miércoles 1 febrero, 2023
InicioOpiniónMemorias aurinegras

Memorias aurinegras

135 views

Porfirio Parada *


Cuando “El Loco” Diony Guerra hacía goles en Pueblo Nuevo, en un estadio repleto, celebraba yendo hasta uno de los bordes del campo, lo más cercano a la hinchada, y se quitaba uno de sus guayos y actuaba de la forma más natural como si estuviera hablando por teléfono con él. “El Loco” realmente hablaba por teléfono, estaba en una conversación, mientras la gente extasiada movía sus banderas, saltaban sin cesar, se abrazaban y cantaban al unísono el gol esperado. Su celebración todavía se comenta en las conversaciones en los barrios de aquí. El equipo era dirigido por el técnico argentino Raúl Cavalieri. En esos años, en ese torneo, en esos tiempos, nadie podía con el Unión Atlético Táchira.
Por esa época, las grandes banderas aurinegras con nombres de los diferentes pueblos del Táchira, el estadio lleno una hora antes de iniciar el partido, la recámara lista media hora antes, los aficionados con radios grandes o escuchando en audífonos, sintonizaban las diferentes emisoras, donde locutores ya estaban en sus cabinas narrando lo que acontecía desde adentro. La fiebre por el fútbol y por los colores amarillo y negro que representa la idiosincrasia de la región. Cuando salió el equipo, todo fue fiesta y celebración; uno de los jugadores, Rubén Yori, sorpresivamente ingresó al terreno con el cabello pintado de aurinegro. Pelo rapado, dividido por dos colores. Era una victoria ya ganada antes de jugar por el aguante, por la sed de triunfo, por el calor y el fervor en las tribunas, otra cosa.
Los viajes que realizaban los hinchas para los partidos con Nacional Táchira en Colón. La caravana se iba integrando a medida que recorría los pueblos, carreteras y avenidas, para luego llegar al sitio, donde ya había aficionados aurinegros esperando. Cuando la gente llegaba a Lobatera era una parada fija. Grandes cantidades de carros y motos con sus banderas congestionan el tráfico en el pueblo, mientras esperaban a algunos rezagados, otros descansaban un poco. El estadio de San Juan de Colón era pequeño, varios hinchas no entraban al compromiso y lo veía entre las rejas y arbustos, escuchando narraciones de los locutores que han seguido por años. Ese día Táchira obtuvo el triunfo.
Un recuerdo especial en un partido de Copa Libertadores, cuando Táchira jugó con River Plate de Argentina en el templo. Con horario nocturno. El árbitro tuvo que retrasar el inicio del compromiso por lo menos diez minutos o más por la cantidad de pólvora que salía de las tribunas, llenando de niebla el campo de juego. Las luces de los “siete colores” seguían proyectándose en las gradas, la gente sin haber iniciado el juego, sin saber cómo iba a quedar el resultado final, celebraba solo con ver a su equipo, con su gente, en tan importante compromiso. El respaldo era auténtico, sabían que jugaban con un gran equipo de Latinoamérica, por eso cantaban más. Empataron sin goles. Fue una buena noche.
Vi jugar a Didier Sanabria y a Laureano Jaimes. Didier tenía una pegada fulminante para el contrario. Su zurda llenó de alegría a sus coterráneos, más que ser un jugador de 90 minutos el técnico lo ponía a jugar en momentos, ritmos y circunstancias claves del partido, y él respondía con goles y con su buen trato al balón. Fue un jugador popular en la región. Y si no me equivoco, Laureano Jaimes utilizaba como una especie de aceite en sus piernas cuando jugaba. Lo vi usar la cinta de capitán y ver el respeto que tenía la afición con él, por su trayectoria e importancia como jugador para la institución.
Y ya pasados los años, siguiendo con la pasión aurinegra, estuve el día que la barra sacó dos telones en un mismo partido, en un Caracas–Táchira en el estadio Universitario de la UCV. Fue la primera vez que lo hizo y quedó grabado e impregnado por diferentes aficionados del fútbol en el país a través del televisor. También estuve en las gradas sumergido por una emoción total cuando Javier Villafraz marca un golazo de tiro libre, empatando el juego en Caracas. Yo llevé un trapo que colgamos ese día. Era una cruz aurinegra con forma de ataúd, y se podía leer “Calvario Aurinegro”. Fue un trapo que hicieron unos primos hinchas de Táchira que se reunían en la popular norte del estadio. En ese gol de Villafraz, todo alrededor era felicidad. Luego semanas después me enteré que Villafraz celebró el gol quitándose la camisa y llorando luego que lo abrazaran sus compañeros del equipo.
Han pasado los años y los hinchas del Táchira siguen preguntando por su equipo, revisan las redes sociales para saber cómo van las contrataciones, altas y bajas, para el próximo torneo, conversan con sus familiares, amigos y vecinos, se ríen y hacen chistes sobre algunos jugadores. Recuerdan la historia, épocas y algunas fechas ¿Cuándo volveremos a reunirnos en el Obelisco y ver a los jugadores levantar y mostrar la copa a su pueblo? ¿Cuáles nuevos jugadores llegarán al equipo y se sentirán identificados por los colores que tienen puestos? ¿Cómo vivirán las nuevas generaciones el sentir aurinegro desde sus primeros partidos hasta la actualidad? Mientras tanto, seguimos apoyando al más grande de Venezuela.

*Lic. Comunicación Social
*Presidente de la Fundación Museo de Artes Visuales y del Espacio
*Locutor de La Nación Radio

Encartado Publicitario