Opinión
La gerencia, la inteligencia artificial y el empresario del siglo XXI
lunes 2 febrero, 2026
Hogan Vega y Dorli Silva.
Como empresarios, comerciantes, profesionales de diversas áreas, emprendedores, entre otros, ¿qué se observa a diario? La rapidez con la que surgen y a veces desaparecen empresas, clientes, mercados, competidores, usuarios de servicios, y otros. Las empresas se reestructuran y se renuevan para no quedar sin mercado, obsoletas sin poder de competencia; todo se vuelve disfuncional. De ahí que, hablar de gerencia, gestión y ahora la inteligencia artificial (IA) nos abra las puertas del siglo XXI.
Por lo tanto, la gerencia es un proceso estructural (organizacional), es un proceso administrativo; en cambio, la gestión es un proceso inmensamente más amplio, tanto que podemos considerarlo como un proceso humano. La gestión incluye la gerencia y el liderazgo. La base de la gestión está en las habilidades, talentos y actitudes de liderazgo de su gente. Por consiguiente, la gerencia estratégica es una conceptualización general de la gestión, se pudiera decir, que consiste en ese proceso que envuelve los momentos de planificación, seguimiento, análisis y evaluación de todo lo que es necesario para que una organización pueda cumplir con sus metas y objetivos.
Al mismo tiempo, la gestión estratégica es un proceso cíclico mediante el cual un liderazgo comprometido se involucra en la formulación de los planes estratégicos, participa activamente en la ejecución de las formas de acción, supervisa el cumplimiento de los objetivos y rectifica el curso de las acciones en atención al alcance de las metas y objetivos. Mientras tanto, usted, que ha ingresado al mundo de la alta gerencia, no puede permanecer al margen del cambio, en pleno siglo XXI, con la IA y la era del conocimiento. En efecto, el conocimiento no es lo que causa el cambio, sino la aplicación de ese conocimiento.
En otras palabras, desde el punto de vista gerencial, esto implica desarrollar una visión integral del negocio; se debe ser capaz, no solo de conocer y evaluar el funcionamiento interno de la empresa, es necesario entender y manipular los factores externos que influyen sobre su empresa y su área de negocios. De modo similar, la competencia, a su alrededor, también tiene la información y la misma fluye rápidamente, bien sea que se trate de tecnologías, herramientas o prácticas. Los recursos que no aproveche pueden afectarlo desventajosamente, cuando otros se valgan de ellos y lo dejen excluido.
Es decir, hoy día se presentan una gran variedad de alternativas, a causa del conocimiento y las IA derivadas de él. El mundo actual es complejo, pero, ¿qué pasa, si usted se encuentra preparado? Lejos de ser un obstáculo, esto puede ser una plataforma de despegue. Como alto gerente, enfóquese en evaluar, aprender y asumir las prácticas más óptimas, las herramientas más efectivas y las tecnologías y técnicas más adecuadas a sus metas. Conozca las opciones factibles para suplir sus necesidades y, a la vez, haga de su experiencia y de su conocimiento la alternativa de la excelencia para los demás.
Sin duda, otro elemento es el factor tiempo: El ritmo cotidiano transcurre con tanta velocidad, que pareciera que el reloj ahora va más rápido. Si la rapidez con la que se moviliza la actualidad lo estresa, es un aviso de que debe evolucionar, para poder mantenerse en este ambiente cambiante. El estrés es un mecanismo natural, inherente a todos los organismos vivos, que cumple con la función de indicarles la necesidad de adaptarse a nuevas condiciones, a fin de sobrevivir al medio. Ahora bien, debe ser consciente de que las exigencias de su entorno ameritan de prontas respuestas, de forma tal que le permitan optimizar procesos. Identifique las áreas y funciones de su negocio susceptibles a la automatización, determine mecanismos que le permitan reducir la inversión de tiempo, apóyese en las herramientas adecuadas para cubrir sus requerimientos, sea efectivo y eficiente en su gestión. Quienes marchan a la velocidad del progreso, no sienten que la premura los atropella. Como en la naturaleza, también, los sistemas sociales y económicos se rigen por la ley de la supervivencia: Solo triunfan los más aptos.
