viernes 19 agosto, 2022
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Repelencias 409

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Carlos Orozco Carrero

Los amigos que leen las repelencias no creen que estas historias, cuentos y aventuras sean ciertas. –Carreto inventa mucha rufa, comentan en cualquier lado. -Pues les aseguro que todo es verdad real. –Qué se abra la tierra y nos trague a todos si esto es mentira, señores.

Solidarios desde este rinconcito con la familia Avellaneda Guirigay. Gente noble de Pregonero, envuelta en canciones y voces hermosas en mi tierra maravillosa. Marcelino les trajo su clarinete y saxofón para dejarles la mejor herencia del mundo. Todos tristes en el pueblo.

-Mis paisanos orientales compraron tierra en parte plana para sembrar alcachofas. Sabían cosechar estos frutos desde su milenaria China. Vieron la finca en nochecita y llegaron a un acuerdo con dueño de allá. Es el relato en un Castellano saltarín por parte de nuestro amigo Lang. Una mañana, paisanos míos corrieron para no ahogarse por crecida de rio. El agua llevó todo y casa también. Nunca vieron tanta agua. –Lang, ¿ Sabes por qué perdieron todo lo que compraron tus amigos a orillas del río ?  –Potoches, Carreto.

Montarse en un carro por primera vez tiene sus riesgos. Generalmente el principiante sufre de mareos y ganas de arrojar lo poco que ha comido durante las últimas 24 horas. Y si alguno de los pasajeros que lo acompañan es fumador, pues tendrá que apelar al periódico viejo en la barriga o a la chupada del amargo limón. A veces ni eso alivia esa desesperación por lanzarse a la cuneta de la carretera a esperar la piadosa muerte y descansar para siempre. He sido testigo de ese sufrimiento en carne propia, cariños. De ahí la imagen pálida de la foto en mi primera cédula de identidad sacada en La Grita. –Este muchacho no tiene sangre, dijo el funcionario de la oficina.

Las festividades que se realizan todos los años por el día de San Juan Bautista en La Ermita adquieren prestancia y categoría por la cantidad de amigos que se acercan a la hermosa iglesia para asistir al oficio religioso anual. Mucha juerga alegre y conversaciones entre vecinos e invitados para marcar hitos de calidad cada año. Yo voy de guelefrito cada año a soltar algún acorde agradecido. Es la vida, cariños.

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