Opinión

Pasión por el Táchira/… Lo que se planifica y lo que se hace (II)

25 de marzo de 2018

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Retomando el artículo de la pasada semana sobre la importancia del seguimiento a la planificación como instrumento para la dirección y gerencia, en este caso concreto de nuestra ciudad; iniciaremos con los ejemplos prometidos.

En 1974 hubo la iniciativa de renovar el área central de San Cristóbal como consecuencia del estudio del Plan de Desarrollo Urbano que dio origen a la reestructuración vial de ese sector. Ello implicaba la desaparición del antiguo mercado y la remodelación de la Plaza Bolívar, planteando la reagrupación de actividades cívicas en un “centro de animación urbana” acorde con las expectativas de crecimiento de la ciudad en ese entonces. Para ello el gobierno nacional expropió 4.300 has. de terreno en los alrededores de la Plaza Bolívar.

En 1976, para llevar adelante este proyecto, crearon un plan de acción conjunta entre la Gobernación del Estado, el Concejo Municipal y el entonces Ministerio de Obras Públicas. Se adelantaron estudios técnicos que abarcaron: sectorización, topografía, áreas de interés, estudios climatológicos, el uso del suelo, estado y tipo de la construcción, red de servicios, tenencia y valores de la tierra, zonificación urbana del momento, estudio socio-económico del área, sistema vial; es decir, todo lo que debía ser hecho, se hizo desde el punto de vista técnico, y se puede decir que político, también, hubo una voluntad política, que permitió enlazar un proyecto desde y entre los diferentes niveles.

Esto representó para San Cristóbal un paso importante en el crecimiento y dirección de su destino. ¿Por qué, entonces, ese esfuerzo, no tiene absolutamente nada que ver con lo que representa la edificación actual del Centro Cívico?

Es muy fácil criticar, luego del paso del tiempo, el cual se encarga de demostrar si las decisiones fueron correctas o erradas. Lo lamentable del área central de la ciudad es que sí hubo dolientes en su momento. Para empezar, se entendió la importancia de renovar el sector y adecuarlo a los nuevos tiempos que le tocaba a la ciudad y sus ciudadanos vivir, luego se convocó a un concurso de ideas en el que participaron diferentes profesionales, y fue elegida una de las propuestas, luego de su evaluación por un jurado…hasta aquí vamos bien. Lo más importante, diría yo, de la idea ganadora, es que manejó la escala humana: respetaba las variables existentes, incrementando densidades y alturas, sin afectar el entorno; vinculaba los diferentes sectores con elementos peatonales y paisajísticos, y sobre todo no excluía el uso residencial.

¿Qué pasó entonces? ¿Por qué no darle el desarrollo de la idea, para su concreción en proyecto, al ganador del concurso? ¿Por qué otorgar el desarrollo de la idea a equipos profesionales que no entendieron la prioridad de lo que se buscaba, o no supieron captar la idea original, en términos de calidad urbana y ciudadana? ¿Qué o cuales organismos fueron responsables de esa  contratación, quiénes participaron en la misma, saltando al generador de la idea, como si no tuviera vinculación con el proyecto? La idea de hurgar, es entender y evitar que nos sigan pasando cosas similares. Un proyecto que convocó diferentes instituciones, que desde el punto de vista técnico hizo los estudios correctos… ¿qué falló? ¿Faltó quizás la presencia de la comunidad, como ente rector, doliente y auditor? ¿Faltó la creación de una comisión externa de “sabios” que garantizará que se terminara de hacer lo que debía ser hecho?

Se asumió el desarrollo del edificio central de este proyecto, como lo fundamental, obviando incluso su relación a escala con el entorno. Y resulta que lo fundamental era vincular los sectores: las áreas de interés histórico y de esparcimiento, con el comercio, las oficinas e instituciones gubernamentales, con áreas peatonales arborizadas y zonas de viviendas. Ahora tenemos sectores aislados que tratan de sobrevivir en una edificación no mantenida, destruida parte de ella por un siniestro de fuego ocurrido hace ya varios años, y que pareciera que no le duele a nadie, porque debe ser muy poco lo que le aportaba a la ciudadanía en su quehacer diario, porque nadie reclama su rescate. Quizás habría que aprovechar este momento para generar otro proyecto de ideas que permita la reconstrucción de nuestro centro como un lugar humano, habitable, diversificado, integrado… y si lo hacemos, quienes deben participar para garantizar que los objetivos sean cumplidos. ¿Cómo penalizar a quiénes asumen un proyecto de tal magnitud que hubiera podido cambiar el destino de nuestra área central y por ende de nuestra ciudad, y no logran el objetivo? Quizás con responsabilidades penales y económicas todos seríamos más cuidadosos en participar en proyectos urbanos que no cumplan los objetivos de humanizar una ciudad que fue cordial algún día y ya no lo es. Nuestro centro no es habitable de noche, y de día es infernal.

El Centro Cívico es el ejemplo que elegí para referirme a la importancia de planificar para lograr un objetivo… y que en este caso no se cumplió. Pero del cual podemos aprender e incluso mejorar sus limitantes actuales. (Julieta Cantos)

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