Sobre la base de las ideas expuestas, el triunfo en este mercado disfuncional pertenece a quienes ven la complejidad como una plataforma, no como una barrera. Ser el “más apto” hoy significa ser un aprendiz perpetuo que combina la frialdad de los datos (IA) con la calidez del liderazgo humano (gestión). La excelencia es el resultado de convertir la experiencia acumulada en soluciones innovadoras para un mundo que no se detiene, donde la esencia del liderazgo contemporáneo, no solo es la adaptabilidad una ventaja competitiva, sino una condición de supervivencia. En este escenario de alta velocidad, la distinción que se hace entre “gerencia” (lo estructural) y “gestión” (lo humano y estratégico) es fundamental para entender por qué algunas empresas prosperan mientras otras desaparecen.
Al comparar, el rol del alto gerente frente a la inteligencia artificial y la gestión estratégica.
Mientras la gerencia se encarga de que los engranajes funcionen, la gestión estratégica se asegura de que la máquina se dirija al lugar correcto en un terreno que cambia constantemente. A diferencia, el conocimiento por sí solo no genera cambio; es su aplicación lo que marca la diferencia. En el siglo XXI, la inteligencia artificial actúa como un catalizador de este conocimiento, donde el gerente actual debe usar la IA no solo para optimizar lo interno (procesos, costos), sino para decodificar lo externo (tendencias de mercado, movimientos de la competencia). Hoy la información fluye para todos. La ventaja ya no es tener el dato, sino saber qué hacer con él antes que el resto.
Del mismo modo, el estrés como indicador biológico de la necesidad de evolución es brillante. En el mundo empresarial, el “estrés organizacional” se manifiesta cuando los procesos antiguos chocan con las demandas nuevas. Esta situación, nos impulsa a buscar nuevas rutas hacia la eficiencia: Iniciando con la identificación, al localizar cuellos de botella y tareas repetitivas; la búsqueda de la automatización, al delegar en la tecnología lo mecánico para liberar el talento humano hacia lo creativo; y la optimización, al reducir la inversión de tiempo para aumentar la capacidad de respuesta.
En consecuencia, el escenario empresarial es un sistema dinámico, donde la interrelación de las partes modela la integridad del todo. Esto quiere decir, que es un sistema en el que cada uno de los elementos interactúa sobre, con, desde y a la vez es influido por los demás elementos y por el conjunto en general. Recuerde que no existen sistemas aislados.
Desde el punto de vista interno de una empresa, implica que la gestión gerencial interviene y es intervenida por las áreas que maneja, así como por el resto de las unidades del negocio. Con respecto, al punto de vista de los factores externos a la empresa, tenga presente diversos principios y mecanismos legales, políticos, económicos, tecnológicos, sociales y clientes, pero sus efectos inducen a cambios, opciones y manejo acertado del tiempo.
En términos generales, cuando hablamos de la gerencia (estructura), nos referimos a las funciones básicas de planificar, organizar, dirigir y controlar; si hablamos de gestión (humano), hablamos de liderazgo, talento, cultura organizacional y visión; y si hablamos de gestión estratégica (ciclo), hablamos de un proceso vivo de formulación, ejecución, supervisión y rectificación constante.
En este sentido se comprende lo importante del liderazgo, como el proceso estrictamente humano e irrenunciable, que no implica una rotura, sino un compromiso, una responsabilidad y una obligación en alinear los objetivos colectivos con los objetivos particulares. Siendo las cosas así, resulta claro tener un liderazgo estratégico, centrado en el subordinado, donde el gerente define los límites de autoridad a sus subordinados, conocido como una gerencia participativa, que propicia la creatividad y responsabilidad en el equipo de trabajo, involucrándolos y comprometiéndolos con la gestión de la unidad. Por ejemplo, el liderazgo de la manada de los lobos, al igual que en los equipos humanos, se basa en que el líder establece el ritmo y la dirección, pero su éxito depende de formar seguidores capaces y motivados. Un buen líder protege, enseña y une al grupo, convirtiendo los esfuerzos individuales en un objetivo común.
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