Opinión

Tregua a favor de la población…

1 de febrero de 2018

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¿Qué pasaría si al tipo de cambio oficial entre la divisa venezolana y colombiana establecido por las autoridades monetarias de ambos países, alguna persona inescrupulosa y con privilegios pudiera convertir pesos a bolívares en Cúcuta?. ¿Sería entonces posible que un 1 bolívar  pudiera comprar una cantidad significativa de los mismos  bolívares  en la capital del Norte de Santander-Colombia? ¿Cómo y de  qué manera se financia el pago que se realiza para adquirir el efectivo o dinero de curso legal venezolano, el cual alcanza y hasta supera el 90 % de sobreprecio? ¿Resulta cierto que existen sectores que “juegan” para que la relación cambiaria del bolívar con respecto al peso se deteriore cada día y por tanto que el dólar paralelo o “negro” encarezca su valor, en particular en Venezuela? ¿Dónde está el origen o raíz de la espiral inflacionaria y especulativa en nuestro país? ¿La situación problemática podrá resolverse con la entrada en vigencia del Convenio Cambiario 39 (publicado en Gaceta Oficial número 41.329 el pasado 26-02-2018), que deroga el Sistema de Divisas Protegidas (DIPRO) o tipo de cambio preferencial de 10 bolívares por dólar?

Aunque a priori pareciera que el “Today” se presenta como el gran gurú de los negocios e indicador infalible para ajustar rutinariamente de forma indiscriminada y abultada los precios de todo lo que se comercializa,  también es factible  aseverar que el valor del dólar en el mercado paralelo igualmente se ha mantenido falso, desproporcionado y descabellado, porque en esencia nace, crece y se ha reproducido en términos del tipo de cambio oficial protegido, al cual solo tienen acceso algunas personas o empresas  privilegiadas.

Situación anterior extremadamente tensa que refleja inocultable angustia en los límites de la desmoralización, frustración y hasta desesperación de la enorme mayoría de los venezolanos, debido a la tragedia nacional, que lamentablemente se comporta siguiendo un orden creciente e indetenible de miseria y pobreza. Tanto así, que verdaderamente las escenas que se proyectan en los distintos establecimientos donde  coincidimos para tratar de adquirir los productos de la canasta de bienes y servicios (inaccesibles, bien sea por sus altísimos precios o por su desaparición), representan todo un melodrama al estilo lúgubre y sombrío de las obras del escritor Édgar Allan Poe (1809-1849), pero además, en cierta forma, previamente anunciadas y escenificadas en el best seller “Por estas calles” (creada por el dramaturgo  Ibsen Martínez y transmitida por RCTV desde el 03-06-1992 hasta el 25-08-1994).

Con urgencia necesitamos una tregua a favor de la población venezolana, que no pertenecemos al grupo que tiene privilegios. Porque, con el respeto debido pero con la mayor franqueza, es una exageración y grosería imperdonable la forma indiscriminada como aumentan a diario (e incluso en cuestión de horas o minutos) los precios de los productos ante los ojos atónitos de todos, además del silencio y complicidades de las autoridades competentes. Adicionalmente, es muy fácil gobernar por decreto para controlar todo en absoluto y de esta forma restringir o limitar la libertad en sus diversas dimensiones (como  la económica), o adelantar una gerencia empresarial basada fundamentalmente en los ajustes continuos de precios, contrariando de esta forma las leyes económicas (entre otras).

Se recuerda que la  “ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento”, en tal sentido, el hecho de violentar las leyes económicas hacen activar su sistema natural inmunológico para detectar, neutralizar y revertir tal situación antieconómica. De esta forma, la intencionalidad manifiesta por parte del Gobierno de fijar precios por debajo del equilibrio  de mercado y de los empresarios en ajustarlos por encima del mismo, desconsidera por completo el hecho que los bienes y servicios que se demandan a todo nivel  y en un momento determinado, adquieren una condición estrictamente elástica, es decir que cae en mayor porcentaje en relación al incremento del precio,  lo cual genera consecuencias negativas, como es el caso de la caída en el ingreso del vendedor o empresa que obligará irremediablemente a cambiar la estrategia equivocada de fijar y controlar (gobierno) o de subir y subir el precio:  en esta situación todos perdemos (Gobierno, empresa y consumidores). (Pedro Morales). Docente Universitario. [email protected]; @tipsaldia

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