La ética socialista y la corrupción bolivariana

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Por César Pérez Vivas

Si algo está quedando claro, en estos tiempos de mengua de la venezolanidad, es la falsa ética de la izquierda militarista venezolana. La magnitud, descaro y complicidad del robo más cuantioso de la historia del hemisferio occidental, realizado desde el poder de un estado, está sacudiendo nuestra conciencia de nación, y está poniendo a prueba el sistema de justicia de varios países del mundo.

El asalto a las finanzas públicas fue un acto deliberado, planificado y montado por Hugo Chávez, para controlar y extorsionar tanto a su entorno, como a la camarilla militar que le servía de soporte a su proyecto de poder total.

Con el cuento de la unión “cívico-militar”, sacó a los militares de sus funciones específicas de seguridad y defensa de la nación, para convertirlos en administradores y ejecutores de un plan de obras, con las cuales se inició la danza de los millones en cuarteles y guarniciones. Eran los días iniciales de “la revolución bolivariana”, cuando Chávez monta el “Plan Bolívar 2.000”. Plan de obras para que un sector de oficiales de alta y mediana graduación, manejaran al margen de la ley, y sin control de nadie, cuantiosas sumas de dinero, en obras. Muchas de ellas no se hicieron, o se ejecutaron de forma incompleta, o se hicieron de mala calidad.

Recientemente en un Centro Comercial de Caracas, un oficial retirado de la Fuerza Armada, cuya carrera transcurrió básicamente en el área de inteligencia, me comentaba la magnitud de aquella estafa. Su organismo (la inteligencia militar), por su conducto, presentó al mismo presidente Chávez, un informe detallado de los robos perpetrados por importantes jefes militares en la ejecución de ese plan. El informe ofrecía detalles de obras ficticias, sobreprecios, súbitos enriquecimientos, y tramas de corrupción con el famoso Plan Bolívar 2000. Chávez usó el informe para chantajear a aquellos oficiales. Todos, luego, ascendieron a los más altos grados. Aquel oficial entró en desgracia, por haber informado sobre los resultados de su investigación.

Aquel Plan Bolívar 2000 es la señal de partida de la gran estafa nacional. Y lo grave es que tanto Chávez, como todos los “inmaculados” líderes de la revolución estaban al tanto de aquel inicio. Ni José Vicente Rangel, Ni Isaías Rodríguez, ni Jorge Giordani, ni Closdovaldo Rusian, ni Eleazar Díaz Rangel, ni ninguno de los prohombres del “socialismo del siglo XXI” reclamaron el silencio y la inacción de Chávez con aquel desfalco. Ningún parlamentario del MVR de entonces, o del PSUV después, promovieron investigación alguna;por el contrario obstruyeron y negaron toda investigación o interpelación, en el seno de la novel Asamblea Nacional.

Todos los discursos y escritos sobre una supuesta “ética socialista”, se convirtieron en letra muerta. A todos estos personajes solo les interesaba mantener su conexión con el poder, su amistad con el “comandante”. Para nada, decir una palabra, sobre aquel comienzo del cáncer, que ahora ha hecho metástasis total, ante los atónitos ojos de nuestra sociedad.
No cabe duda, el principal responsable de este monumental desfalco a las finanzas de la nación, fue Hugo Chávez Frías. El estimuló, toleró, encubrió, calló esos robos. Él sabía que sus colaboradores estaban saqueando el tesoro de la nación, y miró a otro lado.
El tema de la corrupción ha estado, está, y estará presente en la vida pública y privada de toda sociedad. En la nuestra, con mayor fuerza. Lo grave es cuando la autoridad lo hace, o cuando en conocimiento de su existencia, no toma las medidas necesarias para sancionar y corregir el delito.

A esta fecha, el vicio de el Plan Bolívar 2000, se extendió a toda la administración del estado. No hay empresa pública, ni dependencia oficial, donde no hayan arrasado con el patrimonio público.

PDVSA, las empresas de Guayana, bancos, empresas del estado, y sobre todo el fisco nacional que recibió la más cuantiosa suma de millones de dólares de toda nuestra historia económica, fueron saqueados, aprovechando el control de cambio, y el discurso populista de “las misiones”. Detrás de cada misión hay un robo multimillonario,