Opinión
Notations/Opus8/ Matilde Pérez, el Cinetismo Austral.
viernes 20 marzo, 2026
“Ya estaba abandonando la realidad definitivamente y me adentraba en la geometría, era un cambio por una posibilidad incierta
Elvis Joan Suárez
En Santiago de Chile, era verano, en una de esas calurosas noches de diciembre, un grupo de personas discutían, la suegra, la yerna y el esposo, el tema era que la yerna tenía que irse a Paris por una beca, tendría que dejar a su esposo y su pequeño hijo de 8 años, por un año, la yerna era tajante, es así como en un momento expresó: “¡Me voy porque aquí no hay nada, quiero aprender más! ¡No hay vida cultural en Chile! ¡No moriré en vida!”. Su esposo se oponía, pero su suegra le dio la razón y convenció a su hijo que la dejara viajar y que ella se haría cargo de su Nieto. Matilde llegó a Paris en 1960, estaba en boga el Cinètismo, solo se hablaba de Soto, Vasarely y Bury, y de la galería Denise René; esto hizo que Matilde conociera a otros artistas que estaban experimentando con esta tendencia, allí fue que conoció a Julio Le Parc, quien le prestaba el taller donde se reunía el grupo GRAV, ella llegaba después de las reuniones, donde los artistas dejaban sus obras, lo cual le permitió a Matilde estudiar e interesarse de cerca con el cinetismo. En una exposición coincidió con el hijo de Vasarely: Yvaral, también artista cinético, entablaron una buena amistad, que hizo que Yvaral le presentara a su padre Vasarely, Matilde aprovechó para mostrarle su trabajo, le dio algunas recomendaciones y le obsequio el famoso “Manifiesto Amarillo”. Matilde trabajaba hasta tarde en el taller de la GRAV, comenzó a experimentar con una serie de obras donde el “cuadrado” era su principal módulo para sus obras. Así nacieron sus primeros trabajos que generaban movimientos ópticos. Al terminar su beca, tenía que regresar a Santiago, su hijo la esperaba, a pesar que Vasarely le recomendó quedarse un tiempo más, pero su esposo le dijo que regresara, ya no aguantaba más. El día que nació Matilde Pérez, su madre murió: “Mi madre murió cuando yo nací. Lo pasé mal y fui haciéndome rebelde, lo que tuvo una importancia gigante porque me crie sola”. Matilde ya a los 6 años quería ser artista, “Yo de grande voy a ser pintora”, ella no sabía de donde le venía aquella extraña vocación, “nadie en mi familia pintaba, ni siquiera dibujaban”, su padre era agricultor y se la pasaba todo el día en el campo, esa vocación le venía porque era parte de su destino, legitimando así la figura de la “Mujer Artista”. Matilde no se concentraba en ello, pero a través de su personalidad y su estudio en el arte, lo transmitió. Matilde Pérez ingresa a los 23 años a la escuela de Bellas Artes, luego trabajaría como colaboradora en el taller Mural de Guerrero, junto a los artistas Jorge Caballero y Pablo Burchard, con lo cual decidiría estudiar el muralismo seriamente con Laureano Guevara, a quien acompañaba como ayudante y a observar como este maestro trabajaba en los murales de la comuna de La Cisterna en Santiago, ya en 1950 sería nombrada profesora en la universidad de bellas artes en la Universidad de Chile, pero su trabajo no va con las corrientes de moda en la universidad ni de su pensamiento político, su obra basada en el “op art” no podía competir con el informalismo imperante. La obra de Matilde Pérez, está dirigida al estudio del movimiento, de los fenómenos lumínicos y de la percepción, encontramos en sus obras la luz de manera artificial, con circuitos eléctricos con su debida coreografía lumínica, estas obras fueron inspiradas desde su visión nocturna de la ciudad de Santiago desde un avión despegando. Una de las características de las obras de Matilde es que no le coloca títulos a sus obras, no quiere que el espectador se condicione, busca que él pueda ver nuevas posibilidades y diferentes dimensiones. En 1955 pasa a formar parte del Grupo “Rectángulo” que es un asociación de artistas que desarrollo la abstracción a través de las formas geométricas y que jugaría un rol principal en el arte chileno donde no solo llamarían la atención de los críticos sino que también se encargarían de reformular las normas estéticas del arte chileno. Al llegar la dictadura de Pinochet, Matilde se le considera una artista contrarrevolucionaria, porque su mensaje no se amolda a ninguna ideología, pero Matilde sigue trabajando sola, en bajo perfil, esto la lleva a experimentar con nuevos mundos, “No me gusta ser el centro de nada; lo que me gusta es existir en medio del espacio. La verdad es que me gusta flotar y estos premios van contra mi naturaleza”, “Uno no vive del Alarido, uno vive del Silencio”. En 1982 Matilde Pérez, realiza un mural para un centro comercial en la zona de las Condes en Santiago de 70 mts de largo y 3,6 mts de alto y constituida por 39 paneles acero inoxidable, junto a un juego de luces que producen un juego óptico, este mural fue abandonado por muchos años, luego fue desmontado y para luego ser reinaugurado en el parque de las esculturas de la Universidad de Talca en el 2010, en presencia de Matilde, “estuvo por años en un centro comercial, pero estoy feliz que este en la Universidad donde tantos estudiantes puedan verla” cumpliendo así con el precepto estético social del “manifiesto amarillo” de Vasarely: “Arte, Tecnología, arquitectura y espacio social”; este mismo mural fue iluminado en mayo del 2025 para ser disfrutado no solo de día sino de noche, fue uno de los sueños de Matilde que no hizo realidad hasta su partida. Un grupo de unos 1000 estudiantes participaron en el 2024 en un proyecto llamado configuración Matilde Pérez, donde se reunieron una serie de curadores y profesores de arte de toda la ciudad Santiago para realizar una capacitación de la obra óptica de Pérez a todos los participantes, concluyendo en un gran mural con un acercamiento a su trabajo Cinético que fue expuesto en el Museo Nacional de las Bellas Artes de Santiago de Chile. Este año 2026 se cumplen 110 años de su nacimiento donde se celebrarán algunas conferencias y exposiciones sobre su obra. Esta semana se celebró una conferencia en la Universidad de los Andes en Santiago titulada: “Matilde Pérez navegante de la luz” por el Curador Manuel Basoalto Miller. Su país desde la década de los 2000, le dio reconocimiento a su trabajo, participando en la Bienal de Mercosur y en la exposición: “Los cinéticos” en Museo Reina Sofía y durante el 2011 su obra fue expuesta en individuales por varias ciudades de Europa.
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