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Inicio/Opinión/Repelencias 623

Opinión
Repelencias 623

sábado 4 julio, 2026

Repelencias 623

Carlos Orozco Carrero

La Universidad de Los Andes en el Táchira nos ha dejado muestras de su compromiso con nuestra tierra venezolana. Se ha cumplido con una de sus funciones de manera superlativa en equipo con lo que llamamos sociedad civil organizada. La extensión universitaria cobijó a todos los tachirenses en sus colaboraciones para convertir nuestros espacios en el centro de acopio más importante de la región. Con decirles que era como si todos los supermercados de los andes hubiesen descargado sus alimentos, ropa, medicamentos y abrazos solidarios en el patio central de nuestra universidad tachirense. Lo aseguro porque lo viví. Por cierto, una profesora, muy bonita ella y conversadora, me indicó la dirección de una cava para que yo llevara un paquete de pañales siquiera. La cola era inmensa y me dispuse a colaborar también. De repente, un caballero que venía detrás mío me empuja y grita: -Muévase, viejo estorbo. Yo me aparté rapidito. Era Homero, economista de altas credenciales comprobables en el salón de clase, morrongo y más viejo que yo, llevaba un paquete de toallas húmedas y me ordenaba abrir paso a los cargadores del día.  ¡Viva la U..!    

Empezamos nuestro recorrido por el mundo de las letras y las palabras dichas en convite con el libro de Juan Camejo en el Grupo Escolar “Sánchez Carrero” de Pregonero. Después, los cuentos en revistas venidas de la editorial Novaro de México y las novelas Western, escritas por el español Marcial Lafuente Estefanía. Caímos en esos callejones de magia, donde la lectura se hizo obligatoria para alimentar nuestros espíritus aventureros. El libro Abajo Cadenas lo repartieron en las escuelas venezolanas para que los niños aprendieran a leer y a escribir allá, por el año 1958. Qué historia tan fascinante y edificante la de Juan Camejo y sus enseñanzas. Después les cuento más, cariños. Estoy algo ocupadito. En cada esquina una historia.

Nuestra tribu tachirense tiene su propia música aliñada con latidos rítmicos de corazones tranquilos y enamorados. Las montañas marcaron nuestras formas de golpear el cuatro “puqui”, en esta comarca bonita. Hemos sido testigos de los cambios en la velocidad de los acordes andinos, interpretados por gente maravillosa para alimentarnos en un rincón de la casa vieja. Pulqueria insinúa que hay que bailar un tris para sacudir los humos perennes del fogón montañero. Ya eso es conversa para otros días, señores.

En el bodegón del Buen Estar un miembro del equipo conversador casi sufre un síncope debido a su apoyo a los samuráis orientales frente a Brasil. -Desde el año 1970 estoy esperando la derrota del gigante del sur a ver si les gusta. Creo que se va a sentar detrás del mostrador hoy.

La tristeza colectiva nos arropa a todos por igual. Los abrazos son los remedios perfectos para aliviar estas interrogantes tan duras y sin respuesta. Dios nos cuide a todos.   

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