Opinión, Regional
Redes sociales: ¿nos mantienen informados de la vida de nuestros amigos o nos alejan de ellos?
jueves 29 enero, 2026
*Rocío Márquez
En la cultura contemporánea —marcada por la hiperinformación y la digitalización de nuestras relaciones— se ha instalado una paradoja inquietante: parece que sabemos todo sobre la vida de nuestros amigos, pero cada vez los vemos menos y compartimos menos experiencias reales con ellos. Esta reflexión, inspirada en un artículo reciente de ElDiario.es sobre cómo hoy “ya no compartimos la vida, nos la resumimos”, apunta a una crisis de la amistad en tiempos de redes sociales.
Sabemos mucho, pero compartimos poco
Las redes sociales nos permiten acceder instantáneamente a actualizaciones sobre cumpleaños, viajes, logros y cambios de trabajo de nuestros amigos. Esa proximidad aparente da la sensación de que estamos conectados. Sin embargo, esa conexión tiende a ser superficial: es una narración de la vida ajena, no una vivencia compartida. Pues la tecnología ofrece actualizaciones sin convivencia, notificaciones sin presencia y “me gusta” en lugar de miradas y abrazos.
Este tipo de interacción digital puede dar lugar a lo que algunos llaman “conciencia ambiental”: estamos al tanto de lo que sucede, pero no participamos emocionalmente en lo que pasa. En otras palabras, vemos las fotos de los viajes, pero no sentimos realmente el impacto de esas experiencias en nuestros vínculos humanos.
Ello nos sitúa frente a un fenómeno más amplio: la disminución de las relaciones significativas y profundas, también llamado por algunos “recesión de la amistad”, donde la interacción digital no suple la riqueza emocional de los encuentros cara a cara. La simple conexión virtual no cumple con las necesidades afectivas que tradicionalmente sustentaban la amistad: apoyo emocional, empatía compartida, interacción no mediada por pantallas.
Ponerse al día vs. Compartir la vida
Hoy, la “cultura del ponerse al día” ha desplazado al arte de compartir la vida. En muchos casos, las charlas presenciales se han convertido en revisiones rápidas de lo que cada uno ha hecho desde la última reunión, en lugar de momentos de escucha profunda y compañía. El agendamiento de encuentros —fruto de horarios saturados y prioridades múltiples— ha transformado la amistad en una tarea más a completar, como si fuera una reunión de trabajo más que un espacio de intimidad y afecto.
¿Herramienta o sustituto?
Pero la tecnología no es en sí misma el enemigo; es la forma en que la utilizamos lo que determina sus efectos. Cuando las redes son un complemento a las experiencias reales —una forma de coordinar, recordar y reír juntos— pueden fortalecer los vínculos. Cuando sustituyen el contacto, empobrecen la relación. El reto está en usar estas herramientas para enriquecer nuestras vidas, no para reemplazar lo que solo la presencia humana puede ofrecer.
El valor de estar presentes
La amistad no se mide por la cantidad de actualizaciones que vemos en una pantalla, sino por las experiencias compartidas, las emociones vividas y los silencios compartidos sin mediación digital. En un mundo hiperconectado, la verdadera conexión sigue ocurriendo cuando dejamos los teléfonos de lado y elegimos —de verdad— estar con los demás. Y quizá, en ese acto de presencia, recuperemos lo que significa ser amigos.
*Comunicadora social. Doctora en Ciencias Humanas. Profesora en la Universidad de Los Andes, Táchira.
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