es una oportunidad para el crecimiento mutuo. El oponente no es simplemente un obstáculo a vencer, sino que además es un reflejo de nuestras propias capacidades y límites. Por consiguiente, en este sentido, la competencia trasciende la idea de un simple enfrentamiento: se convierte en un espacio donde las habilidades se perfeccionan y el carácter se fortalece. De hecho, en cada desafío, el verdadero objetivo no es destruir al rival, sino más bien crecer gracias a él, utilizando su presencia como una fuerza que impulsa hacia la excelencia.
La competencia no solo se rige por las reglas explícitas del juego, sino también por normas implícitas que los jugadores adoptan y respetan. Estas leyes no escritas reconocen que, en el deporte, el límite entre lo permitido y lo prohibido puede ser sutil y, a menudo, debatible. Por lo tanto, transgredir de manera estratégica no siempre implica una falta de ética, sino que revela un entendimiento profundo del dinamismo del juego. No obstante, esta transgresión debe ir acompañada de un respeto hacia el adversario, un equilibrio entre la ambición de ganar y la integridad de competir.
Reconocer la excelencia de un rival es un acto que va más allá de la rivalidad misma. En efecto, es un gesto que refleja humildad y la capacidad de aprender del otro. Emular al adversario no significa rendirse ante él, sino por el contrario, aceptar que su grandeza puede ser una fuente de inspiración. En este sentido, el oponente, lejos de ser un enemigo, se convierte en un modelo que impulsa a trascender los propios límites. Así, a través de este reconocimiento, el deporte se enriquece, pues cada jugador se eleva al valorar y aprender de las fortalezas del otro.
El deporte, en su esencia más pura, siempre ha sido un reflejo de la condición humana. En efecto, no se trata solo de victorias o derrotas, sino también de historias compartidas que inspiran a generaciones. Los momentos icónicos de las grandes competencias nos recuerdan que la verdadera grandeza no está en alcanzar un único triunfo, sino en esa constante búsqueda de superarse a uno mismo. Por ende, en este viaje, los jugadores no solo persiguen un trofeo, sino que además forjan una narrativa de pasión, esfuerzo y dedicación que trasciende el tiempo.
Por un Derecho vivo, crítico y humanista
Doctora. en Innovaciones Educativas (UNEFA). M.Sc. en Derecho Procesal Penal (ULA). Especialista en Docencia en Educación Superior (UCV) y Derechos Humanos (Unilibre-Colombia). Abogado (ULA). Exdirectora de Relaciones Institucionales de la Asociación Olímpica de Derecho Deportivo de Venezuela (AODDV). [email protected] . WhatsApp +58 426 3764194.
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