¿Qué pasará en el 2019?

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La pregunta es inevitable tanto para las personas que vivimos en Venezuela como para los venezolanos que viven en el exterior, y sienten una legítima angustia por el devenir de su amado país. Aún sabiendo que hacer predicciones parece un ejercicio un poco tonto de ficción, la pregunta aparece latente en todas las conversaciones. Vislumbrar los caminos sociales, económicos y políticos que tomará la Venezuela de hoy, a esta hora es como asistir a una sesión de ciencias ocultas, pero necesitamos plantearnos escenarios para reducir un poco la ansiedad que nos ocasiona un futuro incierto. En estas fechas llenas de buenos propósitos y de fijación de metas, es casi imposible no tratar de avizorar por lo menos parcialmente cómo se comportarán las fuerzas externas que no controlamos.

A ver, tenemos varios puntos de partida por donde podemos comenzar nuestras reflexiones. El primero y probablemente el más fácil, es mirar el futuro venezolano desde una perspectiva pesimista. Es parte de la naturaleza humana decaerse cuando las cosas no salen bien, cuando la realidad no resulta como la planeábamos. Es perfectamente comprensible que la mayoría de venezolanos miren el año 2019 con pesimismo, pero eso empaña la mirada.

Otro punto de arranque para hacer predicciones es el optimismo. Los seres humanos muchas veces pensamos que la esperanza es lo último que se pierde y luchamos por mejorar las cosas, aun cuando se vean muy negativas. Esa actitud no empaña la mirada, pero corre el riesgo de volverla ingenuamente soñadora. Ambas posiciones de arranque son válidas, y tomarlas se convierte en decisión personal de cada individuo. No somos espejos planos, decía el escritor francés André Maurois; somos espejos curvos que vemos la vida según nuestra religión, nuestra educación familiar, nuestros orígenes y nuestras experiencias. La justa medida es una buena guía en estos casos. Erasmo de Rotterdam, el sacerdote católico que vivió y sufrió la Europa de la reforma, aconsejaba buscar la verdad en el medio, nunca en los extremos.

Igual o peor que el año 2018

Desde esa mirada central todos debemos admitir que Venezuela tiene la mayor inflación del mundo, que la producción de bienes y servicios, incluyendo al petróleo, no cesa de disminuir, y como consecuencia la escasez con precios altísimos sumada a la poca capacidad de compra del venezolano, rondan como unos fantasmas perversos en cada hogar de nuestro territorio. Quizás la única variación que hemos constatado es que el dólar Dicom se acerca cada vez más al dólar libre. Eso puede ser un posible signo de unificación cambiaría, receta ineludible para salir de la crisis económica en cualquier país del mundo. En el aspecto económico el 2019 se vislumbra igual o peor que el año 2018, precisamente por falta de correctivos.

En el aspecto político la situación para el 2019 puede derivar en la consolidación del poder por parte del gobierno por unos años más, sin que eso signifique el fin de la pugnacidad y polarización. Todos los sondeos muestran un enorme rechazo a la gestión administrativa actual. Otro escenario indicaría que a partir del 10 de enero el gobierno pierde legitimidad. Eso puede tener consecuencias drásticas. Los mejores profesores constitucionalistas de la UCV se pronunciaron en ese sentido. Un tercer escenario apunta hacia la presión internacional y la negociación como forma de solventar la situación política. Al final la lucha por el poder es implacable, y la política es el arte de lo imposible. De cualquier manera nosotros tenemos que seguir trabajando por conseguir un mejor país.

Álvaro Montenegro Fortique