Opinión
Por qué Venezuela necesita devolver la Educación Católica a la Escuela
sábado 17 enero, 2026
Carlos Casanova Leal
Luego de 28 años, debemos coincidir que la familia venezolana está rota, como consecuencia de la migración, abuelos solos, o niños con abuelos sin padre en el lugar. La crisis llevó al joven a abandonar escuelas y liceos para ir en búsqueda del rebusque para vivir.
Para nadie es un secreto la crisis educativa. La corrupción, criticada pero a su vez aceptada socialmente, cambió patrones de la moral.
La reconstrucción del país pasa por la formación de ciudadanos íntegros. Los valores que se han impuesto son contrarios a los fundamentos esenciales de la sociedad occidental. Aquí debemos detenernos para encontrar la responsabilidad que tenemos con la sociedad actual para su vigencia en el mediano y largo plazo.
La juventud hoy vive en el paradigma tecno-céntrico, despojados de una visión holística, configurándose como operadores de herramientas tecnológicas de plataformas digitales, perdiendo la concepción de sí mismos como individuos con propósito y riqueza espiritual; el existir se convierte en métricas de logro y productividad optimizada por una moral utilitaria determinada por la rentabilidad instantánea. Estas conductas lo alejan del bien colectivo y de la dignidad intrínseca que como persona debe tener.
Al excluir a Dios del contexto educativo, reduce al ser humano a un organismo productivo, eficiente o utilizable. La fe católica, en cambio, restaura y devuelve la noción de dignidad trascendente, irreducible a métricas cuantificables de desempeño laboral o rendimiento algorítmico.
Lo que se discute no es solo el culto religioso, sino una comprensión cabal del ser humano frente a esquemas que exaltan lo instrumental sobre lo moral y eterno. Las corrientes tecnológicas contemporáneas, tecnocracia, poshumanismo y el transhumanismo del que he escrito en otras oportunidades, postulan el avance instrumental como objetivo supremo sin anclaje trascendente, los estándares éticos se diluyen, y la tecnología muta de instrumento al servicio de la humanidad en ideología totalizante; he aquí el real problema objetivo de sus proponentes.
Los transhumanistas señalan que la evolución de la especie humana está en sus manos, el ser humano como remplazable por partes hasta que sea tecnológico, o como los poshumanistas proponen el cerebro del ser humano insertado en un robot o humanoide; visto así, el ser humano deja de percibirse como guardián de su propio legado para convertirse en objeto.
Aquí se fractura la cadena intergeneracional de los valores morales, dando paso a las dinámicas digitales obsesionadas con la inmediatez y desechando lo heredado. En consecuencia, lo que se disipa no es solo un culto religioso, sino una comprensión cabal del ser humano frente a esquemas que exaltan lo instrumental sobre lo moral y eterno.
La tradición cristiana provee estructuras de sentido, conciencia de finitud y deber moral. Su ausencia instala una ilusión de autosuficiencia que obstaculiza el encuentro genuino con el otro, el compromiso con el cuidado mutuo y la búsqueda del bien común. Adicionalmente, genera un empobrecimiento simbólico y ético, ya que la increencia no queda confinada al ámbito privado, sino que conlleva la degradación progresiva de narrativas, principios y costumbres que durante siglos han apuntalado la unidad social, la resiliencia emocional y la brújula moral colectiva.
Por ello considero que la educación religiosa católica debe impartirse en escuelas y liceos, desde la segunda casa, para enfrentar desde la educación la crisis moral, social y la pérdida de identidad. El problema no es la pérdida de fe solamente, sino una educación incompleta del ser humano.
La Constitución venezolana en el artículo 59, al garantizar la libertad de religión y de culto, señala: “El padre y la madre tienen derecho a que sus hijos o hijas reciban educación religiosa que esté de acuerdo con sus convicciones”. Con lo cual queda claro que no puede ser obligatoria, pero sí optativa, por lo que los invito en sus comunidades educativas a agruparse y solicitarla.
Nosotros los padres que somos cristianos sabemos y conocemos que la educación católica fomenta la integridad trascendiendo a lo académico, forma en valores como disciplina, solidaridad y dignidad humana; es así como preparamos líderes y dirigentes éticos en contextos de crisis y de cómo coadyuvar en la reconstrucción del país.
Dios bendice a Venezuela.
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