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La inocencia echada al mar

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Por Gerardo Méndez.

Nuestros connacionales continúan abandonando Venezuela, para huir de la violencia generalizada, el alto costo de la vida, la falta de alimentos, medicamentos y de servicios públicos. Alrededor del mundo se encuentran distribuidos 5,4 millones de venezolanos, según cifras actualizadas de la Coordinación para los Refugiados y Migrantes acreditada por ACNUR. De las 5,4 millones de personas con nacionalidad venezolana, que han decidido buscar mejores oportunidades y condiciones de vida en naciones extranjeras, 24.000 se encuentran actualmente en Trinidad y Tobago, de las cuales el 50% están en situación “irregular”, de acuerdo a lo emitido por el Gobierno trini-tobaguense.

El pasado domingo 22 de noviembre, las autoridades migratorias de la isla caribeña deportaron forzosamente a 27 venezolanos por encontrarse en situación “irregular”, echándolos al mar en 2 balsas, sin respeto alguno a la dignidad humana, e integridad física. La travesía del desprecio incluyó el abordo de 16 niños, que nunca han debido ser expuestos de tal manera por su situación migratoria; 48 horas después de encontrarse en altamar, a la deriva, con destino incierto, a merced del clima, y afectados por la deshidratación avanzada; autoridades costeras los devuelven a costas trinitarias bajo una orden judicial, y los arrestan a la espera de la resolución sobre sus estatus migratorios.

La agresión no fue devolverlos a la isla, sino deportarlos de manera forzosa, constituyendo así, una gravísima violación a los Derechos Humanos, manifestada en la comisión de Crímenes de Lesa Humanidad por parte del Gobierno de Trinidad y Tobago. Los niños no deben ser deportados a la fuerza por razones migratorias, nunca olvidemos que siempre debe predominar el interés superior de los niños, su protección y el respeto a su dignidad, como consideración básica en toda decisión. Se ha violentado el Estatuto de Roma, la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, la Convención sobre los Derechos del Niño, y el Protocolo para Desplazados y Refugiados. Todos instrumentos de Derecho Internacional, que los países se dieron para ser libres, vivir en paz, y con dignidad ciudadana. Los Gobiernos que los quebranten, debe asumir sus responsabilidades ante la justicia internacional.

Existe un indiscutible problema de fondo, que ha desembocado todos estos desencuentros para nuestros ciudadanos, y es la profunda crisis política, económica y social ocasionada por la tiranía de Nicolás Maduro. Este régimen militarista, de retórica marxista, que finge ser democrático, pero que es un verdadero monstruo que no termina de morir, aferrado a nuestras vidas; ha causado el lamentable flujo migratorio de la última década.

Previo a la llegada de la barbarie roja, los venezolanos salían de nuestro país únicamente con finalidades turísticas, aunado a que éramos una República ampliamente receptora de personas desplazadas de sus lugares de origen, a causa de los horrores cometidos por los regímenes totalitarios que inundaron a Europa y América en la 2° mitad del siglo XX, así como receptores de personas provenientes de países hermanos, dentro de los que se encuentran Colombia y Trinidad y Tobago. La xenofobia y la discriminación nunca se nos inculcó, ni fue materializada por los gobiernos democráticos venezolanos, en el haber nacional siempre hubo apertura a nuevas culturas, y oportunidades para todos sin distingo de nacionalidad, raza, o credo.

Las realidades sociales juegan un papel inverso en estos momentos, al acostumbrado históricamente, hoy nos toca a nosotros ser los migrantes, somos quienes salimos de nuestro país, no porque queremos, sino por grandes necesidades, a soportar las calamidades del desprecio y los malos tratos. Tengo plena convicción, que si no fuera por las profundas carencias que estamos padeciendo como ciudadanos en todos los aspectos de nuestro ser, nadie se iría de este hermoso país, que está profundamente arraigado en el alma de los venezolanos, por su grandeza ejemplar, por su hermosa riqueza territorial, y por la humildad, y bondad de sus nobles hijos.

 

 

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