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Inicio/Opinión/Sin salario vital no hay paz de Dios ni salario responsable

Opinión
Sin salario vital no hay paz de Dios ni salario responsable

domingo 12 abril, 2026

Sin salario vital no hay paz de Dios ni salario responsable

Pedro Morales /Carolina Casanova *

En este Segundo Domingo de Pascua, consagrado a la Divina Misericordia, la Iglesia celebra que la Vida ha vencido definitivamente a la muerte. Al unirnos en esta reflexión por la paz —entendida no como la simple ausencia de conflicto, sino como la plenitud de la justicia divina—, debemos recordar que la verdadera “responsabilidad” ante Dios no se mide por la cautela de los indicadores económicos (esas metas frías que a menudo se usan para postergar la justicia social), sino por la protección del hermano más vulnerable. Como nos recuerda la liturgia de este día: «La misericordia del Señor es eterna» (Salmo 117); por tanto, la Misericordia no es pasividad, es el rostro activo de la Justicia que restaura lo que ha sido arrebatado.

La Paz de Dios es diferente a la paz de los seres humanos (Juan 14, 27); mientras el mundo se conforma con un orden aparente, Dios exige un orden justo donde nadie sea humillado. Asimismo, debemos entender que no hay paz sin justicia (Isaías 32, 17$); pero mientras la justicia humana a menudo se reduce al cumplimiento de trámites, la Justicia de Dios es la restauración de la dignidad de la persona y el reconocimiento del valor infinito de su vida (Salmo 113, 7-8). Esta confianza absoluta en Su providencia nos mueve a exclamar con fe inquebrantable: «Jesús, en Ti confío», reconociendo que solo en Su amor misericordioso hallamos la fuerza para no desmayar en la adversidad.

Esta exigencia de justicia se materializa hoy en el clamor de nuestras instituciones. Como bien ha señalado el Comando Intergremial UNET:

“Se cumplió con el compromiso, estamos en la lucha por las reivindicaciones de los trabajadores. Seguiremos exigiendo los salarios dignos, no hay que tener miedo. Rumbo a recuperar nuestros derechos arrebatados: la salud y el respeto a los trabajadores y jubilados, que día con día han dado su esfuerzo para las universidades”.

La Palabra de Dios es clara en Jeremías 22, 13: “¡Ay de aquel que edifica su casa sin justicia y sus pisos sin derecho!”. Dios también nos dice en Colosenses 4, 1: “Dad al trabajador lo que es justo y equitativo”. Como nos dice el Evangelio, en el cual el Resucitado se presenta ante los suyos para soplar sobre ellos el Espíritu Santo y otorgarles Su paz (Juan 20, 21-22), “Ustedes son testigos de estas cosas” (Lucas 24, 48); somos testigos de que el salario responsable no puede seguir justificando el incumplimiento del salario vital, pues según la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo (Art. 1): “El derecho al desarrollo es un derecho humano inalienable… en el que el ser humano es el sujeto central”. Por tanto, no existe excusa económica que sea válida para seguir condenando al trabajador a la precariedad.

Para que esta justicia descienda a la tierra, los garantes de los derechos del sagrado salario deben rendir su voluntad a una metanoia sagrada; pues está escrito: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente” (Romanos 12, 2). El cambio de mentalidad es un mandato del Espíritu para reprogramar nuestra visión, rompiendo los límites del pesimismo y de la doblez de quienes, con labios lisonjeros, pero corazón doble (Salmo 12, 2), sirven a amos ajenos mientras tuercen el derecho del hermano en la sombra (Habacuc 1, 4), deteniendo así la justicia.

La lucha no puede ser una fría concesión de comisiones atadas a intereses ajenos, sino un apostolado de la Verdad que exige una metodología unificada —un solo sentir y un solo obrar en Dios, donde la técnica y la fe se funden para defender la vida— y santa para rescatar la dignidad del pan. Esta unidad es el reflejo de la primera comunidad cristiana que, como leemos en la liturgia de hoy, «tenía un solo corazón y una sola alma» (Hechos 4, 32), donde nadie consideraba suyo lo que poseía. Es el reconocimiento del trabajo como una ofrenda sagrada que debe florecer en bienestar pleno, honrando la promesa del Resucitado: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10, 10).

Bajo esta premisa, la comunidad universitaria se moviliza con determinación, pues estamos ¡Rumbo al 1ero de Mayo! Solo con un corazón circuncidado por la justicia y una mente iluminada por la Palabra de Dios, honraremos el mandato de la Ley Suprema (nuestra Constitución y Norma Fundamental) como un acto de adoración al Dios que es justicia. Que la protección de Nuestra Señora de Coromoto, quien nos llama a renovar nuestra fe en la acción y en la verdad, nos guíe para devolver así la luz y la esperanza al hogar venezolano.

¡Al final, el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María triunfará!

Pedro Morales
Economista (ULA). Profesor Titular de la ULA y la UNET. Expresidente de APUNET. Misión eucarística para la liberación espiritual: «Salve, María Auxiliadora, economía de la salvación y de la felicidad verdadera».

M. Sc. Carolina Casanova
Profesora Agregada de la UNET. Presidenta de APUNET. Representante profesoral ante el Consejo Universitario de la UNET.

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