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Inicio/Opinión/Notations/ Opus 12/ Alejandro Otero/ El poeta del aluminio y el espacio dinámico. 

Opinión
Notations/ Opus 12/ Alejandro Otero/ El poeta del aluminio y el espacio dinámico. 

viernes 17 abril, 2026

Notations/ Opus 12/ Alejandro Otero/ El poeta del aluminio y el espacio dinámico. 

Elvis Joan Suárez

“Toda mi vida en mi trabajo he tratado de encontrar ese azul y ponerlo en uno de mis cuadros, y nunca he logrado encontrarlo porque es imposible que exista el azul que imagino, siendo en verdad que sale de mi infancia”

En una casita en las afueras de un pueblo, sola y sin ningún vecino alrededor, su piso de tierra y el techo de palma, donde no había aun llegado la luz eléctrica, en ella un niño habita la casa junto a su hermano, su madre que quedo viuda, cuando su esposo se marchó en la búsqueda de la riqueza, porque era el auge del caucho que abundaba en esas tierras, ¡lo picó una araña mona en la cabeza!,- le dijo su mamá al niño. El niño Alejandro, en esa casa respira una soledad, que no ve como una desgracia, sino como una búsqueda de sí mismo. Al acostarse a dormir ve el cielo estrellado a través del techo, este espectáculo es lo único que tiene, de repente escucha que tocan a la puerta, su madre se asusta, quitan el cerrojo de la puerta y ven algo hermoso: dos personas montadas en un caballo, su silueta se ve esplendorosa con el fondo de la noche estrellada y la luna llena, -¿Quiénes son? pregunta Alejandro, -¡son tus tíos! Manuelita y Regino…  su madre los invitó a pasar, prendió una vela, les preparo café; el niño ve que su tío saca una caja donde guarda unos espejos relucientes, con el tiempo sabrá Alejandro que son diamantes, y luego su tío Regino, se quita el cinturón en la cual llevaba unas piedras doradas, y el niño Alejandro inocentemente pregunta: -¿Qué es eso?, el tío contesta:- oro. Sus   tíos compraron la mejor casa de Upata, en la Guayana, al sur de Venezuela, la llamaban la casa del balcón, sus paredes blancas contrastaban con las columnas de maderas y zócalos de color azul, para el niño de 7 años, Alejandro, fue su primer acercamiento a la plástica, todas las tardes se concentraba en el Azurro color, como si le perteneciera, fue amor a primera vista. El niño Alejandro, acudía al teatro de su pueblo a ver el cine de la época, además escuchaba la única mujer del pueblo que cantaba y veía como la iluminaban por detrás con una especie de vidrio que producía un efecto de un rojo intenso. Sus tíos le enviaron de Caracas una caja de lápices de colores, enloqueciendo al niño Alejandro, dibujando todo lo que podía con sus barras amarillas y azules.

 Alejandro Otero, nació en el pueblo del Manteco, a unos 75 kms de Upata, sus primeros años, los paso entre Upata y su pueblo natal, rodeado por el Orinoco y un sol casi inhumano; al cumplir los 18 años viajó a la capital del estado, Ciudad Bolívar. Su madre les dijo en una junta familiar:- “Te vas a Caracas a estudiar pintura a la escuela de arte, lo hemos decidido”, se inscribe en la escuela de Bellas Artes, allí conoce la obra de Cezanne, donde aprendió a descomponer  objetos de la naturaleza, figuras y paisajes,  Alejandro Otero, recibe una beca para viajar a Paris, donde se acerca a la obra de Picasso que lo lleva de la figuración tradicional para  experimentar con el cubismo,  de allí realiza su famosas “Cafeteras”; juntos a otros artistas venezolanos,   crean el grupo: “Los disidentes”  con su respectiva revista, en su manifiesto abogaban por una cambio en la pintura venezolana, que dejara de ser figurativa y paisajística, es decir “Academicista” por una plástica basada en los nuevos preceptos artísticos del momento: “Abstraccionismo geométrico”.  El artista afirma: “Escribiríamos en contra de todo; contra los vicios y las cosas que sucedían en Venezuela y defendíamos a la gente joven y su derecho al desarrollo intelectual”

Es invitado por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva, a participar en la gran ciudad universitaria de la U.C.V; Otero realizó cuatro murales y un vitral. En 1955 comienza trabajar con sus “Coloritmos”, en 1956 participa en la Bienal de Venecia. Alejandro escribía asiduamente para algunos periódicos Venezolanos, allí exponía todo su pensamiento crítico sobre el arte, cuando la crítica de arte: Martha Traba, estuvo en Caracas, lograron escribirse varias cartas abiertas sobre lo que era el arte Latinoamericano. Su “Coloritmo” número 35, obtiene el premio nacional de pintura. En la década de los 60, Alejandro Otero, se concentra en sus esculturas cinéticas, en 1976 la escultura” Abra Solar” fue donada por el estado venezolano al gobierno colombiano. Una de sus esculturas más celebradas: “Delta Solar” fue un regalo del gobierno venezolano a lo Estados Unidos, se instaló en el Jardín del Museo y del Espacio de Washington, está hecha de acero inoxidable y cuenta con unas aspas de aluminio que giran a través de la energía eólica, produciendo un efecto óptico con la luz solar, la estructura tiene forma piramidal sobre hormigón y está erigida sobre un pequeño lago artificial.  El arte cinético de Alejandro Otero se inspiraba primeramente en la vibración solar, el viento y en el paisaje de su pueblo natal en Guayana, como artista innovador veía al arte como un instrumento para expandir la percepción a través de los nuevos materiales como las estructuras metálicas, el acero inoxidable, laca automotriz, así como también de un material que abunda en el estado Bolívar: el aluminio.  En este mes abril del 2026 se inauguró en Caracas en el museo Alejandro Otero de la Rinconada su exposición titulada “Documentaria” donde podemos apreciar una selección del archivo del centro de documentación Alejandro Otero y apreciar documentos, catálogos de exposiciones, que reflejan la vida del artista y su obra, además de observar bocetos y leer reflexiones de Alejandro Otero sobre la búsqueda de su universo y su responsabilidad histórica frente al arte moderno. Alejandro Otero muere en la ciudad del Ávila, en 1990, tal vez encontrando su Azul de la niñez.

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