martes 31 enero, 2023
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Los 60 años de la Escuela de Bellas Artes de San Cristóbal

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Néstor Melani

Fui el pasado 3 de noviembre, por invitación del profesor Walter Buitrago, director, y la gestión del maestro Miguel Moreno Morelani, a un conversatorio en memoria a los 60 años de la Escuela de Bellas Artes “Valentín Hernández” de la ciudad de San Cristóbal. En el lugar de La Guayana, donde junto a profesores, alumnos, amigos e invitados, pude expresar mis sentimientos a la academia de las artes plásticas, quien en seis décadas ha sido el inicio de generaciones para entender la pintura, invocar el dibujo y formar de amor el sentido de la escultura. El grabado, la fotografía, y lo místico de las culturas. El arte de la imagen y la pertenecía del fuego. Allí esa tarde, el filósofo y sexólogo Cruz Yayes nos acompañó y desde los sentidos de obras expuestas estaban los lienzos de maestros, cuando muy antes Morelani, de la disertación me llevó a contemplar una obra del profesor Elzer Becerra, entre la afinidad al austriaco James Enzor. Mientras unidos a los recuerdos el Dr. Raúl Rangel, el abogado Homero Pérez, la poesía y los secretos de la catedral, el poeta Manuel Rojas. De la hermosa pedagoga Fátima Duque, el bienvenido de España Dr. Farnecio Molina, el académico Miguel Ángel Márquez, el maestro Jorge Santana y Alfonso Martínez, insignes profesores de arte; el arquitecto Ítalo Méndez Mora, la Licda. Adelina Belandria, esposa del maestro Miguel Morelani; mi esposa, profesora Carmen Vittoria García, y una joven profesora directora del protocolo.
Siendo un honor para mí sentir de soñador, más de pintor, en un volver a describir sobre la idea lejana del poeta Arturo Croce, siendo director de cultura del Ministerio de Educación, comisiona al muralista venezolano Gabriel Bracho para fundar una escuela de arte en San Cristóbal, tiempos de 1959. Y desde las grandes voluntades Gabriel Bracho le propone la idea al pintor y muralista Elbano Méndez Osuna a viajar a San Cristóbal para crear una academia de bellas artes. Ya Méndez Osuna venía de la escuela francesa de Andre Lhote, y de acompañar a David Alfaro Siqueiros en Chile, donde el muralista mexicano pintó, en su exilio en su liceo de Chillan las obras de un “Grito de América”, hoy declaradas por la Unesco como patrimonios de la humanidad y siendo su ayudante Elbano Méndez Osuna. Entonces nace la Escuela de Bellas Artes, es 1962, siendo director de Educación y Cultura del estado el profesor y escultor Valentín Hernández. Y Elbano Méndez Osuna se convierte en su primer regente, entre modelos a la manera de Francia y propuestas de pintar al natural, como de memorias el cantó del barro para hacerse de magia escultores. En un manifiesto grande, de una época de oro, donde vinieron maestros de la calidad de Jacobo Stiman, holandés; el español Juan Ferrer Roig, el colombiano Zamudio, la cucuteña María Merchán y hasta Manuel Osorio Velasco, cronista de la imagen. Es donde se habla de las importantes manifestaciones del arte en un Táchira que hacía de una juventud el clamor del “Mayo francés” y de las corrientes de arte venezolano, aun de la escuela de Caracas y el manifiesto de La Cueva Pictolírica, con las fuerzas juveniles de Freddy Pereyra, el credo de Pablo Mora y las fuentes eternas de Ilia Rivas de Pacheco. Del recuerdo de Pedro Pablo Paredes, cuando Jesús Alviarez soñaba sus multitudes. Desde el imponente espiral de La Unidad Vecinal con el vuelo arquitectónico de Fruto Vivas y de los conflictos políticos de un estado vestido de una urgente necesidad a la otra esperanza.
Lo dije: Hablé de la pintura de Cormani, de los frescos desaparecidos de la casa Paolini, como de la virtud hecha del arquitecto Rafael Pino Farías, destruidas entre las ignorancias. Y de reminiscencia dejé ver cómo mi padre, Pepe Melani, me enseñaba a descontar las formas dibujando. Me atreví a describir las lecciones de Pedro Mogollón, entre parafrasear al Moisés de Miguel Ángel Buonarroti, entendiendo las lecciones de Miguel Ángel Sánchez, aun cuando Isabel Galfaro describía el rojo de las memorias del fuego y Rafael Ulacio Sandoval venir de Paraguaná y de haber sido compañero de Francisco Hung, el maravilloso “Chino” dueño del informalismo