domingo 23 enero, 2022
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La Navidad comienza con el Adviento, no se puede adelantar

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Carlos Casanova Leal

La pretensión de adelantar la Navidad, con la declaración que realizan los comunistas desde el gobierno, aun cuando parezca ser un mensaje ingenuo, no lo es, tiene su propósito bien definido. La revolución no solo es un cambio o sustitución del modelo político y económico, es también, y más importante, un cambio en los valores de la sociedad.

Si a la sociedad le cambian sus valores, le cambian su destino, de ahí la razón del por qué la revolución, cuando aprueban sus leyes, indica que su finalidad es la edificación en la sociedad de los valores socialistas, que representan la sustitución de los valores democráticos.

La Navidad comienza con el Adviento y representa la llegada de Jesucristo, el último domingo más próximo al 30 de noviembre, y termina el 24 de diciembre. La razón fundamental por la que el régimen de Maduro nuevamente anuncia el adelanto de la Navidad, es para desconceptualizar y descontextualizar los valores cristianos.

Uno de los objetivos de la revolución plasmados en los planes de la Patria presentados como ley, presentado en sus propias palabras, “busca traspasar la barrera del no retorno”, esto es, hacer irreversible el tránsito que los lleve a consolidar la revolución socialista.

La Constitución bolivariana define su sistema económico, y en la letra y artículos se desprende que estamos en presencia de una economía social de mercado, en su pleno desarrollo, es un modelo económico ciertamente, pero es a su vez una forma plena de vida social que recoge los valores.

Ahora bien, los fundamentos sobre los que descansa el socialismo llamado del siglo XXI, en conceptos y valores, son contrarios a los valores que encarna la actual Constitución. La revolución, en su prédica contra el capitalismo se lleva por delante todo modelo económico, político y social que no sea del socialismo marxista, que no pregona pero que sí impone.

Lo cierto es que tanto a Cuba como a Venezuela, bajo el manto revolucionario del socialismo comunitario, nos han hecho ser sociedades en las que los parecidos son gemelos en la pobreza y en los valores que engendra.

Para que la revolución llegue a sustituir los valores propios por los valores socialistas requiere que pase una generación, en el caso de Venezuela se hizo acompañar de un cambio de Constitución y, con ella, de institucionalidad, que desde el primer momento estuvieron al servicio de la revolución, que implica a su vez un mismo cambio.

Aquí me detengo un momento para señalar que el Estado Democrático de Justicia y Derecho no se consolidó en razón de que fue usado para el montaje del Estado paralelo, la revolución requería, y lo logró, desestructurar la sociedad para poder sustituir los valores institucionales en valores colectivos, imponiendo la idea de la dictadura de mayorías.

Con ello, la hegemonía cultural, que pasa por derrumbar el Estado Democrático, luego que esté en ruinas, y sobre ellas edificar el socialismo, en ese mismo proceso existe una sustitución de valores.

La tarea política, hoy más que nunca, debe ser educadora y formadora, para que el ciudadano entienda y no se deje cautivar por los hechos que lo están transformando, sustituyendo sus valores por la imposición que de manera invisible adopta, cambiándole desde ya su destino como sociedad y, por supuesto, su destino personal ya es otro.

Dios bendice a Venezuela.

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