Opinión
Notations Opus 3 / Le Corbusier/Arquitectura/Música
viernes 13 febrero, 2026
Elvis Joan Suarez
“Siempre me interesó lo creativo, sobre todo, lo que se aplica al hombre y a su medio. Con la pintura pude desarrollar todo eso. Es un medio apasionante y peligroso”.
Cuando estudiaba composición en el conservatorio de música Vicente Emilio Sojo de Barquisimeto, mi primer maestro fue el uruguayo Héctor Gutiérrez Cortinas, uno de los ideólogos del Sistema de Orquestas de Venezuela, fundador de la orquesta sinfónica y la schola cantorum de Lara, discípulo en su país natal, del compositor italiano con un fuerte compromiso político: Luigi Nono, quien tuvo una gran influencia musical dentro la movida en Montevideo de la nueva música. Llegaba el lunes a las 8 de la mañana después de un viaje de 8 horas, al conservatorio donde el Maestro Gutiérrez me esperaba a su clase, sinceramente sus primeras clases fueron para mí, una gran sorpresa, venía de los Andes venezolanos, al fin y al cabo, un romántico, a nosotros la montaña nos genera cierto romanticismo; les mostraba mis obras, él las revisaba con mucho detenimiento, pero nada le gustaba, le parecía mi lenguaje algo obsoleto para estos tiempos. Entre sus primeras tareas me encomendó realizar motivos rítmicos a varios poemas de escritores célebres, además de transcribir, por ejemplo: “cuadros de una exposición” de Músorgski de piano a orquesta, en otra clase me llevó un disco de acetato junto con la partitura del “Threnody to the victims of Hiroshima” del compositor polaco Krzysztof Penderecki y me dijo solamente esto: “Escúchala y analízala”. Cuando me senté analizar tenía más preguntas que respuestas, ante todo porque era una partitura escrita con un lenguaje contemporáneo junto a clusters sonoros y las nuevas técnicas extendidas para cuerdas, al principio me sentía un poco desorientado, con su estilo de enseñar, pero esto me motivo a seguir investigando. En ese momento fue cuando recordé que en cierta ocasión vi en un libro de historia de música contemporánea por primera vez una partitura moderna, la música no estaba escrita en papel pentagramado sino en papel milimetrado, tuve la oportunidad de encontrar nuevamente el libro y vi el nombre del compositor: Iannis Xenakis, es aquí donde comenzó la búsqueda de mi propia voz. Xenakis, fue arquitecto e ingeniero civil, creador de la música estocástica, construida y compuesta a través de la teoría de las probabilidades, la estadística y el cálculo matemático, es decir, Xenakis podría componer música a través de las leyes de Gauss o Poisson. Después de llevarle muchas obras que no le gustaban al Maestro Gutiérrez, opté por utilizar las nuevas técnicas extendidas y componer una obra sobre un nuevo soporte para mí: una cartulina de 60×60 cm, fue mi primera partitura gráfica, la compuse para violín, fue la primera vez que sentí que al Maestro Gutiérrez le interesaba una de mis obras. Lo más importante de todas estas experiencias es que el Nombre de Xenakis me llevó a investigar sobre otro de los grandes artistas de la modernidad, pero no de la música, pero sí de la arquitectura: Le Corbusier. Xenakis trabajó para Le Corbusier en su taller ubicado en la calle Sevres de Paris, colaboró junto con él en concepción de una de las obras cumbres del brutalismo: El Convento de la Santa María de la Tourrete, donde Xenakis diseñó los paneles de vidrio musicales, inspirados en progresiones matemáticas y musicales utilizando para ello el “Modulor”. Pero donde se verá reflejada la genialidad de estos dos maestros es su obra: Pabellon Phillip que será diseñada a través de la obra para orquesta “Metastasis” de Xenakis. Volviendo al tema de mi investigación sobre el convento de La Tourrete, me consigo en la biblioteca con los dos tomos del “Modulor”, donde Le Corbusier toma a la figura renacentista del hombre de Vitrubio de Leonardo Da Vinci y la sección Aurea para crear una unidad, que funcione como una medida donde se utilicen las proporciones del cuerpo humano, así como en la Edad Media, construían los grandes albañiles las catedrales utilizando: el codo, el palmo o el brazo, para que sus grandes templos tocaran el cielo. Le Corbusier, propuso esta guía de medidas inspiradas en el ser humano para reconciliar el sistema del pie y la pulgada con el sistema métrico, por eso el símbolo del “Modulor” es la figura de un hombre moderno con el brazo alzado elevando su mano a 226 cm y la mitad estaría en el ombligo exactamente a 113 cm. Le Corbusier llegó a estas conclusiones por sus viajes por el mundo, y el estudio de las edificaciones que visitaba. De este hombre con el brazo alzado se originan dos series matemáticas: la serie roja y la serie azul. En mis búsquedas anteriores para las clases de composición leí que Bela Bartok el compositor húngaro escribió la “Sonata para dos pianos y percusión” así como también la música para “cuerdas, percusión y celesta” a través de la serie de Fibonacci (1,2,3,5,8), utilizando estas técnicas de Bartók, como un antecedente tomé las series azules y rojas del “Modulor” para crear material de escalas para mis obras musicales, así como también la forma de organizarla, junto con el cinétismo. El “Modulor” de Le Corbusier podría funcionar tanto para la arquitectura como para la música, se podrían realizar una síntesis de ambas artes para realizar obras arquitectónicas o edificios donde la medida sirva de referente para componer la música para ese edificio a la que está destinada, debemos imaginarnos por ejemplo un centro de oficinas donde sus trabajadores realicen sus actividades acompañados por la música creada para ese espacio arquitectónico. Tanto el “Modulor” de Le Corbusier como sus grandes obras de la arquitectura me han servido para generar un tipo de obra basadas en el pensamiento del hombre-artista, es decir en un artesano moderno.
La primera obra que compuse sobre papel milimetrado es para guitarra sola, en ese momento leía sobre astrología, fui a librería y adquirí un block milimetrado de hojas grandes, comencé a dibujar unos círculos concéntricos luego alrededor dibujé las constelaciones de los 12 signos zodiacales, nunca me había sentido tan inspirado en mi vida, fue tanta la motivación que la compuse de un solo tirón. Al otro día me tocaba viajar e ir a la clase con el Maestro Héctor Gutiérrez, allí estaba en el salón, sentado con las piernas cruzadas, esperando la obra, apenas la abrió me dijo: ¡Ahora sí que te pasaste!
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