latinoamericano. Como de escuchar las lecciones del dibujo de estatua y entender a José Campos Biscardi hacer un camino de ideales, mientras Luis Alfredo Suárez crear un sentido de inquietudes, de Morelani hacerse profesor de un sueño y Theo Mora el más inmenso naturalista venezolano, hacedor infinito como Manuel Cabré, sin olvidar lo sublime de Eduardo Rey, dueño de los secretos del Ávila muy desde Luis Alfredo López Méndez y Pedro Ángel González. De Arecio Moncada, pintando más grande que la escuela larense. Y de Raúl Sánchez conquistar a Roma, para ir a la Bienal de Venecia y decirlo en los bronces de Silvestre Chacón, entre la restauración de “María Lionza” de Alejandro Colina y entender que muy después un alumno llamado Mario Sánchez convertido en un interesante pintor y escultor. Ver entre las grandes de Freddy Ontiveros, en los violetas de Celeste Morlés, en las dimensiones de Valore Carrero, donde José Rosales Caro convertido en maestro, encontrando a Guidaly Castro, para leer a Eudes Carrero y adivinar las noches junto a Martín Barrios, entendiendo lo hermoso de Pedro Barrientos, en plegarias a Ciro Rivas, Jesús Rojas, Pompilio Sánchez y Ciro Zambrano. Saberme entre la dimensión poética de Ernesto Román Orozco graduándose de pintor. Sin olvidar a tantos, alumnos interesantes, desde Benigno Ali Mora, Enrique Ortega, Gerardo Duque, y la pureza hermosa de Belkis Candiales donde un día fundó el Museo de Artes Visuales. Describir entre los tepuyes de Guayana en los lienzos de Jorge Santana, la pureza inmensa de ser artista y profesor. Cuando de recuerdos Alfonso Martínez, maestro aún, lleva las lecciones de Pedro Centeno Vallenilla. Mas desde el libro de Rubén Darío Becerra, como una oración grande y sagrada.
Y entre muchos la huella del arte de los millares de alumnos haciendo caminos. Invoqué a Salvador Montaner, consagrándose en la sublime abstracción del sonido poético, como si Pollok caminara en su estudio. Hablé de la necesidad de convertir un manifiesto para que la Escuela pueda ser ya entre lo justo y humano una Universidad de las Artes, y no de retorno en un abecedario, para devoverle los sentidos de su fuerza que consagró el valor de un ideal hecho por la cultura. Volví y hablé de los vitrales de Leonel Durán. Mientras me encontré con el Panteón de Roma entre mis viajes y le ofrendé a Miguel Ángel Márquez, como en aquel templo de historias, durante quinientos años, en la tumba de Rafael Sancio, donde cada día aparece en el mármol un clavel rojo. Describí a Humberto Jaimes Sánchez, diciendo de Hugo Baptista con sus “Barcas de Amterdam” y de Francia con Vassily Kandisnky. Fue en mi ser, de pedirles que se le coloque algún día una placa, en Barrio Obrero, donde existió el taller de Manuel Osorio Velasco. Entre la invitación a la defensa de los artistas, desde la obra de Eduardo Carrero y de saber en lo más humanista de Agustín Guerrero, el más grande maestro naturalista, como si de un Gustavo Courvit en la Francia de los postimpresionistas, de igual Agustín hizo un sacerdocio de arte en el estado Táchira.
Hablaron los sueños y lloraron los recuerdos. Pedí al Consejo Académico, a través de la institución, poder conceder un título postmorten a tantos artistas, en especial a Agustín Guerrero, quien hizo de su mundo un universo verdadero de arte…
Terminé invocando a Vargas Vila en San Cristóbal, cuando aún entre olvidos, en la Escuela Bustamante de La Ermita, en 1913, Marcos León Mariño dictaba clases de dibujo. Extrañé la asistencia del profesor Carlos Clavijo, director de Educación del estado.
Muy después “Un Perforan, teatro y danza, representó la súplica. Y niñas de la escuela sevillana; contaron los acordes del “Cante Hondo” entre abanicos… la heredad de España.
Los amigos agradecieron los sueños y la tarde se hizo de encantos al volver a la Escuela donde entre viejas ilusiones adoramos los colores…
Fue de amor, mi 39a conferencia para volver a pintar, más adentro de la musicalidad de un verso…
Desde 60 años de un mundo…
¡Con mi agradecimiento!

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*ARTISTA NACIONAL.
*PREMIO INTERNACIONAL DE DIBUJO “JOAN MIRÒ 1987. BARCELONA, ESPAÑA.
*DRAMATURGO.
*CRONISTA DE LA GRITA.
MAESTRO HONORARIO.
DOCTOR EN ARTE.
PREMIO NACIONAL DEL LIBRO 2021.

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