jueves 2 febrero, 2023
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¿Todos somos culpables?

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Fredy Contreras Rodríguez*


Los seres vivos que habitan el planeta dejan una huella ecológica en su entorno, entendiendo por tal el impacto ambiental que generan como individuos o colectivos. En el caso del Homo sapiens, la huella ecológica es el rastro del “daño” o impacto ambiental que causa, en el ámbito espacial donde se desenvuelve como persona y como sociedad organizada. Esta impronta es mayor o menor, según el grado y medida con la que el ser humano interviene a la naturaleza y en particular en sus afanes por lograr el “desarrollo” económico.

En los últimos doscientos años, la huella ecológica de los humanos en el planeta ha generado de manera progresiva y creciente los problemas que vive la Tierra con el cambio climático y que se traducen en los fenómenos que a cada rato asolan a la humanidad en cualquier lugar del mundo -inundaciones, sequías, deslaves, etc.- y que tiene en el aumento de la temperatura global, su indicador más evidente.

Las circunstancias que vive la sociedad mundial a causa del cambio climático han ido creando una sensibilidad individual y una conciencia colectiva -in crescendo- sobre la necesidad de disciplinar nuestro accionar sobre la Tierra como individuos y como sociedad, para reducir el rastro nocivo que dejamos en el entorno, sabiendo como sabemos que todas y cada una de las personas producen huella ecológica. Estamos asumiendo poco a poco la responsabilidad que nos corresponde en la tarea de salvar el planeta. Pero NO SOMOS LOS CULPABLES de lo que ocurre con el cambio climático.

Y hacemos esta tajante afirmación porque resulta ser que sobre este fenómeno social de sensibilización frente a los problemas del clima, se han desatado las fuerzas oscuras del Estado Profundo con el avieso propósito de endosarle a la ciudadanía global la responsabilidad como causantes del problema. Ahora es común en todos los medios de comunicación, principalmente en redes sociales, ver una campaña dirigida al cerebro de todos y cada uno de nosotros para encajarnos la culpa del cambio climático y hacernos sentir responsables del mismo. Es inaceptable que corporaciones transnacionales como Coca-Cola y Monsanto, por ejemplo, tengan una campaña de propaganda con artículos de prensa, opiniones de “expertos” tarifados, videos y publicidad, llamando a la gente a tomar “conciencia” sobre el cambio climático y a… ¡¡¡reciclar la basura que ellos producen!!! Estas campañas son inaceptables y debemos enfrentarlas. Son empresas y conglomerados económicos que en el colmo del fariseísmo y la hipocresía, ponen a su servicio la mediática mundial llamando a la “conciencia” y hablando de reciclaje, de energías verdes, de economía circular y otras iniciativas de la sociedad para reducir los daños del cambio climático, cuando son ellos -precisamente ellos- los causantes del problema.

La huella ecológica que deja cada uno de nosotros en su entorno es un rastro ínfimo, invisible, estadísticamente cero, que la misma naturaleza despacha sin problema alguno en sus procesos de transformación orgánica cuando son manejados con responsabilidad societaria, en comparación con la terrible y dañina huella que deja el modelo de desarrollo económico existente, sostenido por las empresas transnacionales y representado por las usinas industriales de las potencias económicas. La huella ecológica de la industrialización irracional es la única responsable del desastre climático que vivimos.

Ciertamente cada uno de nosotros debe practicar un modo de vida en correspondencia con el equilibrio y la armonía ecológica; debemos tener conciencia de reducir al máximo nuestra huella ecológica para cooperar con el desafío de revertir el cambio climático pero no es suficiente mientras las potencias industriales no asuman el deber de disminuir la emisión de gases de efecto invernadero y hacer más rápida la transición hacia fuentes de energía sustitutivas de los combustibles fósiles. Mientras eso no ocurra, lo que haga el ciudadano de a pie será insignificante. No somos culpables.

*Ingeniero industrial. Agricultor urbano.

 

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