domingo 4 diciembre, 2022

Pío Gil

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Porfirio Parada

La misteriosa vida de un escritor antes y después de ser famoso por escribir. Casos excepcionales por los episodios de su vida, la senda de sus caminos y viajes, su coraje de expresar ideas, ideales, y posturas que pocos se atrevieron. De pasar a ser un hombre andino, solitario, que solía tener libretas, y que usaba trajes y lentes negros a convertirse en una celebridad nacional por su valor a las denuncias convertidas en panfletos, a su obstinación repulsiva por la forma de gobernar de los gobernantes de turno y sus aduladores, por la insistencia de escribir y escribir reflejando su postura moralista, pero también compartiendo sus visiones del mundo, parte de sus tormentos, dudas y debilidades, ofrendas y melancolias sentimentales.

Hago un ejercicio mental y trato de visualizar cómo era Pedro María Morantes en aquella época cuando vivía en San Cristóbal, antes de que se volviera famoso, cómo era su condición humana, sus gustos y placeres, cómo sería su forma de expresarse y caminar. En la capital tachirense de joven ya era inquieto con la escritura, recitando versos y participando en algunas publicaciones en breves periódicos y grupos entre estos: “La Unión”. Se dice que no se separaba de su libreta incluso cuando viajó a Mérida para formarse como abogado y que luego culminaría sus estudios formalmente en Caracas.

Regresa a San Cristóbal y para sobrevivir y sabiendo de las posibles ganancias que podía generar el producto, crea un alambique, la destilación de aguardiente que le hace generar y tener unos ahorros pero también problemas con las autoridades, algunos historiadores escriben que Pedro María Morantes compró una casa con ese negocio. Al mismo tiempo seguía escribiendo, sigue acusando al gobierno de Cipriano Castro, escribía más obstinado y más tormentoso, pero también consigue en sus otras horas y momentos dedicarse al ejercicio de su profesión de abogado. Por cosas del infortunio pierde un ojo.

Lo sumamente llamativo al llegar aquí, lo enigmático, las voluntades y las coincidencias de la vida humana que se documentan en la historia de manera intachable. En 1908 Pedro María Morantes decide luego de reflexiones y vivencias llenas de amargura, de posturas y escrituras rabiosas, irse de Venezuela como autoexilio. Sale por La Guaira en un barco llamado: “Guadaloupe” y por más increíble que se lea en esa tripulación también estaba un Cipriano Castro desfallecido, perdido en su enfermedad, buscando desesperadamente ir a Europa para curarse. Ya Juan Vicente Gómez fabricaba una jugarreta. Este encuentro entre Morantes y Cipriano Castro quedó reflejado por ambos, en sus memorias y en sus pensamientos.

Entre Francia y España, vive y se codea con un nuevo mundo. No vacila en seguir escribiendo su repudio a los que continúan gobernando su país, clandestinamente escribe, publica, y envía a Venezuela una de las obras literarias más conocidas, buscadas, interpretadas, subterráneas, referenciales, rescatada como lo fue “El Cabito” bajo el seudónimo de Pío Gil. Título de la novela caricaturesco que hace referencia al ya moribundo Cipriano Castro. A comienzos y casi mediados del siglo XX esa novela se convirtió en uno de los libros más buscados en Venezuela. En las calles, en las plazas, en los hogares, bibliotecas, en las prisiones, entre el ciudadano y el preso político, en reuniones de la alta sociedad caraqueña, en el pueblo más recóndito se habla de “El Cabito”. El nombre de Pío Gil se repetía sin saber realmente quién era ese escritor tachirense. El gobierno venezolano lo destituye como cónsul en Ámsterdam cuando se entera del reconocimiento de su obra.

Aunque su preocupación y obstinación era el tema venezolano, en la obra de Pío Gil también se puede encontrar posturas ante los cambios que vivía el mundo. La Primera Guerra Mundial y toda sus lecturas y repercusiones políticas y geográficas, también escribió su Diario Íntimo que años posteriores fue publicado. Sus cartas de amor y desconsuelo a Matilde Alvarado. Sus conceptos sobre sociedad, masa, trabajo, individuo. Su insatisfacción, su congoja y su malestar hecho palabras.

Algunos otros títulos de sus obras conocidas y estudiadas son: Los Felicitadores, Cuatro Años de mi Cartera, Panfleto Amarillo, Panfleto Azul y Panfleto Rojo y otras más. Murió en Francia en febrero de 1918. Años después en 1939 el senador y escritor José Rafael Pocaterra propuso trasladar los restos de Pío Gil de Francia a Venezuela para darle justicia a su propia lucha por la democracia y a sus ideales patriotas que tanto defendió en vida, y luego muchos años después, en 1975 haría lo suyo el senador nacido en San Juan de Colón, y que luego sería presidente del país: Ramón J. Velásquez.

¿Cómo fue la vida de Pío Gil en el extranjero? ¿Qué lugares frecuentó? ¿Qué pensaría de Venezuela durante sus viajes por países europeos? ¿Cómo se sentía a pesar del dolor moral y enfermedades físicas? ¿Sabría que al irse del país jamás regresaría a su tierra San Cristóbal? Y puedo seguir haciéndome más interrogantes sobre este abogado atormentado, soñador de una Venezuela mejor y menos corrompida, del panfletario que marcó una huella en la historia nuestra y que otros escritores y políticos han seguido su causa y su rebeldía. Un escritor andino como lo definió el poeta Andrés Eloy Blanco: “Beato de la libertad”.

*Porfirio Parada

 

*Lic. Comunicación Social

*Presidente de la Fundación Museo de Artes Visuales y del Espacio

*Locutor de La Nación Radio

*Poeta

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