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Inicio/Opinión/Notations / Opus 23/ Despedida del maestro de la cuarta dimensión: Yaacov Agam

Opinión
Notations / Opus 23/ Despedida del maestro de la cuarta dimensión: Yaacov Agam

viernes 3 julio, 2026

Notations / Opus 23/ Despedida del maestro de la cuarta dimensión: Yaacov Agam

“Mi inspiración viene de mi deseo de dar forma artística al antiguo concepto hebreo de realidad, que difiere esencialmente del de todas las demás civilizaciones”. Yaacov Agam

Elvis Joan Suarez

Un Rabino camina por las calles de Rishon LeZion, va hacia la gran sinagoga, pero un niño de unos 8 años lo acompaña, sus pasos se acercan a la plaza de los Fundadores entre las calles Rothschild y Ahad Ha´am, se acercan a un edificio colonial al estilo Asquenazí, el rabino abre la puerta, el niño contempla la arquitectura sinagogal, ve el arca sagrada, el lugar más importante del templo, un armario muy decorado que es donde se guardan los rollos de la Torá, el texto sagrado para el judaísmo, que guardan los primeros cinco libros de la Biblia, libros que nos cuentan la creación del mundo y la historia de los grandes patriarcas; el niño se sentó en uno de los bancos de madera, mientras su padre el rabino Yehoshua Gibstein, se encontraba en el púlpito, desde allí ,comenzó a leer el Torá mientras el niño solo escuchaba. Era el día donde su lectura dura alrededor de unos 35 minutos, al terminar su padre baja del púlpito, se sienta junto a él, con tono de seriedad le comienza hablar sobre la Cábala, a pesar de no tener aun edad para comprender sobre esta tradición mística, su padre le introduce comentando sobre lo que es el “árbol de la vida cabalístico” saca un libro  del año 1516, el niño se queda admirado con los  diagramas místicos, pero lo que más llama la atención de nuestro futuro artista son los colores que contiene cada círculo, el niño curioso le pregunta: ¿ qué son esos círculos con colores? El rabino le explica: Son los sefirot, que son emanaciones divinas que provienen del Ein Sof, (Dios) es decir la llama, ellos van de arriba hacia abajo, por ejemplo, mira el círculo azul es Jojmá, que representa la chispa inicial, y el círculo rojo que es Gevurá representa la fuerza, la disciplina. Así pasaron toda la tarde el niño y su padre el rabino Cabalista. El niño en su adolescencia se dedicará al estudio de la Cábala y también de la música, estos dos caminos lo llevarán a convertirse en unos de los artistas cinéticos mas reconocidos a nivel mundial. Yaacov Agam aprendió a meditar como lo hacen los rabinos con el árbol de la vida, logró entender como desciende la energía divina al mundo y como elevar su alma a través de los senderos del árbol, buscando lo que los rabinos llaman: “Deveikut” que es un estado profundo de unión y conexión con Dios. El Joven Agam no solo llegó a adentrarse en los sefirots sino también en la música, interpretaba muy bien su instrumento favorito la flauta y además de ser un buen compositor a ratos, en un futuro Agam utilizará la música como medio de expresión para su lenguaje cinético.

Yaacov Gipstein, nació el 11 de mayo de 1928 en Rischon Lezion, creció en una familia con grandes convicciones religiosas su padre era rabino ortodoxo, esto hizo que Agam moldeara su pensamiento artístico y lograra una compresión del universo espiritual, influyó de una manera decisiva en su obra cinética, la realidad para los judíos no es la misma que para otras religiones, para ellos la realidad es invisible y está en un constante devenir, en contraposición a la fijeza del mundo material, si la obra de arte no se transforma, es una obra muerta. En 1946 Yaacov se traslada a Jerusalén a estudiar en la prestigiosa academia de diseño Bezalel, estudiando con Mordecai Ardon exalumno de la Bauhaus, allí aprendió el rigor de la teoría del color, pero en 1949 Agam se muda a Zúrich donde estudiará con el famoso profesor de la Bauhaus Johannes Itten, luego en 1951 se trasladará  a Paris que era el epicentro de la vanguardia artística de posguerra. Fue en Paris donde Yaacov adoptó el seudónimo de “Agam” que en hebreo significa: “Lago”. Su primera exposición individual la realizó en la galería Craven y fue un éxito rotundo, sacudió el panorama artístico de Paris, luego expone en la famosa exposición “Le Mouvement” organizada por Denise René, compartiendo junto a otros artistas cinéticos como: Calder, Soto, Vasarely y Tinguely, esta exposición inauguró de manera oficial   el arte cinético y Agam era uno de sus profetas.

La Obra de Agam no podemos verla desde el punto de vista tradicional, las obras de Agam exigen movimiento, para ello se valió de una técnica que bautizó como: “agamografías” que son superficies en zigzag hechas a través de páneles plegados en donde el espectador se para frente a la obra y camina de izquierda a Derecha, las imágenes ópticas desaparecen y dan paso a otro discurso plástico, para Agam sus obras no son ni bidimensionales o tridimensionales, sino que introducen la cuarta dimensión: el tiempo. Su obra nunca se ve igual depende del ritmo del espectador, de la luz del día y del ángulo de la visión, el público deja de ser un mero observador para convertirse en un co-creador, si el espectador no se mueve la obra queda incompleta. El color no es decorativo en su obra, está dispuesto en secuencias rítmicas que interactúan ópticamente al cambiar la luz o la posición del observador. Agam murió el pasado 21 de junio a la edad de 98 años y se le realizó al día siguiente de su muerte un homenaje público donde su féretro fue expuesto de toda la tarde en la plaza del museo que lleva su nombre en su ciudad natal, la procesión partió hacia el cementerio militar donde fue despedido por múltiples figuras de la cultura y de estado. Agam recientemente había recibido el prestigioso premio Israel en artes visuales. Yaacov Agam es un puente entre la abstracción geométrica y la era digital, él se adelantó a su tiempo por más de medio siglo, desmostrando que el arte no es un objeto que se posee, sino una experiencia viva que sucede en el tiempo, en el espacio y en el interior de quien la mira. El análisis de su obra nos invita a reflexionar sobre nuestra propia velocidad en una era digital saturadas de pantallas que exigen atención fija, la obra de Agam nos recuerda que la belleza depende de nuestra perspectiva y del tiempo que decidamos dedicarle al espacio que habitamos. Seguramente estará en otro plano con su padre, conversando sobre la Cábala o habrá llegado a la luz suprema del árbol de la vida.

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