Opinión
Las redes sociales y el pensamiento Alicia
jueves 9 abril, 2026
*Rocío Márquez
Alicia cae por una madriguera siguiendo a un conejo y termina en un mundo donde todo funciona de manera extraña, pero nadie parece cuestionarlo demasiado. Las reglas cambian, lo ilógico se vuelve normal, y ella, poco a poco, se adapta. Algo de eso hay cada vez que entramos a las redes sociales.
Pensamiento Alicia
El filósofo Gustavo Bueno plantea el pensamiento Alicia para describir esa tendencia a quedarnos con la versión de la realidad que mejor nos hace sentir. No es que neguemos lo que pasa, pero sí lo suavizamos. Elegimos lo que encaja, lo que no incomoda. Y las redes sociales potencian eso.
Ejemplo de ello es la vida que se suele construir en las redes sociales. Lo que vemos ahí no es la vida completa de nadie. Son partes: fotos elegidas, momentos felices, opiniones más bien simples. Todo bastante ordenado. No es falso, pero tampoco es toda la historia.
¿Hay algún problema con eso?
El problema aparece cuando empezamos a tomar eso como referencia. Cuando comparamos nuestra vida —más desordenada, más real— con esas versiones editadas.
Además, en redes lo que más circula no es necesariamente lo más cierto, sino lo que más emociona. Si algo nos representa o nos impacta, lo compartimos. No siempre nos detenemos a comprobarlo. A veces basta con que “se sienta” verdadero.
Así se va armando una especie de realidad paralela. Un espacio donde todo parece encajar, siempre que no miremos desde cerca; y, como le pasaba a Alicia, mientras estamos ahí adentro, todo tiene sentido.
Se consume una idea de vida —éxito, felicidad, plenitud— ya terminada, como si fuera un estado accesible de forma inmediata. Se ve el resultado, pero no el proceso. Y lo más importante: se empieza a creer que desearlo o representarlo es casi equivalente a construirlo.
Ahí entra de lleno el pensamiento Alicia. Porque lo que hace este tipo de pensamiento es acortar el camino entre lo que es y lo que se quiere que sea. En lugar de asumir el esfuerzo, las contradicciones o los límites, se sustituye todo eso por una narrativa.
Las redes refuerzan esa ilusión. Muestran resultados, pero no procesos. Y eso genera una especie de fantasía accesible: vivir como si ya se hubiera llegado, sin haber recorrido el camino.
Por eso también aparece cierta frustración silenciosa. Porque, en la práctica, la realidad sigue teniendo fricción. Las cosas llevan tiempo e implican errores.
Desconexión con la materialidad
Desde la mirada de Gustavo Bueno, esto no es menor. Es una forma de desconexión con la materialidad: creer que lo que se muestra puede reemplazar al proceso real. En otras palabras, se quiere el resultado sin atravesar el camino.
Ahí está el punto clave. No hay problema en imaginar o en aspirar. El problema aparece cuando esa imaginación sustituye la acción, o cuando borra todo lo que hace falta para que algo ocurra de verdad.
Porque, a diferencia del cuento de Alicia en el país de las maravillas, en la vida real no hay atajos mágicos.
Cada publicación es una elección
No hace falta irse de las redes ni ponerse en contra. Pero sí conviene usarlas con un poco más de cabeza.
Tener presente que cada publicación es una elección. Que nadie muestra todo, porque la realidad, la de verdad, no es tan ordenada ni tan perfecta; tampoco viene editada. Y eso, aunque a veces incomode, también tiene su valor.
*Comunicadora social. Doctora en Ciencias Humanas. Profesora en la Universidad de Los Andes, Táchira.
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