Opinión
Renovar los partidos para la nueva Venezuela
sábado 30 mayo, 2026
Carlos Casanova Leal
La fuerza primaria que dinamiza la transición en el país, es la política. En consecuencia, la reinstitucionalización del país no puede llevarse adelante sobre las ruinas del actual sistema político caudillista. No hablo de las instituciones secuestradas por el régimen; hablo de los partidos políticos de la acera democrática, convertidos hoy en estructuras caudillistas, con directivas autoperpetuadas y divorciadas de las bases.
No es políticamente viable, ni éticamente sostenible, que un liderazgo legítimo como el de María Corina, producto de una primaria, cabalgue la reconstrucción nacional sobre este viejo sistema de lealtades corporativas, pactos y consensos de cúpulas; hacerlo es convalidar el mismo mal que nos trajo hasta aquí.
Debemos admitir que existen partidos que son solo tarjetas, que son la mayoría, sin votos, dirigentes solos, pero con siglas, franquicias sin anclaje ciudadano, pero que sentados en la mesa de la exigencia de unidad están cargadas de pretensiones; así corremos el riesgo que el mandato popular se diluya en el cortoplacismo de las prácticas que creíamos superadas de la vieja política.
Estamos en la misma encrucijada del colapso del sistema político de finales de los años 80, el de la conciliación de élites del centralismo, el modelo se agotó y para avanzar en la reforma del Estado se adelantó primero en la renovación de los espacios políticos de representación con la elección directa de gobernadores, alcaldes y diputados de forma uninominal. El liderazgo del país cambió.
La renovación del Congreso de la República superó el 50 % de rostros nuevos, solo el 35 % de los parlamentarios nacionales, regionales y concejales que venían del viejo sistema se postularon en el nuevo. El liderazgo político se renovó para la Venezuela que se modernizó, la descentralizada. Los que no tenían votos se retiraron, dejando paso a los que con piso social levantaron las nuevas voces de la política. Son las elecciones de base el filtro contra el parasitismo político.
Esta reflexión no es un ataque a los partidos, es todo lo contrario, por lo que he transitado estos caminos es por lo que propongo que asumamos la tarea de poner en el corazón del debate político de cara a la Venezuela que hay que reedificar, hacerlo con aquellos que están en plena sintonía y concordancia con sus bases militantes y con los ciudadanos.
Así en la próxima fotografía que ya no será en Panamá, estará María Corina sentada con dirigentes y lideres que surgen del voto que le da legitimidad de acción, surge del voto que elimina al que no merece estar, estará entonces en una mesa de lideres y no de designados o autodesignados.
Escribiendo este artículo, me parece escuchar nuevamente a aquellos que salen y dicen: “Eso para después, primero es sacar al régimen”. Por ello desbloqueo el recuerdo de la crisis de los 80; los procesos de cambio no se pueden detener; es tiempo de asumir la verdadera política; de 54 partidos registrados en el CNE que orbitan en la oposición, el 80 % son solo tarjetas, o que figuran en torno a una sola persona como figura; es a ese 80 % el que le sirve el consenso y no la primaria, para meter al mío, al que no tiene votos.
Si en Venezuela no se convoca como en efecto se realizó “la primaria para presidente” y se va por el camino del consenso, María Corina no hubiera sido designada, y gracias a Dios fue producto del proceso ciudadano, si no imagínese a Prosperi candidato de la oposición reconociendo el resultado electoral de Maduro.
La revolución infiltró hace muchos años a la oposición, de ahí que la primaria en los partidos es necesaria; María Corina tiene que regresarle la soberanía al militante en todos los partidos, incluyendo al suyo.
¿Cómo lo hacemos? Bueno, se está exigiendo un nuevo CNE, paso correcto, independientes de verdad, se procede a dejar cesante todas las directivas de partido y se prohíbe la venta y traspaso de sus activos, se convoca un recenso directo en las páginas del organismo electoral y meses después, los que no reunieron los porcentajes para ser partidos quedan eliminados, pasan los que sí lo reúnen, y se convoca primarias para elegir autoridades parroquiales, municipales, estadales y nacionales.
Cuando Chile enfrentó la crisis terminal de legitimidad de sus partidos en 2016, el órgano electoral (SERVEL) decretó la suspensión de su legalidad y los obligó a un proceso de “refichaje” o recenso obligatorio. El partido que no revalidó sus bases con ciudadanos reales, desapareció. Cuando Uruguay decidió acabar con el chantaje de las facciones y los caudillos internos que secuestraban las siglas, le entregó a la Corte Electoral el mandato de organizar elecciones internas obligatorias desde la base para definir democráticamente quién manda en cada estructura. Lo mismo hizo Alfonsín en la transición de Argentina en 1983, forzando la normalización y caducidad de las viejas directivas para que el voto ciudadano, y no la inercia del pasado, eligiera a los nuevos líderes.
La nueva Venezuela se construye con liderazgos renovados; tienen la palabra los partidos.
Dios con los venezolanos.












