Opinión
La voz de la Madre al corazón venezolano
domingo 4 enero, 2026
Pedro Morales
Este artículo se inspira en los videos “Himno a la Real Presencia – Adoración y entrega al Dios vivo” (ver video) y “La voz de la Madre al corazón venezolano” (ver video), cuyas imágenes y melodías han encendido en mi interior la reflexión que aquí comparto.
En los albores del año 2026, la verdadera grandeza no reside en la acumulación de glorias efímeras, sino en la valentía de quebrarse ante lo eterno en un acto de postración absoluta frente a Jesucristo. Como estudioso de la esencia del ser, entiendo que besar la tierra con la frente no es un signo de derrota, más bien la rendición del ego ante el Rey de Reyes para que Su poder tome el mando de nuestras fuerzas agotadas. En ese silencio sagrado del cuerpo humillado, la fe se revela como la forma más alta de inteligencia, enseñándonos que el milagro no es pedir que el mundo cambie por arte de magia, sino permitir que nuestra voluntad se alinee con la Suya, convirtiendo el sudor y el sacrificio en la única “economía” que no se devalúa: la del espíritu.
Esta entrega se vuelve bálsamo bajo el amparo de la Santísima Virgen María, auxiliadora y consoladora, quien desde su trono de flores nos lanza un “mandato que el alma inflama” para nuestra liberación espiritual. Su voz, un eco celestial que une a Lourdes, Fátima y Coromoto, nos recuerda que no estamos huérfanos y que el milagro más grande no es pedir sin razón, sino transformar nuestra vida en una plena oración de conversión. Es imposible contener el llanto de emoción al sentir que, mientras estamos postrados en el polvo del camino, Su mano maternal nos sostiene, legitimando nuestra lucha y asegurándonos que el Rosario es nuestra defensa y Su amor absoluto el único faro infinito que disipa la oscuridad en nuestras vidas.
Hoy comprendemos que lo invisible es lo único que permanece: lo que entregamos es lo único que realmente poseemos. Respetado lector, que este inicio de año sea el momento de ratificar que su oración es su acción más poderosa, el arma que nos conecta como una sola familia humana bajo un mismo manto de protección. Llore de alivio, pues cada lágrima derramada en la postración es el sello de una redención que estremece los cimientos del alma y devuelve la felicidad verdadera. Que su paz sea el faro para quienes aún caminan en las sombras, sabiendo que en nuestra fragilidad somos amados con una fuerza divina que nos invita, finalmente, a caminar juntos hacia la luz.
Al final, el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María triunfará.
Referencia:
Morales, P. (2026, enero 3). Salud y armonía: el inicio de la transformación interior. Publicado en: El Nacional https://www.elnacional.com/2026/01/salud-y-armonia-el-inicio-de-la-transformacion-interior/
Misión Eucarística para la liberación espiritual “Salve María Auxiliadora, economía de la salvación y de la felicidad verdadera”
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