Repelencias 174

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Excelente muestra artística nos ha ofrecido el profesor de la Universidad de los Andes, Rafael Sánchez. El pintor de Tres Vientos, en La Grita, conjuga su experiencia de cuarenta años en el mundo de la plástica universal para hacer un compendio de sus propuestas a un público ávido de reflejos nuevos en los espacios del Ateneo del Táchira. Entremos un rato al Salón de Lectura de San Cristóbal y disfrutemos de esta obra por demás interesante que nos brinda el gigante del pincel venezolano.

Gastó más de cien tiros el viejo Secundino en esa práctica infernal. Sembró en el tronco del viejo roble una peseta de cinco reales para afinar la puntería con el revólver que le había heredado a su padre. –¿Por qué ese desperdicio de balas, viejo?  –Me dijeron que Ambrosio Moreno Colmenares viene de Guaraque, y parece que ese hombre se tragó los evangelios. –No vaya a ser y no pueda pararlo y me madrugue, carretico. Pleitos montañeros.

Frente a la hermosa piscina del Centro Latino hay una enorme pared de la casa vecina. Ya estamos pensando en pedir a la directiva del mejor club social de la región andina las diligencias de rigor para pintar allí un hermoso mural que tenga que ver con el ambiente refrescante del mundo acuático. –Qué pinten una palmera- dijo Muchilanga.

Santo, El Enmascarado de Plata, sirvió de modelo en las primeras prácticas de dibujo de muchos contemporáneos nuestros. Ahora, en la celebración de los cien años de vida de existencia real, lo recordamos con cierta nostalgia pueblerina. Santo acompañó nuestras vivencias juveniles en las viejas paredes de las ruinas del hospital que nos servía de campo de batalla entre los zagaletones de Pregonero.

Las Grandes Ligas están echando candela. Muchos criollos mostrando de qué estamos hechos a la hora de un roletazo por primera, como los del zurdo Urbina, atrapado por ustedes saben quién. Creo que una figura nuestra será protagonista de rigor al final de la Serie Mundial.

En el camposanto de Acirema ese hombre aparecía a altas horas de la noche. Dicen que salía con dificultad cargando algún cadáver por arriba del viejo muro que colindaba con el botiquín de Marcelo. Cuentan que ese flaco desgarbado empinaba su michito y escupía la violeta de chimú lejos del mesón donde recostaba sus huesos. Algunos lo vieron regresando al cementerio para dejar en su sepultura a los muertos que le servían  de compañeros de tragos. Por ahí anda, con ese sombrero que nunca estrenó. Uyy…

(Carlos Orozco Carrero)