sábado 3 diciembre, 2022
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Retos de las revoluciones latinoamericanas

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Eduardo Marapacuto

Las revoluciones latinoamericanas, las que están y las que vienen construyéndose, solo tienen dos caminos: Seguir andando hacia los horizontes palpitantes de la verdad y la victoria o replegarse hacia las orillas secas del destino. Pero como esto último no está planteado, entonces no debe estar en la agenda del día ni de ningún otro día; de allí que ese seguir andando no tiene que ser a tientas, impulsado por la improvisación de pasos lentos y agitados por los aplausos y la emoción del momento; sino que tiene que ser un andar marcado por la claridad de los objetivos y por la visión certera del replanteamiento del proyecto y de todas las estrategias revolucionarias, para que haya el despertar de la alegría y del entusiasmo militante, no sólo para cumplir la tarea, también para asumir el compromiso de transformar y transformarnos como sociedad y lograr avanzar hacia los terrenos fértiles de la nueva época y alcanzar otra realidad política, económica, social y cultural, que garantice la grandeza de la patria, el buen gobierno y el bienestar del pueblo.

Las revoluciones latinoamericanas tuenen que ir al encuentro con su historia, con el legado de sus precursores y libertadores; deben seguir el ejemplo de sus líderes históricos, de esos hombres y mujeres quienes lucharon por construir una patria. Ejemplos hay muchos, como el de Allende en Chile, el de Sandino en Nicaragua, Gaitán en Colombia, solo por nombrar algunos. Entonces, los pueblos de la América Latina de hoy, deben ir pues, a ese encuentro con la esencia de la verdad y a partir de allí comenzar a liberarse de los falsos ropajes. Hay que empezar a quitarse las prendas que los atan, que los asfixian y que no le permite andar frescos por los caminos de la libertad y la autodeterminación, sino a una tutela que le impide el desarrollo como nación.

Los pueblos de la América Latina tienen que ir al encuentro de sus países vecinos, de sus países hermanos, porque por razones geopolíticas y geoestratégicas, estamos obligados a unirnos para enfrentar todos los retos  que vienen en el  futuro. No podemos andar dispersos, desalineados, abriendo caminos en la soledad de la política. Queremos una América Latina unidad en la praxis de una nueva visión y un nuevo despertar.

En el caso cercano por acá, comienzan a darse avances en ese sentido.  Después de andar durante años por los caminos del desencuentro, Colombia y Venezuela van hacia el reencuentro. Si, vamos a encontrarnos allá en la frontera, esa línea imaginaria que nos une, que nos llama al abrazo, al respirar profundo, a la solidaridad y la unidad; no sólo de los gobiernos, sino de los dos pueblos, de la gente, de las mujeres y hombres que sentimos el mismo latido de la historia.

Precisamente, en el caso Colombia-Venezuela, atrás debe quedar el trago amargo de estos años, donde la cizaña de los perversos lanzó piedras sobre el tejado para que se derrumbara. Ahora, unidos más que nunca, debemos mirar hacia allá, hacia adelante, hacia el horizonte de la grandeza; sin sobresaltos, ni angustias, sino que vamos rumbo al reencuentro. Cada día  ambas naciones tienen que consolidarse en lo ideológico, en lo político, en lo organizativo, en la unidad y la integración. Por esos queremos dejar para el debate las siguientes interrogantes: ¿Cuáles son las tareas inmediatas que tienen ambos países? ¿Cuáles son las fuerzas motrices, de allá y de acá, que deben activarse de manera conjunta? ¿Cuál es el carácter político que deben asumir ambos países para seguir avanzando? ¿Quiénes son los enemigos y los amigos? ¿Cuál debe ser el propósito real de este reencuentro?

*Politólogo, MSc. en Ciencias Políticas.

         [email protected]

 

 

 

 

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