Opinión
Puesto 188 y el Manual de Supervivencia
domingo 1 marzo, 2026
Maximiliano Vasquez Ayestaran *
En Venezuela, el acto de emprender se ha convertido en una carrera de resistencia contra un adversario invisible pero implacable: la burocracia. Mientras el mundo avanza hacia la hiper-digitalización y la apertura, el empresario venezolano sobrevive atrapado en un laberinto de sellos, registros y otros que castiga el éxito antes de que este ocurra. No es la falta de talento lo que frena nuestro desarrollo, sino un entramado diseñado para controlar en lugar de potenciar. Hoy, producir en el país no solo requiere capital y visión; exige la modificación de un sistema que confunde la regulación con la asfixia y que ha transformado el derecho a crear empresa en un privilegio custodiado por el papeleo. Si usted es un empresario que ha decidido poner su capital en Venezuela hoy, permítame darle la bienvenida al “País del Puesto 188”. Es la fría realidad de los datos. De 190 economías analizadas en cuanto a facilidad para hacer negocios por el Banco Mundial, Venezuela se ubica casi al final de la fila, tal como lo indica en su informe “Doing Business 2025”. Como articulista, mi labor no es endulzarle el café, sino mostrarles la tormenta perfecta en la que estamos, pero que, para el ojo entrenado, también es un océano de oportunidades asimétricas. Invertir en Venezuela en 2026 no es solo una decisión financiera; es un acto de resiliencia operativa. Mientras que abrir una empresa en el país que ocupa el puesto número 1 del ranking es un trámite de horas, aquí es una batalla épica contra la burocracia. Estamos en el puesto 190 en “Apertura de Negocios”. Eso significa que, antes de vender su primer producto, usted ya habrá enfrentado un laberinto de registros y permisos que consumirían la paciencia y el capital de cualquier mortal. El empresario en Venezuela no duerme pensando solo en la competencia y las dificultades propias del mercado; duerme (o lo intenta) gestionando variables que en otros países son invisibles. Con un sistema que exige más de 1.100 horas anuales solo para cumplir con trámites tributarios, su equipo administrativo debe tener un tamaño que exigirá recurso humano y costos en tiempo que no los tienen en otro país. Ocupar el puesto 188 en “Cumplimiento de Contratos” significa que su mejor activo no es un documento firmado, sino su capacidad de construir relaciones de valor y confianza. En un entorno donde la seguridad jurídica es un lujo, la reputación es la única moneda que no se devalúa. En 2026, la verdadera crisis no es solo de divisas, sino de capital humano. La descapitalización de talento gerencial como resultado de la diáspora obliga al inversor a convertirse en un educador, reteniendo a los mejores con estrategias que van más allá del salario. Para ganar en el mercado venezolano, usted debe abandonar el manual tradicional y adoptar una mentalidad de aguas turbulentas. La clave no es competir en precios en un mercado de bajo poder adquisitivo, sino en presentarle soluciones al consumidor o cliente potencial. Si la logística es un desastre, su ventaja competitiva será una cadena de suministro blindada. Si el crédito bancario es una quimera (puesto 132), su estrategia debe basarse en una eficiencia extrema del flujo de caja y en la búsqueda de aliados que entiendan la microeconomía del barrio y la calle. No se llame a engaño, el camino es empinado y el oxígeno escasea. Deje de mirar el puesto 188 como una sentencia de muerte y empiece a verlo como una barrera de entrada que mantiene lejos a los débiles. Digitalice cada proceso que la burocracia le permita, invierta en la formación de su gente y, sobre todo, sea ágil. El que no se adapta, desaparece; pero el que sobrevive al puesto 188, está preparado para conquistar el mundo. El mercado está esperando soluciones, y son los valientes quienes las entregarán. Sin embargo, ese escenario tan difícil y complejo para la creación de empresas, debe servir como reto a vencer, para insistir en la necesidad de reducir y actualizar todos los excesivos procesos burocráticos y ponerlos al servicio del progreso, en confiar en los ciudadanos y simplificar las leyes para que el sistema funcione para ellos, no al revés. Si logramos que el entramado legal de Venezuela adopte la transparencia y la agilidad posible, el micro y pequeño empresario dejarán de gastar el 40% de su tiempo en trámites y podrán dedicarlo a lo que realmente importa, crecer, innovar y generar empleo. Lograremos reducir la pobreza mediante el trabajo y se desencadenará la capacidad productiva y creadora del venezolano. Es tiempo de incorporarnos al siglo 21.
*Arquitecto, Presidente Editorial de La Nación y director de Finampyme.
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