Opinión
¿Luz por gas? retorno al neolítico energético en la frontera
miércoles 4 marzo, 2026
Gerardo Méndez
Para que un país funcione, se deben establecer, al menos, como condiciones mínimas, que la educación, la salud y los servicios públicos marchen sin necesidad de vivir tanta calamidad como es el caso de Venezuela, que durante 26 años ha sufrido un grave deterioro del sistema escolar, su infraestructura, sus programas educativos y las condiciones salariales de sus maestros; ni hablemos del sistema de salud, con hospitales en abandono, déficit considerable de insumos médicos básicos, y aunque contemos con ejemplares profesionales de la medicina, otrora incorporaron médicos cubanos, sumado a la desmejora de las condiciones salariales y de oportunidades para los nuestros; y la joya que le faltaba a la corona: Los servicios públicos, específicamente el sistema eléctrico, del cual vamos a hacer algunas consideraciones.
Venezuela cuenta con un complejo hidroeléctrico de gran escala, con proyectos ambiciosos y privilegiados representados por varias centrales, embalses y obras de ingeniería conectadas geográficamente (Eje del Caroní y el Eje Andino/Occidental). Ahora bien, es una lamentable realidad que Venezuela, teniendo un complejo hidroeléctrico privilegiado, ejemplo o envidia para otros países, haya vivido tanto infortunio durante muchos años en cuanto a las fallas en el suministro de energía eléctrica. No podemos dejar de recordar personas durmiendo en azoteas, personas pidiendo gasolina para las plantas eléctricas de hospitales, o simplemente la desidia e incertidumbre que representa estar a la expectativa de algo tan elemental, o que debiera ser elemental para cualquier país.
El mal nunca fue el fenómeno de El Niño ni las sanciones, parece mentira, pero la falta de mantenimiento de turbinas y generadores “el corazón”, tuberías y compuertas “la vena”, sistemas de control y protecciones “el cerebro”, obras civiles y embalses “la piel”; ha sido el gran mal. Todo ello es un engranaje que debe funcionar en perfecta armonía, tal cual el cuerpo humano. Ahora, vemos de manera pública y comunicacional la idea de generar “…planes para construir soluciones técnicas, sostenibles y con visión de largo plazo para garantizar un abastecimiento confiable y mayor desarrollo productivo entre los pueblos hermanos”, refiriéndose al sistema eléctrico, entre la representante pro tempore de Venezuela y actores políticos del gobierno caducante de Petro, donde se propone la comercialización desde Colombia hacia Venezuela de 70 MW, a través de la línea San Mateo–El Corozo, corredor fronterizo Norte de Santander–Táchira, por intermedio de un trueque Luz por Gas, al mejor estilo neolítico. Tras décadas de promesas, el modelo de “trueque” parece un retroceso histórico más que un avance tecnológico.
El Táchira ha venido sufriendo apagones constantes en todo el mes de febrero de 2026. Aunque es el puente de la energía binacional, sus hogares siguen a oscuras. Esto nos lleva a 2 grandes preguntas: ¿Esta “integración energética” es la solución real para el calvario de los tachirenses, o el estado se convertirá en un simple patio de paso para un negocio que no garantiza el fin de los racionamientos locales? Seremos simple patio de paso, porque, retomando la analogía del cuerpo humano, un trasplante de energía desde Colombia no servirá de nada si el cuerpo (nuestra red de distribución) tiene las arterias obstruidas por la falta de mantenimiento.
Los problemas de la energía eléctrica se solucionan con mejoras en la infraestructura energética en general, no con convenios paliativos ni de trueques que nos reducen a meros espectadores de un negocio fronterizo (estructural, no paños de agua tibia). El Táchira y Venezuela requieren la luz que emana de la transparencia, requieren inversión considerable, manejo correcto de los recursos del Estado, instituciones democráticas al frente, y una empresa de energía eléctrica mixta con personal técnico privado plenamente capacitado.
La nueva Venezuela que está a punto de nacer, esa Venezuela de esperanzas, debe devolver a su tierra madre, a todos nuestros ciudadanos que se fueron a otras latitudes sin poder ejercer y aplicar sus capacidades, dentro de ellos muchos ingenieros, biólogos, geólogos, economistas, mano de obra calificada y más, necesarios para reconstruir el país, porque la crisis también es por conocimiento desplazado. De igual manera, debe traer consigo la devolución de la meritocracia y abolición de la burocracia blindada, además de políticas férreas contra la corrupción administrativa. La nueva Venezuela será la potencia que siempre ha debido ser. @gerardomendezgv
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