Opinión
Pasión por la Vida / Producción agroecológica: Experiencias y registros
lunes 2 marzo, 2026
Julieta Cantos
Conocí a María del Carmen Guerrero y a su esposo, Eliseo Hernández, en agosto del 2024, cuando convocaron a un taller sobre “Microorganismos de montaña” en su unidad de producción. Tienen una finca agroecológica en Toituna que se llama La Clavellina. Producen café, frijoles, caraotas… Todo orgánico, y están comprometidos a fondo con su proyecto y la difusión del mismo. En esa ocasión los asistentes resultaron una comunidad de pequeños productores de diferentes zonas del estado, así como profesores universitarios del área del agro, interesados en fortalecer sus conocimientos en torno al tema. El facilitador, exdocente de la UNET, comprometido con la agricultura orgánica, como instrumento para el rescate no solo del suelo, sino de la salud. Paradójicamente, María es licenciada en Administración, y Eliseo ingeniero mecánico. Por ser mi primera incursión en este tipo de talleres fui discreta y muy observadora. Este vínculo se estrechó a partir de una serie de actividades, que incluían mercadeo de sus productos, y consolidación de su producción. Afortunadamente María del Carmen y Eliseo son emprendedores acuciosos en su vinculación con la agrotecnología y el registro. Me enteré de que habían sido reconocidos por la calidad de su café a nivel nacional, en el 2025, y que estaban incursionando con redes globales. Para mi fortuna el pasado 28 de febrero convocaron a un nuevo taller, y yo asistí para contrastar y corroborar el alcance de los objetivos de su proyecto.
En esta oportunidad lo primero que me atreví a preguntarles fue el por qué vincularse con lo agroproductivo sin ser ellos provenientes ni formados en esta área. Respuesta directa: en el 2015 vivían en Barinas y empiezan a vislumbrar y estudiar alternativas para paliar la incipiente crisis. María es del Táchira, por lo que deciden trasladarse a este estado y se plantean desarrollar un proyecto de turismo que requería un terreno con casa para la posada, incorporando la variable productiva. Vieron la tierra y el turismo como una manera enlazada de abrir futuro.
En el 2017 adquieren un terreno a 2 kms. de la plaza Bolívar de Toituna, poblado ubicado en un sector agroturístico, vía Peribeca. El terreno estaba conformado por pastizales implantados posterior a cultivos previos de café. Se aliaron con agricultores de la zona para aprender sobre lo que no sabían: El trabajo de y con la tierra. Sembraron tomate, maíz, frijoles, usando solo agroquímicos, hecho que no les convencía, y empiezan a tomar distancia respecto a esa forma de producir. Se vincularon entonces con el CIARA (Fundación de Capacitación e Innovación para el Desarrollo Rural), a través de los profesores Néstor Núñez y Juan Carlos Suárez, quienes empezaron a dictarles cursos agroecológicos, convocando a los vecinos y comunidades circundantes. La Clavellina es una finca de 9 hectáreas, y su nombre lo escogieron a partir de un documental que la reseñaba como la flor del Táchira, implantándola. Lo interesante que hay que destacar, es que nunca dejaron de estudiar, de buscar, de investigar, de procesar, de registrar y comparar, producto de su formación, llegando a la conclusión de que los cultivos de ciclo corto exigían mucho trabajo para ellos dos, por lo que buscaron un cultivo alternativo que durara en el tiempo con menor trabajo diario y que fuera rentable. Es cuando voltean a mirar el café, siendo que además el Táchira era y es un estado caficultor. Fue cuando los vecinos les comentaron que antes la finca era un cafetal. La decisión fue tomada, y en el 2020 inician los semilleros con el INIA (Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas), que es el centro de referencia en sanidad vegetal y animal más importante de Venezuela, contribuyendo como ente asesor en cuestiones fitosanitarias. El INIA los asesoró orgánicamente para desarrollar el semillero, como cuidarlo, como abonar. Se pusieron como meta 10.000 matas, y la cumplieron. Se les murieron cerca del 40 % de la producción por falta de sombra (recuerden que para introducir los pastizales los productores anteriores desplazaron cultivos para implantar otros que no se correspondían con el uso de la tierra y su topografía).
