jueves 7 julio, 2022
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Pasión por el Táchira

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Julieta Cantos


Me gusta el tono coloquial de mis artículos, ya que permite aterrizar y vincularnos con lo cotidiano. El de hoy es un poco más denso, pero igualmente necesario. Retornaremos con lo extraordinario de lo ordinario la próxima semana.

Lo cierto es que, en el último trimestre del pasado año, tuve la satisfacción de toparme con dos libros fundamentales en este recorrido por el desarrollo de la consciencia en torno al pensamiento y a lo ambiental. El primero de Philip Blom, con su libro “Lo que está en juego”; el segundo, “Cómo no hacer nada. Resistirse a la economía de la atención”, de Jenny Odell.

Philip es un controversial historiador alemán, “con una rara habilidad narrativa” que lo convierte en novelista, “y una capacidad para explicar complejas transformaciones…de una forma sencilla”. Lo definen como un investigador de la curiosidad. Es un apasionado por explicar –entre otras cosas- el nacimiento de la ciencia a partir del asombro. Le encanta contrastar ideas establecidas, como por ejemplo el culto a la razón, aprendido de la Ilustración a través del movimiento de Kant y Voltaire, diciendo que se trata de una forma secularizada del cristianismo, en donde se sustituyen unos valores por otros, o se cuenta la misma historia con diferentes palabras y cómo, a pesar del avance permanente de la tecnología, las oleadas de extremismo religioso siguen in crescendo, fortaleciéndose la salvación a través del perdón y de la intermediación de clérigos e Iglesia, señalándolo como un asombroso truco de marketing. Diserta sobre el anhelo de trascendencia del hombre, el cual es satisfecho primero por la religión, y luego por ideologías. Como las ideologías están desprestigiadas, el ser humano descubre otro tipo de trascendencia: el mercado todopoderoso, por el cual hay que hacer sacrificios y se sustituye a los clérigos tradicionales por nuevos sacerdotes: los economistas.

Además hace un contraste entre las diferentes corrientes de la Ilustración…Kant y Voltaire versus Diderot. Este último plantea que no estamos hechos solo de razón. La pasión, el eros, es lo que hace que nuestras vidas sean dignas de ser vividas. Las ideas no solamente nacen en un momento concreto. Una vez más la reafirmación de lo que pienso: todo lo que he hecho y hago, lo hago desde la razón…y la pasión: Norte y Pasión. Pero, además, el conocimiento, las ideas, se construyen en el transcurrir de la vida, es la evolución de un proceso permanente. De allí que el conocimiento sea universal, no pertenece a nadie. Todo se transforma, se expande y se integra a partir de lo anterior…para bien o para mal.

Plantea Blom que “muchos pensadores de la época, tanto los racionalistas como los apasionados, pensaban que había que crear una sociedad perfecta. Si se cambiaban las reglas sociales existentes, la gente no sería perversa, ni criminal, ni cruel. Diderot no estaba de acuerdo: pensaba que, aunque nuestra naturaleza biológica cambie, siempre habrá personas más inteligentes, autistas o egoístas, y nunca podrá existir una sociedad utópica, porque con cada nuevo hijo debes empezar de cero. Lo único que tenemos es negociación, compromiso, la búsqueda de soluciones inteligentes. Thomas Jefferson fue uno de los grandes lectores de Diderot. “La búsqueda de la felicidad” es un concepto que tiene mucho que ver con Diderot y sus amigos. Es una idea maravillosa y se ha perdido. Postula una sociedad solidaria, donde es inexcusable que un niño no pueda ir a la escuela, por ejemplo, o donde es inexcusable la idea de que los homosexuales, los judíos o los negros sean menos valiosos que los demás”.

Philip pone en el tapete –entre otras cosas- la idea de que el ser humano puede y debe subyugar a la Tierra porque nos pertenece, concluyendo lo siguiente:

“En el siglo XVIII o cuando se escribió la Biblia, la idea de la subyugación de la Tierra no era tan peligrosa: había poca gente y había poco desarrollo tecnológico. Hoy somos muchos más, creamos grandes problemas y la idea de subyugar la Tierra ya no nos sirve; debemos aprender a vivir con ella, a ser parte de ella. No somos la corona de la creación, sino un animal, quizás un poco más listo y algo más interesante. No deberíamos darnos demasiada importancia. No podemos destruir el planeta, ni siquiera dañarlo seriamente. Solo podemos destruir la diminuta franja de condiciones en la que nuestra vida como especie es posible”.

Para aterrizar, les diré que un amigo me contó cómo su hija, quien vive en Estados Unidos, es adicta a unas determinadas salchichas. Un día se le cayó una en el carro, y no se dio cuenta. Después de más de 15 días, cuando limpió el carro, la consiguió. Estaba perfecta. No se descompuso. Los preservativos la conservaron. Comemos plástico, estamos tapando nuestras arterias y todo nuestro organismo con esa alimentación. Imagínense lo que le hacemos a la naturaleza, a los espacios en los que habitamos, con la basura que generamos.

De allí la pertinencia de Philip, al lanzarnos esa lapidaria y categórica frase “Lo que está en juego”, en donde escruta la situación política, social y económica a nivel mundial. “Hay demasiados frentes abiertos y tal vez el más alarmante y apremiante sea el relacionado con el cambio climático. Entre esos otros frentes abiertos, se encuentra la sociedad de consumo  generando una creciente desigualdad, las clases medias que tienden a diluirse, los robots y la inteligencia artificial haciendo prescindibles muchos puestos de trabajo. En el ámbito político, la democracia queda arrinconada… El mundo surgido de la Ilustración –libertad, justicia, democracia– está en peligro”.

Pienso que lo que más me entusiasmó de este libro es que, por el hecho de ser historiador, se obliga a manejar datos que son constatables; además se limita a exponer los hechos. La consciencia y la toma de decisiones quedan por nuestra cuenta.

Comentarios bienvenidos a [email protected]

Nota: Las comillas identifican el contenido de la entrevista realizada en la Revista Letras Libres, por Daniel Gascón a Philip Blom, en diciembre 2013. Las comillas del último párrafo pertenecen a la sinopsis en la carátula del libro.

 

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