Opinión
Repelencias 613
sábado 25 abril, 2026
Carlos Orozco Carrero
Dios quiera y alguna estatua de las que están montando en la parte alta de la ciudad en homenaje a nuestros músicos sea dedicada a Jhonny Mendoza, Domingo Moret o a Marco Antonio Rivera Useche, como fieles representantes de lo mejor de la música tachirense en esta tierra y reconocidos a nivel nacional e internacional. Digo yo, cariños.
El extraordinario escritor mexicano Mariano Azuela le confesó a un amigo de aventuras literarias que alguien le había recomendado escribir algo enrevesado y difícil de digerir para que ganara renombre dentro del mundo de las letras en el país de los corridos y rancheras con pulque y mole de año. Dicho y hecho. El resultado elevó a Mariano a niveles fabulosos en el mundo de las crónicas de la revolución a principios del siglo XX. Es lo que se gana cuando una guitarra llorona acompaña las conversas de los sabios callejeros y se plasman en páginas auténticas de vida.
El marranero amigo de los niños no se preocupaba por cobrar las bolsitas de chicharrones tostaditos y llenas de grasa. La cobija gorda de los cerdos dejaba en el cajón que guardaba el sobrante del batido de manteca del afortunado beneficiado un montoncito convertido en toleticos que volaban a golpe de cuatro de la tarde en la carrera tres, cerca del campo deportivo del pueblito conocido por todos ya. Salíamos corriendo a degustar estos manjares, mientras López silbaba contento al vernos disfrutar de su bondad con nosotros. El plato de peltre, donde reposaba la locha de manteca escurría a la acera hasta que el grito de nuestras madres alborotaba la carrera para achotar lo poco que quedaba y echarlo al calderito requemao. Hombre noble con sus vecinos. En cada esquina una historia.
-Ayúdeme, señor Cura. -En mi finca hay una maldición con lo que cultivo últimamente. Por vida suya, Padre. –¿Qué es lo que ocurre, hijo mío? –Siembro tomates y no salen. Siembro cebolla y no sale. Lo mismo pasa con la papa, el cilantro, el cebollín y unas mandarinas. No sale nada de lo que siembro, Padre. –Y, ¿qué es lo que sale en tu barbecho? –Pues, sale un puerco y se lo come todo, Padrecito. Este es el cuento del primer excomulgado en Acirema.
Podrán intervenir la vida de todos con la fulana IA (Inteligencia Artificial). Facilitarán los procesos, desde averiguar aquello de sortijita vaya y venga hasta los enamoramientos de los extraterrestres para procrear pegotes. Lo que no van a poder los científicos es untar de amor todo lo que se les ocurra para que hagan sus máquinas. Tampoco llegarán a sentir corazonadas ni angustias de ninguna índole. Son las olas del desarrollo atrasaditas las que nos protegen de tanta sabiduría moderna y tal vez de fin de mundo, cariños.
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