En 2022 inician cursos de permeacultura (manejo del agua) en la UNET (Universidad Nacional Experimental del Táchira) bajo la dirección de los profesores Fito Sandoval y Oswaldo Contreras. Seguían y siguen vinculados con el CIARA y el INIA, pero profundizaron la parte agroecológica con Sandoval y Contreras. Empezaron a trabajar con bioinsumos, e hicieron su propia biofábrica. Fortalecieron su producción de café. Sembraron tártago y magua, para la sombra. Aplicaron los bioinsumos al café y a los cultivos de ciclo corto y se empezó a sentir el cambio.
Siguieron analizando y haciendo ajustes, buscando una mayor rentabilidad se enfocaron en el café de especialidad, capacitándose, realizando un diplomado y diversos cursos. Se aproximaron a personas cuya especialidad era el cultivo del café: Samuel Bautista en Rubio (barista), Jesús Aguirre (tostador) en San Cristóbal. Comienzan a trabajar con procesos de poscosecha aplicando lo aprendido, lo que implicó realizar la fermentación del café, hacer el cuarto de secado, mejorar la maquina despulpadora. Se reinventaban cada día, reinvirtiendo de forma permanente.
En 2025 deciden participar en el Encuentro Internacional de Café Especializado en Venezuela (EICEV), a realizarse en Caracas, en La Carlota. Entregaron un lote de 35 kg. de su mejor café, en Rubio, a Pedro Guzmán, representante de la Corporación Venezolana del Café, sede Táchira. Del Táchira se recogieron 8 muestras de diferentes productores que se llevaron a Caracas. Estaban presentes 420 muestras a nivel nacional, de las cuales pasaron 130 al concurso. Se inició la catación nacional, quedando solo 61, de las cuales 4 eran del Táchira, incluida La Clavellina, para participar en la catación internacional en donde participaron representantes de Holanda, Colombia, Rusia, entre otros. De esa catación internacional quedaron seleccionadas 38 muestras, y a partir de ellas se realiza la catación final, quedando La Clavellina entre los 10 finales, lo que llaman el Top 10. El anuncio lo hizo Gabriel Gónzalez, coordinador del EICEV. A finales de noviembre anuncian la posición del TOP 10, en donde La Clavellina obtuvo el 8º. lugar con un puntaje de 88.75 SCA (Specially Coffee Association) de calidad. La subasta la dirigió Ricardo Martínez, cotizándose en 200 $ el kilo de café de La Clavellina.
Anualmente el INIA realiza inspecciones en la finca para certificar las semillas, y así garantizar la trazabilidad.
Desde el 2020 en que se inicia su vinculación con los diferentes organismos permiten el uso de la finca como espacio para difundir a través de la formación, los procesos agroproductivos, a la comunidad circundante.
Luego a partir del 2023 realizan, en alianzas, con los profesores Sandoval y Contreras talleres de formación más especializados, a un costo accesible, sobre agroecología, a todo aquel productor que esté interesado. Realizándose de forma periódica (mínimo 2 al año), en grupos entre 12 a 20 personas, difundiendo una forma diferente de producción, rompiendo paradigmas.
En el 2024, los contacta Saúl López, presidente del colegio de ingenieros agrónomos de Venezuela, para capacitar a María del Carmen y así registrar a La Clavellina, como una finca agroecológica en la plataforma Slow Food, la cual es una red mundial. Se logró el registro de La Clavellina, Eco-remanso (Oswaldo Contreras) y Micelio Lindo (La Sierra de Fito Sandoval). Las tres ubicadas en el Táchira, generando una visibilización a nivel nacional e internacional. Ahora están formándose en todo lo referente al “Mercado de la Tierra” que es un programa de Slow food, para productores en función de la comercialización a nivel local fundamentalmente. El propósito es fortalecer esta idea en una red local.
Pero sus propósitos siguen y su próximo objetivo, desde el año pasado es obtener el distintivo verde por medio del programa para turismo rural sostenible de All Invest Verde y que viene desarrollando el Circuito de la Excelencia para certificar su circularidad y prácticas sostenibles.
Conclusión: personas formadas con criterio y visión de país productivo, ecosostenible y ecosustentable. Que miran más allá de lo inmediato, se atreven, se forman de manera permanente, corrigen, registran, generan futuro y esperanza, para las generaciones actuales y futuras… y son del Táchira. Su instagram: @laclavellina.
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